No es cuero aunque de cerca es imposible no pensar en que se trata de la piel de algún animal exótico, con sus elevaciones escamosas y su textura. Esa superficie suave, flexible y engañosa al ojo humano, es el resultado de cuatro años de experimentación donde el bambú es protagonista.
Detrás de ese textil está Natalia Pérez, una diseñadora industrial argentina y la creadora de Bambuniverso, un laboratorio de innovación de biomateriales donde, junto a su equipo, desarrolla dos proyectos: Bambustone, una serie de piedras de caña diseñadas para su uso en packaging y arquitectura efímera, y Bambuflex, el primer ecocuero vegetal elaborado a partir de bambú a nivel global.

Hoy vive en Colón, Entre Ríos, una región donde el bambú forma parte del paisaje y donde también encontró un entorno adecuado para desarrollar su proyecto. Sin embargo, la historia de Bambuniverso y el recorrido de Natalia, comenzaron muchos años atrás, en la ciudad de Buenos Aires.
Desde que tiene uso de razón, esta diseñadora siempre estuvo llena de preguntas acerca del mundo a su alrededor. Cuando era tan solo una niña, mientras otras de sus amigas jugaban con muñecas, ella se encerraba en su cuarto para hacerles los muebles o la ropa. Pero lo que más recuerda es un regalo que le dieron los Reyes Magos. Más que un juguete, era su ventana a descubrir aquello que a simple vista no conseguía entender: un microscopio. “Exploraba todo lo que me rodeaba, plantas, insectos que encontraba… quería ver de qué estaban hechas las cosas”, relató. Cuando su hermana menor se lastimaba, corría a juntar una pequeña muestra de su sangre para verla bajo los lentes que todo lo magnificaban.
Cuando llegó la hora de elegir una carrera profesional se entrecruzaron dos pasiones: su interés por descifrar la composición de la Tierra y su habilidad creativa para dibujar –un talento que desarrolló desde los diez años y que la acompañó por nueve años más. Y aunque estuvo a punto de estudiar biotecnología, Natalia aseguró que el diseño industrial le pesó más: “Me pareció mucho más conectado con lo que me gustaba hacer: crear”.
Aún así, la ecología nunca dejó de ser una opción, sino que, por el contrario, se fue acentuando. En una época en la que el término “sustentable” aún no existía, una situación en FADU le incomodaba: un paisaje de maquetas descartadas después de un único uso y proyectos elaborados con plástico que terminaban en la basura. Ese fue su punto de partida para participar de diversos espacios de aprendizaje donde descubrió al bambú. Lo recuerda como un flechazo: “Fue amor a primera vista”.

Todo comenzó en un workshop dedicado al bambú y sus posibles aplicaciones del Centro Metropolitano de Diseño en 2011. Esas clases develaron un mundo desconocido de experimentación, que hizo que la diseñadora se propusiera desarrollar un material compuesto de esta gramínea. Pero si hay algo que jamás imaginó es que le terminaría dando un uso textil.
En medio de su proceso de aprendizaje, en 2013, Natalia atravesó una situación que marcó su carrera, una que, según sus palabras, culminó en plagio: un colega se apropió de sus investigaciones de bambú para publicarlas en la revista Innovar. “Le interesó en exceso lo que yo estaba haciendo y lo tomó, cambió algunas cosas y lo presentó”, contó la diseñadora.
La primera emoción que inundó a la Natalia de aquel entonces, a tan solo un año de haberse graduado y con poca experiencia en el mundo profesional, fue la furia. “Como toda situación bisagra en la vida, a veces te demuestra de qué estás hecho”, relató. Tenía dos opciones: ”Quedarse con la frustración de que alguien intente imitar lo que haces, o volverlo el trampolín para ir más allá y descubrir lo que vos venías haciendo en esa línea”.
Así, con la convicción de que estaba haciendo su trabajo bien, Natalia decidió juntar sus muestras e investigaciones y presentarlas al Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) para continuar desarrollando biomateriales de bambú. Y cuatro años después, luego de mucho testeo, logró pasar de una lámina de bambú flexible a desarrollar el ecocuero de origen vegetal.

Bambuflex, como Natalia bautizó su creación, cobra sentido como una alternativa sustentable frente a otros ecocueros derivados del plástico. “Los materiales que usamos convencionalmente muchas veces no son saludables, como los mal llamados ecocueros”, explicó a la vez que destacó la necesidad de que la sustentabilidad coincida con la salubridad que un material debe ofrecer.
Actualmente, el cuero sintético es una de las alternativas al cuero animal más empleadas. Sin embargo, su fabricación, que consiste usualmente en cloruro de polivinilo (PVU) o poliuretano (PU) sobre una base de algodón o poliéster, es un derivado de los combustibles fósiles, y además libera plásticos y sustancias peligrosas que contaminan las fuentes de agua.
El desarrollo “largo y metódico” del material, sin embargo, abrió una nueva pregunta: ¿cómo lograr que tuviera durabilidad sin resignar su capacidad de biodegradación? Por mucho tiempo, Natalia y su equipo lucharon frente a la necesidad de encontrar ese equilibrio hasta que comprendieron que “una duración eterna no lo hace biodegradable” y que todo tiene su ciclo. “El asunto está en que ese envejecimiento acompañe y siga siendo saludable para la persona que entra en contacto con ese material”, explicó.

“El bambú es fortaleza sin rigidez y flexibilidad sin vulnerabilidad”, son las palabras que Natalia emplea para describir a su aliado experimental. Sus diversas utilidades lo inscriben en la lógica circular donde hay un aprovechamiento casi total de la caña. Así precisamente, desde Bambuniverso reutilizan descartes de la gramínea de productores locales para desarrollar sus textiles. Pero además son sus particularidades “físico mecánicas” las que lo hacen destacar y que enamoraron a Natalia: “Puede ser fuerte como el acero, pero a su vez increíblemente flexible con las técnicas apropiadas”.
Además, de acuerdo a la Organización Internacional del Bambú y el Ratán las cañas cuentan con una capacidad de almacenamiento de dióxido de carbón de entre 94 y 392 toneladas de carbón por hectárea. Natalia asegura que esto, sumado a su rápida regeneración, son características que logran diferenciar al bambú de otras maderas que provocan una degradación permanente del ambiente.
En la página web de Bambuniverso lo primero que recibe al lector es la frase: "El futuro es de los biomateriales". Para Natalia, el significado de la frase no se reduce únicamente a un eslogan, sino que comunica desde su necesidad profundamente arraigada a su identidad. “La sustentabilidad en realidad es lo que nos queda. Lo único que podemos hacer”, sostuvo.
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