La nueva serie de Netflix lleva a la pantalla el universo oscuro de Mariana Enríquez y sus historias de fantasmas, muertos y secretos que se resisten a desaparecer. Pero detrás de uno de sus cuentos más inquietantes hay una historia real: la de Matías Berardi, un adolescente secuestrado que logró escapar y pidió ayuda golpeando puertas que nadie abrió.
Entre otros hechos y personajes, ese es el territorio en el que se mueve Mis muertos tristes, la nueva serie de Netflix basada en los cuentos de Mariana Enríquez. Dirigida por Pablo Larraín, la ficción adapta cuatro relatos de la escritora argentina -“Mis muertos tristes”, “Julie”, “Un lugar soleado para gente sombría” y “Cuando hablábamos con los muertos”- para construir una historia donde los muertos forman parte de la vida cotidiana y el terror sobrenatural se mezcla con conflictos profundamente humanos.
La protagonista es Ema, una médica recién jubilada que tiene una capacidad que no puede explicar: puede ver a los muertos. Cuando su sobrina Julie llega a su casa y tres adolescentes aparecen asesinados en Piedrabuena, esa conexión con el mundo de los muertos comienza a adquirir otra dimensión.
La serie, protagonizada por Mercedes Morán, Dolores Fonzi, Alejandra Flechner y Carolina Álvarez, fue presentada en el Festival de San Sebastián y llega a Netflix el 24 de septiembre. Pero hay una historia real que late fuerte detrás de uno de esos cuentos. Una historia que ocurrió en Buenos Aires hace 16 años y que impresionó a Mariana Enríquez por un detalle puntual: un adolescente que consiguió escapar de sus secuestradores y, en medio de la desesperación, salió a buscar ayuda. Ese adolescente se llamaba Matías Berardi.
El caso real de Matías Berardi, que inspiró el cuento "Mis muertos tristes"

En septiembre de 2010, Matías Berardi tenía 16 años. Había ido a una fiesta de egresados y, durante la madrugada del 28 de septiembre, fue secuestrado por una banda que lo mantuvo cautivo y exigió dinero a su familia. Pero la escena que quedó grabada en la memoria de Mariana Enríquez ocurrió varias horas después.
Matías logró escapar de sus captores. Corrió por la zona de Ingeniero Maschwitz y empezó a pedir ayuda. Golpeó puertas. Intentó detener un remís. Les contó a distintas personas que lo estaban secuestrando. Nadie consiguió ponerlo a salvo.
Según se reconstruyó durante la investigación, algunos de quienes se cruzaron con él creyeron que podía ser un delincuente que intentaba entrar a una casa. El miedo y la desconfianza terminaron funcionando como una barrera. Matías fue recapturado por sus secuestradores y, horas después, asesinado. Su cuerpo apareció el 29 de septiembre de 2010.
Quince años después, su familia continúa recordando aquella noche y, especialmente, uno de sus aspectos más dolorosos: la falta de solidaridad de algunas de las personas con las que Matías se cruzó durante su fuga. Y fue justamente esa escena la que fascinó a Mariana Enríquez.
“Ese chico es un fantasma de ellos”
Cuando Mariana publicó Un lugar soleado para gente sombría, en 2024, contó en una entrevista con OHLALÁ! cómo trabajaba la ficción a partir de ciertas noticias que la impresionaban. No necesitaba tomar un caso entero. Muchas veces le alcanzaba un detalle.
En el caso de Matías Berardi, ese detalle era imposible de olvidar: un chico escapando de sus secuestradores, golpeando puertas y pidiendo que alguien lo ayudara. Y entonces apareció la idea que transformaría el caso policial en literatura de terror:
“Entonces yo lo que me pongo a pensar, a veces, en esos barrios, nadie le abrió por paranoia, obviamente. Porque tenían miedo de que fuera un ladrón mintiendo. Después supieron que era un chico que lo mataron y que estaba escapándose. Ese chico es un fantasma de ellos, no importa la dimensión sobrenatural. La dimensión sobrenatural me sirve a mí para remarcarlo, y para llevarlo al terreno que a mí me gusta y para darle la materialidad a esa culpa, a ese trauma. Pero es imposible que no se sientan mal por no haber abierto la puerta. Y es imposible porque la tendrían que haber abierto, lo que pasa es que hay toda una cuestión social, cultural, discursiva, etcétera, que los transformó en gente que está haciendo un acto tan egoísta, que es capaz de abandonar a su suerte a un adolescente. Entonces es imposible que esa gente diga: “Valió la pena no abrir la puerta por los 500 dólares que tengo adentro de la tacita de té, que maten a un adolescente por eso”. Pero, al mismo tiempo, es fácil pensar de esa manera cuando no es tu casa a la que están golpeando a las tres de la mañana y no sos vos el que tiene miedo. Entonces hay una complejidad de cómo se descosió el lazo social en ese sentido y que para mí tiene una dimensión que es terrorífica. Entonces no me cuesta mucho hacer el pasaje”, nos contó Mariana en aquella entrevista de mayo de 2024.
Ahora Mis muertos tristes llega a Netflix y ese universo de fantasmas adquiere una nueva dimensión audiovisual. Pero detrás de la ficción permanece aquella imagen que Mariana encontró en una noticia y que decidió no dejar morir: un chico corriendo de madrugada, golpeando puertas, pidiendo que alguien lo dejara entrar. Y nadie abrió.
Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Creadora de contenido, fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.


