Viajé a Jujuy para celebrar la Pachamama y esto es lo que aprendí

Participar de una ceremonia de la Pachamama en Jujuy fue mucho más que presenciar un ritual ancestral: fue descubrir una forma diferente de agradecer, pedir y entender el vínculo con la tierra.

Por Sofía Smolar

6 de agosto de 2026, 15:25

Sofía Smolar con Beto en Huacalera a la vista de la Quebrada de Humahuaca.
Sofía Smolar con Beto, que la guió en la experiencia de celebrar la Pachamama. - Gentileza de la autora

"Agradecerle por todo lo que nos da, pedirle todo lo que esperamos para este nuevo año". Así inició la ceremonia del primero de agosto en Huacalera a la vista de la Quebrada de Humahuaca. “Feliz agosto, feliz Pachamama”, gritó uno y cantaron todos. Vine a Jujuy en esta fecha para darme la chance de comenzar de nuevo porque así se sienten estas fechas en el norte: el 1° de agosto es lo más parecido al 1 de enero. Empiezan a prepararse para la futura siembra y se le pide a la tierra todo lo que más se pueda para este nuevo ciclo que entra.

 Estas ceremonias, que en la zona las llaman chayas, se realizan principalmente al inicio de agosto, pero se hacen durante todo el mes en la Puna y la Quebrada. Algunas en familia o con amigos; otras, están abiertas a turistas y desconocidos. El ritual consiste, principalmente, en abrir un pozo —la boca de la Pachamama— y compartir con ella parte de lo que la tierra nos da, como gesto de agradecimiento y reciprocidad. Si recorren Jujuy en esta época pueden encontrar en distintos caminos bocas de ofrendas de hasta tres metros de diámetro, y otros pozos más íntimos y chiquitos en los jardines de las casas y hoteles.

Sofía Smolar en Huacalera a la vista de la Quebrada de Humahuaca.
Sofía Smolar en Jujuy. - Gentileza de la autora

 En la ceremonia en la que participé, se le convidó a la tierra de todo: frutas y verduras cortadas, semillas, porotos, habas, diez botellas de cerveza, seis botellas de tinto, confeti, quinoa, hojas de coca, plantas de otras cosas, yuyos, cigarrillos y gaseosa. De todo me hubiese imaginado que se le convidaba a la tierra menos cigarrillo y Coca-Cola. Lo entendí cuando Eva, la mujer que oficiaba el ritual, contó que a la tierra no solo se le hacen ofrendas para agradecerle todo lo que nos dio, sino que también se le comparte aquello que a nosotros deseamos tener. Beto, nuestro guía en la zona, me comentó también que el tabaco tiene un valor simbólico en algunas tradiciones originarias, y para algunas familias sigue representando lo que se le ofrece a alguien cuando te visita en la casa.

 Como una buena celebración, se comparte música, vino y comida. En muchas casas se respeta el “Uno pa mí, otro pa ti": cada vez que convidan una bebida a la tierra, ellos toman también. Y así, algunas chayas que comienzan a la hora de la tarde pueden durar hasta largas horas de la noche. Aun en el tono festivo, hay reglas que cumplir: Beto me comentó que en su chaya no se podía ir de la celebración sin permiso (ni siquiera para ir al baño), no podía usar el celular ni cruzarse de brazos ni de piernas. “Son actos que se mantienen para mostrar respeto”, me dijo, y sumó entre risas: "si no las cumplís, te mandan a tomar un shot de licor de multa”.

Ceremonia de la Pachamama
La celebración de la Pachamama, cada 1° de agosto. - Gentileza de la autora

 Junto a la comida, el confeti y las hojas de coca, también nos hicieron dejarle un mensaje a la Pachamama. Un papelito con nuestro pedido personal que teníamos que arrojar al pozo. Durante toda la ceremonia escuché a varias personas locales pidiéndole salud, alegría y dinero.

 Me pareció extraño pedirle dinero a la madre tierra. Como buena chica de ciudad, mi relación con el dinero es material y naturalmente está más vinculado a la codicia que a la vitalidad; pero al final del viaje lo fui comprendiendo.

Ceremonia de la Pachamama
Músicos en la ceremonia de la Pachamama. - Gentileza de la autora

 Beto me mostró la planta con la que prepara su remedio tradicional para los catarros: prepara una infusión con flores de churqui, también llamado espinillo. También me contó que cuando va a visitar a su hermano hacia la zona fértil de la agricultura, en el camino se empacha de frutos del cardón —que es lo que yo conozco como cactus pero nunca imaginé que algo del cactus se comía—. Y también que cuando vuelven de las caminatas, él mismo se hace un baño de pies para desinflamar con la planta de jarilla. Un balde con las hojitas, agua tibia y sal gruesa, y deja sus pies un rato ahí.

 Convencida de que ya era su amiga le pregunté qué era el dinero para él. Tomó de una planta un fruto pequeño y me convenció de morderlo. Era picante, era pimienta. “Tenemos mucho dinero, mientras todas estas plantas sigan creciendo tenemos mucho dinero”, me contestó.

Sofía Smolar

Sofía Smolar Comunicadora audiovisual (UNSAM) y periodista (TEA). Trabaja en marketing y comunicación en grandes empresas.