Bosques infinitos teñidos de diferentes tonos de verdes, ocres y rojos. Lagos que parecen espejos. Chocolates calientes frente al fuego y montañas cubiertas de nieve. Bariloche es un clásico invernal, pero que también sorprende en otoño. Y con creces. Antes de que lleguen las primeras nevadas de la temporada, los bosques explotan en una paleta de colores que parece salida de una película. El aire sigue siendo fresco, pero un poco más amable. Las rutas están mucho más tranquilas y la ciudad recupera un ritmo más pausado, más local.
Por eso me enamoré de Bariloche en otoño: es el momento ideal para recorrer senderos sin apuro, navegar lagos cristalinos, descubrir nuevos restaurantes y darse un chapuzón en una pileta climatizada con vista al Nahuel Huapi. Y cuando finalmente llega la nieve, este paraíso vuelve a demostrar por qué sigue siendo el gran destino invernal argentino.
7 IMPERDIBLES DE BARILOCHE
1. Visitar la Isla Victoria y el Bosque de Arrayanes

Es un clásico, pero si nunca lo hiciste, es una aventura que vale la pena. Se sale de Puerto Pañuelo y te embarcás en un catamarán para navegar las aguas del Nahuel Huapi, que, con más de 550 kilómetros cuadrados de superficie y profundidades que superan los 400 metros, es uno de los espejos de agua más impresionantes de la Patagonia. La primera parada del día será la península de Quetrihué, donde está el famoso Bosque de Arrayanes. Caminar por sus senderos de madera es como entrar en un cuento: los troncos color canela, retorcidos y suaves al tacto, forman uno de los bosques más particulares del mundo (una de sus leyendas cuenta que allí se inspiró Walt Disney para crear Bambi). Después continúa la navegación hacia la Isla Victoria, un área protegida de enorme valor natural donde conviven especies autóctonas y exóticas. Es clave hacer esta caminata con el relato de un guía, que te va explicando cómo llegaron los primeros pobladores a la Patagonia. Dura todo el día y cuesta desde $120.000.
2. Subir en teleférico para buscar las mejores panorámicas

Si existe una vista capaz de resumir toda la belleza de Bariloche, probablemente sea la del Cerro Campanario. Para subir los 1050 metros de este punto panorámico, hay dos opciones: podés hacerlo en apenas 7 minutos de aerosilla o, si no, a través de una caminata de unos 30 minutos por un sendero corto pero empinado que atraviesa el bosque. Arriba, la recompensa es inmediata: una panorámica de 360° donde aparecen lagos, penínsulas, montañas y bosques en todas las direcciones. No sabés con cual quedarte. Si buscás otro buen cerro para sacar fotos, la otra gran opción es el cerro Otto (a 1405 metros); ahí te sube un teleférico a través de 2100 metros para llegar a la cima. Después de la sesión de fotos, el mejor plan es refugiarse en sus confiterías de montaña (la del cerro Otto es giratoria y da una vuelta completa en unos 20 minutos). Una sopa caliente o un cafecito con vista a los lagos es el must para reponer energías y calentar el cuerpo.
Más info: @cerrocampanario y @telefericoottobariloche.
3. Hacer trekking en el Parque Municipal Llao Llao

Esta fue una de las sorpresas de mi viaje. Buscaba algún sendero de baja dificultad para hacer un trekking sencillo y, gracias a los lugareños, di con un datazo: a la altura del km 25 de Bustillo y cerca del icónico hotel homónimo, el Parque Municipal Llao Llao es una reserva de 1226 hectáreas de bosque nativo que reúne varios senderos sencillos y perfectamente señalizados. Yo elegí el circuito Arrayanes y lago Moreno, de unos 3 kilómetros de extensión. El camino atraviesa bosques húmedos donde el perfume de la tierra mojada y los árboles —como el coihue y el ciprés— domina todos los sentidos. A mitad del recorrido, te sorprende un pequeño bosque de arrayanes escondido entre la vegetación y, más adelante, una playa sobre el lago Moreno que parece salida de una postal. Dato: es un plan ideal para hacer con chicos, en pareja o simplemente para caminar en silencio y conectarse con lo más silvestre de la naturaleza.
Más info: www.bariloche.gov.ar.
4. Recorrer el Centro Cívico y animarse a patinar sobre hielo

Otro planazo es recorrer la ciudad y descubrir ese encanto alpino de sus construcciones de piedra y madera, perderte en las chocolaterías históricas y la vista permanente al lago. Y si viajás con chicos —o si conservás intacto tu espíritu lúdico—, hay una parada obligatoria: la pista de hielo de Rapanui. Está ubicada detrás de la tradicional chocolatería y te permite patinar durante una hora con todo el equipamiento incluido ($35.000). Es muy divertido el plan y cuando terminás..., ¡un chocolate caliente o un heladito para celebrar! Queda en Mitre 202.
Más info: @chocolates_rapanui.

5. Descubrir el Museo del Chocolate
Todos amamos el chocolate. Pero pocos conocemos realmente su historia. En el Museo del Chocolate, la experiencia va mucho más allá de una degustación. Durante unos 25 minutos, una visita guiada recorre el origen del cacao, su llegada a América y el proceso que transforma el grano en los formatos que consumimos todos los días.
También tenés la chance de ver una fábrica de chocolate en funcionamiento y probar distintas variedades. La entrada cuesta $7000 (después podés usar ese importe para tus compras). Queda en av. Ezequiel Bustillo 1200.
6. Tomar el té en el Hotel Llao Llao

El Hotel Llao Llao es parte de la identidad barilochense. Construido originalmente en la década del 30, sigue siendo uno de los íconos de la hotelería argentina. Su ubicación privilegiada, rodeada de lagos y montañas, es sencillamente espectacular. Obvio que alojarte ahí es un lujo, pero también existe otra forma hermosa de conocerlo: reservando el tradicional servicio de té en su jardín de invierno para sentirte reina por un día. Pastelería artesanal y hermosa (¡te da pena comerla!), blends de té exclusivos, panes recién horneados y una vista que parece pintada.

7) Esquiar en el cerro Catedral

Si el plan es hacer una ski week, lo ideal es quedarte en el cerro Catedral. Te ahorrás el alquiler de auto (o el taxi) y la fiaca de subir y bajar desde Bariloche todos los días. El primer día, aprovechá para acercarte a los rentals de esquí para probarte los equipos y dejarlos alquilados para el día siguiente y pasá por la boletería de Amancay antes de las 16 para sacar tus pases (el diario para adultos está $160.000).
Si algún día no querés esquiar o subir a la montaña pero querés disfrutar igual de la nieve, podés hacer la travesía diurna en motos de nieve de La Cueva (lacuevacatedral.com), que dura 45 minutos y te lleva a recorrer la montaña pasando por increíbles miradores.
Cuando termina el día de esquí, está bueno hacer una paradita en Rapanui para reponer calorías (hay una minifondue riquísima, además de alfajores, chocolates, bombones y helados). También está Rudolf, que para los chicos es lo más, ya que todos aman sus waffles con toppings, que son una bomba. Si preferís ir directo al after ski, podés elegir Temple, que, además de buena cerveza tirada, tiene megahamburguesas y sus papas Temple, que son riquísimas. Y a la noche, si querés hacer un plan alpino, cozy y con una carta con platos de montaña riquísimos, reservá en El Living del Almacén. Los preferidos: el pastel de bondiola y la fondue.
DÓNDE DORMIR EN BARILOCHE
PLANAZO DE LUJO: Hotel Radisson Blu Bariloche
Si buscás una experiencia de lujo y confort con la mejor vista del Lago Nahuel Huapi y cerca del centro, este es el último hotel cinco estrellas inaugurado en la Ciudad, que tiene la modalidad de poder alojarte en habitaciones y suites, con equipamiento full para estadías largas en familia. Su concepto está pensado desde el diseño y el arte; la ambientación es exquisita y su explanada exterior “El Ojo” es un espacio vivo de creatividad y arte itinerante, con muestras de artistas nacionales e internacionales, enmarcados en su agenda anual.

Sin dudas, uno de sus highlights es su spa Lahuen Wellness Club, que propone experiencias desde los cuatro elementos que sostienen la vida: Tierra, Fuego, Agua y Aire. Hay dos alas instaladas: el Santuario, invitando a la quietud, al ritual y la restauración desde la suavidad; y el Templo de la Vitalidad, invitando al fuego, al movimiento y la purificación desde la intensidad.
Para este invierno hay packs de ski week familiar o de miniskiweek para 2 personas.
Más info: @radissonblubariloche.
SI VAS EN GRUPO GRANDE: ALQUILAR CABAÑAS
Lo ideal es alquilar una casa o cabaña grande y dividir los gastos. En Booking.com podés encontrar buenas opciones desde US$100 por día.
COMER RICO EN BARILOCHE
La gastronomía patagónica vive uno de sus mejores momentos. A sus clásicos sabores —el cordero, las truchas de lago, los hongos silvestres, los frutos rojos y, por supuesto, el chocolate—, se suma una nueva generación de cocineros que trabaja con productores locales, respeta la estacionalidad y pone en valor el enorme patrimonio gastronómico de la Patagonia. Estos son algunos de los lugares que mejor representan el sabor de Bariloche.
1) SOLÍS

El nuevo búnker creativo de la cocinera Mecha Solís está escondido en la península San Pedro, en medio del bosque, y funciona dentro de una construcción vidriada de hierro y madera que parece un pequeño refugio contemporáneo entre los árboles. La experiencia gira alrededor del producto y la estacionalidad. Por eso, cada semana aparecen nuevas preparaciones y otras desaparecen, siguiendo el ritmo natural de la producción local. Tiene un menú de pasos de precio cerrado: cada comensal elige un plato pequeño, uno principal y un postre, acompañados por agua. También cuentan con menú infantil y una muy cuidada selección de vinos patagónicos. La cocina a la vista suma cercanía a una experiencia que se siente íntima, cálida y profundamente conectada con la naturaleza. De miércoles a sábado, de 19.30 a 23; domingos, de 12.30 a 15.
2) AUITA

Si Bariloche tuviera una versión gastronómica del concepto “slow living”, probablemente se parecería bastante a Auita. Este espacio se convirtió rápidamente en uno de los favoritos de quienes buscan una cocina contemporánea, relajada y con una fuerte identidad local. La propuesta de los chefs Joaquín Facio y Mei Lazaro combina técnicas actuales con ingredientes patagónicos cuidadosamente seleccionados. Los vegetales de estación, los productos de pequeños productores regionales y las preparaciones artesanales son protagonistas de una carta que sorprende sin caer en artificios. La ambientación acompaña perfectamente esa filosofía: luminosa, cálida y descontracturada. Es uno de esos lugares donde dan ganas de quedarse un rato más, pedir otra copa de vino y seguir conversando. En el km 6 de la av. Bustillo, en el Hotel La Cascada.
3) NENÉ BAR

Bariloche también tiene una escena de bares cada vez más interesante y Nené es uno de los responsables de esa transformación. Con una estética moderna, música cuidadosamente seleccionada y una propuesta gastronómica pensada para compartir, se convirtió en uno de los puntos de encuentro más buscados por locales y viajeros. La carta mezcla platitos, tapas y opciones ideales para acompañar cócteles de autor. El ambiente tiene algo cosmopolita que recuerda a los bares de grandes ciudades, pero sin perder la calidez patagónica. Es el lugar perfecto para arrancar la noche después de recorrer la ciudad o para refugiarse del frío con una buena copa de vino y algo rico para picar. En av. San Martín 672.
4) MICHEL ROLLAND WINE BAR

Para los amantes del vino, este es el spot. El Michel Rolland Wine Bar ofrece una experiencia que combina el confort del Hotel Radisson Blu, el cinco estrellas más nuevo de Bariloche, con una selección de etiquetas cuidadosamente curada. La propuesta ha sido creada por el mismo enólogo francés Michel Rolland, una figura clave en la vitivinicultura argentina. La carta reúne grandes exponentes de distintas regiones del país, con una selección especial de vinos patagónicos. El espacio invita a disfrutar sin apuro. Una tabla de quesos, una copa de Pinot Noir y el lago Nahuel Huapi desplegándose detrás de los ventanales son suficientes para entender por qué se convirtió en uno de los spots favoritos para el atardecer. Ideal para una salida en pareja o para quienes disfrutan viajar también a través de los sabores. En Av. E. Bustillo 1099.
Más info: @radissonblubariloche.
5) LLAO CAFÉ DEL BOSQUE

Tomar un café rodeada de bosque patagónico tiene algo terapéutico. Y eso es justamente lo que propone Llao Café del Bosque, uno de esos lugares que parecen diseñados para bajar varios cambios. Ubicado en un entorno privilegiado en el Sendero Arrayanes del Circuito Chico, rodeado de árboles centenarios, este pequeño foodtruck combina cafetería de especialidad, pastelería artesanal y una atmósfera acogedora que invita a quedarse durante horas. Atenti: ¡los lugareños dicen que acá se toma el mejor chocolate caliente de Bariloche! Las tortas caseras, los rolls de canela, los budines y las opciones para brunch son algunas de las estrellas de una propuesta simple pero muy bien ejecutada. Un gran plan para hacer una pausa entre excursión y excursión.
6) REFUGIO PATAGONIA

En este restó ambientado como refugio de montaña, durante el invierno ofrecen sus clásicos After Ski, con música en vivo, propuestas gastronómicas especiales y una atmósfera festiva que invita a extender el día después de la montaña. También continúan ciclos como Discos & Platitos y Rock & Fire, que combinan gastronomía, música y encuentros con artistas en un entorno único. La cocina, desarrollada por el chef Pablo Buzzo, celebra los sabores patagónicos con platos contundentes y reconfortantes, como la trucha arcoíris a la chapa con vegetales de estación, el risotto de hongos patagónicos, la bondiola braseada en cerveza Amber Lager, el ojo de bife con puré aligot y el clásico guiso de montaña. Agendate esta fecha si viajás en julio: el 24 se celebra la tradicional Fiesta 24.7, con música en vivo, gastronomía y el famoso ritual de cerveza caramelizada conocido como Beer Poking.
Más info: @refugiopatagoniabariloche.
Euge Castagnino Secretaria de Redacción de OHLALÁ!, guionista cinematográfica especializada en cultura, cine, teatro, televisión y otros medios audiovisuales y gráficos. Es fan de las buenas historias, los libros, el buen comer y los viajes.














