Podría pensarse que a Bárbara Lanata no le quedó otra. Criada en una casa donde la realidad fue siempre moneda corriente, entre dos padres periodistas como Jorge Lanata y Andrea Rodríguez, el destino parecía marcado. Pero a sus 37 años recién cumplidos, "Barby" supo construir un camino que, aunque roza lo periodístico, lleva impronta propia. Realizadora cinematográfica de formación, pasó años detrás de escena: hizo vestuario en el Maipo y para Fuerza Bruta, trabajó en publicidad y fue la mano derecha en la producción artística y el look de su papá durante años en PPT.
Hoy, el "atrás de cámara" le queda chico, o mejor dicho, se transforma. Del 27 al 30 de agosto, Bárbara Lanata hará pie, con su obra, en el Pabellón Verde de La Rural para participar en BADA (Buenos Aires Directo de Artista), una feria que rompe con el elitismo del arte y permite que el público se lleve una obra charlando cara a cara con quien la creó. Es su primera muestra, su debut oficial y la oportunidad de hablar de lo que ella elige contar.

Con una mirada que ella misma define como "documental", presenta una retrospectiva de sus años en Nueva York, donde vivió y estudió fotografía una vez que se graduó en la Universidad del Cine -FUC- de Buenos Aires.
No esperen ver la Estatua de la Libertad ni el Times Square de postal; lo suyo son los momentos mínimos, esos que parecen fotogramas de una película y que ella, con una cámara que pesa dos kilos y la acompaña desde hace una década, caza para compartir la presa.

— ¿Cómo llegaste a BADA?
— Mi familia y mis amigas me decían que me tenía que animar a vender mis fotos, pero yo no me veía. Kiwi, la mamá de mi hermana Lola, está todos los años en BADA como artista y yo siempre iba a visitarla. El año pasado, como estaba más tranqui de laburo, fui con otros ojos. Me puse a estudiar los stands, a ver los precios, a entender cómo funcionaba. Yo sentía que exponer era algo inalcanzable, solo para artistas consagrados, pero ahí me di cuenta de que podía hacerlo. Me animé, hablé con la organización y acá estamos.
— Vas a presentar fotos de Nueva York, pero desde un lugar muy distinto al que estamos acostumbrados a ver en las redes.
— Es un rejunte de cuando viví tres años allá estudiando fotografía y de los viajes que hago todos los años para visitar amigos. Es mi mirada de la ciudad, pero una mirada no turística. Me inspiro mucho en el cine, consumo muchísimas películas. Cuando agarro la cámara, trato de que mis imágenes sean como fotogramas, que parezcan parte de una historia más larga y no solo una foto aislada.

— Tu enfoque es documental. ¿Sentís que la herencia familiar te empujó inevitablemente hacia lo real?
— Totalmente, es una elección súper sesgada en un punto. En mi casa somos todos periodistas: mi mamá, mi papá, mi tío, mi primo.... Tuve pocas chances de zafar de la mirada de lo real. Si bien laburé mucho en ficción, en teatro y series, siempre me tiró más lo documental. No me interesa encerrarme en un estudio a hacer fotoproducto; me interesa contar historias reales, encontrar la belleza en lo cotidiano. A veces una situación puede parecer normal o incluso fea desde afuera, pero siempre hay un punto de emoción que podés transmitir.
— Cultivaste un perfil bajo. ¿Cómo vivís ahora esta exposición, de lo que hacés y también de vos?
— Soy muy tímida, la exposición no es algo que me encante. Durante años nadie me conocía la cara, hasta que la internación de mi papá hizo que tuviera móviles en la puerta de mi casa a la fuerza. Fue difícil. Pero esto es distinto: es la oportunidad de salir a hablar de mis cosas, de lo que me gusta y de lo que hago.

— En BADA el trato es directo, sin intermediarios. ¿Cómo te llevás con la parte de "venderte" y ponerle precio a tu arte?
— ¡Es todo un tema! Tuve que pedir ayuda para armar la planilla de costos porque yo no soy comerciante, soy productora. Hasta ahora siempre regalé mis fotos a amigos y familia. Me encanta la propuesta de BADA de promover la obra original, la fotografía se vende seriada, solo hay diez copias de cada una, así que hay algo de exclusividad que está bueno.
— Acompañás este debut con una cámara que tiene diez años. No sos muy fan de la tecnología de avanzada, ¿no?
— Para nada, soy cero tecnológica. Uso la misma cámara desde el primer día; pesa como dos kilos y a veces reniego porque es un perno cargarla, pero no la cambio por nada. Creo que hay una relación con el equipo, una comodidad. No necesito el último modelo de nada.

— ¿Qué esperás que pase después de que termine la feria? ¿cuál sería tu medida del éxito?
— Mi medida del éxito sería que mi mirada decore varias casas, que la gente conecte con lo que yo vi. Me gustaría en el futuro concretar proyectos documentales o películas que tengo pendientes, pero hoy el foco está puesto en disfrutar este salto y mostrar quién soy a través de mi lente.

Agendalo: Barby Lanata va a estar en el stand número 9 de BADA (ni bien entrás al pabellón), del 27 al 30 de agosto en La Rural (Av. Sarmiento 2704), de 14 a 21. Siguiendo la filosofía de la feria de democratizar el arte, vas a encontrar obras originales y también una selección de piezas en pequeño formato a precios accesibles (menos de USD 100) para que te animes a empezar tu propia colección.

Carola Birgin Es Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la UBA, ejerce el periodismo desde 1997 y trabaja en LN desde 2009. Fue Secretaria de Redacción de la revista OHLALÁ!, Editora del Suplemento Moda Belleza y hoy es editora digital del grupo de revistas.











