Tal vez porque los vemos quietos podemos llegar a pensar que no les pasa nada. Pero a los cristales les pasan muchas cosas, como a nosotras: se caen, se rompen, pierden brillo, se calientan. Si podemos relacionar lo que les pasa a ellos con lo que nos pasa a nosotras, vamos a darnos cuenta de que aun de manera silenciosa los cristales nos están protegiendo.
Al ser los habitantes más antiguos del planeta, guardan muchísima información. Y como todos los seres vivos, poseen su propia luz y su propia frecuencia (una muy alta). Existen 36 cristales con los que podemos interactuar. Y cada uno nos acompaña en un aprendizaje diferente. Por eso, iniciarse en el camino de la sanación con cristales es como recibir un libro sobre nosotras mismas, un libro lleno de información, pero que a veces no estamos tan seguras de poder entender. Sin embargo, es más fácil de lo que parece.
¿Cómo elegirlos y limpiarlos?
Para comenzar a establecer una relación con un cristal, lo primero que necesitamos es tener la intención. El resto lo vamos a ir aprendiendo de a poco, mediante prueba y error o preguntando. Porque, en definitiva, interactuar con un cristal es como convivir con un gatito, un perrito o una planta.
El segundo paso es elegirlo. Ahí podemos pedir asistencia a una terapeuta especializada o dejarnos guiar por la intuición. Y luego de que lo tengas con vos, es clave limpiarlo.
Para eso se puede usar sal, pero solo la primera vez. La sal purifica la piedra y la alcaliniza. Y ayuda a que se desprenda de todo lo que no le corresponde para acompañarte a vos. Podés dejarlo una noche o dos en un vaso con agua y sal. Pero de ahí en adelante, cuando lo veas opaco o muy cargado, solo limpialo con agua. Aunque no todos los cristales pueden ir al agua; los que sí pueden son las turmalinas, los cuarzos y las piritas. No pueden los porosos como la calcita o selenita. Por eso, si tenés dudas, preguntale a un terapeuta o alguna persona especializada.
Otra buena opción es limpiarlos con tierra. Porque todos los cristales pueden ir a la tierra. Podés dejarlos dos o tres días entre las plantas, protegidos por las hojas para que no se mojen. O en una maceta, si vivís en un departamento. Lo ideal es que cuando vayas a buscarla, tu piedra esté fría y con brillo. Ese es su mejor estado. Y si tiene un poquito de tierra, la limpiás con un trapito seco y ¡listo!
¿Cómo usarlos y cuidarlos?
Una vez que limpiás el cristal, ya podés ponerlo en un altar, en tu escritorio o donde tu intuición te diga. Lo ideal es que esté al aire libre y no en un lugar cerrado (si tenés alguna piedra guardada en un cajón, te recomendamos sacarla). Eso no quiere decir que, si sentís la necesidad de tenerla cerca, no te la puedas guardar en un bolsillo. La clave es no dejarla en la campera por toda la eternidad.
A partir de ahí, lo que suceda será mágico. Porque los cristales son seres muy nobles. Es importante que le prestes atención todos los días: que veas si tu cristal tiene más brillo, si está más opaco, si cambió de color, si le aparecieron pintitas o lunares por dentro. Cuidarlos es fundamental.
A veces el vínculo que se establece es muy fuerte. Por ejemplo, se rompe y no entendés por qué. Pero si se rompió, tenés que estar segura de que algo se llevó. Algo se quebró en el cristal y no en vos. Ahí te hizo de espejo. ¿Qué tenés que hacer si te pasa? Lo aconsejable es meditar con las partes y agradecerle lo que sea que te esté enseñando. Y después fíjate qué sentís. A veces vas a tener ganas de guardar una parte y seguir trabajando con ella. Y otras, vas a desear enterrarlo y dejar que siga su camino evolutivo.
¿Cómo armar tu kit de sanación?
Es muy frecuente utilizar los cristales para meditar. Sobre todo a la noche, con la gema en la mano y sentada. Pero también hay otro uso más poderoso: ¡podés hacerte una sesión de autosanación! Para eso hay un kit básico de cuarzos con el que todas podemos empezar.
Acostada en el suelo sobre un mat, ponételos sobre el cuerpo empezando desde el chakra raíz hasta el chakra corona. Siempre con las puntas para abajo, hacia los pies. Al mismo tiempo, está bueno que hagas una meditación guiada o respiraciones profundas. Y si no querés hacerlo sola, podés tomar una sesión con una terapeuta especializada.
¿Qué piedras necesitás? Para arrancar, te recomendamos conseguir cuarzo ahumado, turmalina negra, ágata cornalina, citrino, cuarzo rosa, ágata de encaje azul, amatista violeta, cuarzo verde y cuarzo cristal.
Con esta disposición de cristales, vas a ir de la sombra a la luz, del cuarzo ahumado al cuarzo cristal. Porque sabemos que para ser una persona íntegra necesitamos ver las dos. También te puede pasar que los días siguientes sientas que su energía sigue trabajando sobre tu cuerpo. Por eso te sugerimos tomar mucha agua para desintoxicar todo lo que se movió en tu interior. ¿Querés saber lo que trabaja cada cristal?
- Turmalina negra
- Amatista violeta
- Citrino
- Cuarzo rosa
- Cuarzo verde
- Cuarzo cristal
Experta consultada: Gisele Blanque. Terapeuta certificada en sanación con cristales. IG:@drusa.terapiacristal.
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