Hay mañanas en las que parece que tenemos todo en el placard, pero nada nos convence. Probamos una camisa, nos cambiamos el pantalón, buscamos otra opción, le sumamos un cinturón o un pañuelo y, cuando nos queremos acordar, estamos llegando tarde al trabajo.
Además, este octubre Buenos Aires tiene un clima completamente inestable. Por eso, elegir qué ponerse cada mañana tiene una dificultad extra: a primera hora hace frío y llueve, al mediodía puede sorprendernos el sol y hacer calor. Todos estos factores logran que vestirse termine siendo más difícil de lo que parece.
Para evitar ese momento de indecisión frente al espejo, hay algunos trucos que podemos poner en práctica sin necesidad de comprar ropa nueva ni renovar todo el guardarropa. La idea es tener prendas que combinen entre sí, identificar esas fórmulas que siempre funcionan y dejar de arrancar de cero cada mañana.
1. Identificá tus combinaciones salvadoras

Todas tenemos esos looks a los que volvemos cuando no sabemos qué ponernos. Puede ser un jean con una camisa, un pantalón negro con una remera básica o una falda con un sweater liviano. El primer paso es reconocer cuáles son esas combinaciones que te gustan, te resultan cómodas y funcionan para tu rutina laboral.
Una vez que las tengas identificadas, podés usarlas como punto de partida para armar otras versiones. Cambiar el calzado, sumar un blazer o reemplazar la camisa por una remera puede transformar el conjunto sin que tengas que pensar demasiado.
2. Armá un placard que trabaje a tu favor
Tener mucha ropa no siempre significa tener más opciones. A veces, el problema es que las prendas están desordenadas o que cuesta encontrar algo que combine con lo que queremos usar.
Una buena idea es separar las piezas que más usás para ir a trabajar y tenerlas a mano. Revisá qué pantalones combinan con tus camisas, qué sweaters podés llevar sobre una remera y qué chaquetas funcionan con distintos conjuntos. No hace falta guardar el resto de la ropa ni seguir una lista de básicos universales: se trata de reconocer qué te sirve a vos y organizarlo para que vestirte sea más fácil.
3. Aprovechá las capas para vestirte en entretiempo

Cuando la temperatura cambia a lo largo del día, vestirse por capas es una de las formas más prácticas de resolver el look. Una camisa con un blazer, una remera con una campera liviana o un vestido con un cardigan son opciones que podés adaptar según el clima.
Lo ideal es elegir prendas que puedas sacarte y volver a poner sin que el conjunto pierda sentido. Así, salís de casa preparada para el frío de la mañana y podés acomodar el look cuando sube la temperatura. Antes de vestirte, consultar el pronóstico también ayuda a evitar llevar un abrigo que después termina ocupando todo el día el brazo.
4. Pensá tres looks antes de comprar algo nuevo
¿Te enamoraste de un pantalón o de una camisa? Antes de comprarla, pensá con qué prendas de tu placard podrías combinarla. Una forma sencilla de comprobar si realmente la vas a usar es imaginar tres looks distintos.
Si encontrás varias opciones que te gustan, es probable que puedas incorporarla a tu rutina. En cambio, si necesitás comprar otras prendas para que funcione, quizás convenga esperar. Este ejercicio también sirve para detectar qué necesitás de verdad y evitar acumular ropa que después queda colgada sin uso. Además, imaginar distintos looks te ayuda a pensar en qué ropa tenés olvidada en el armario y ponerla en uso.
5. Dejá algunas opciones listas desde la noche anterior

Si a la mañana tenés poco tiempo, elegir la ropa la noche anterior puede ahorrarte varios minutos. Revisá qué tenés que hacer al día siguiente y prepará un conjunto que se adapte a tus actividades. También podés dejar a mano los zapatos, la cartera y los accesorios para no tener que buscarlos a último momento.
Otra alternativa es sacar fotos de los looks que te gustaron y guardarlas en una carpeta del celular. Pinterest también es una gran fuente de inspiración para ver combinaciones en las que nunca habías pensado. Cuando estés apurada, vas a tener varias opciones para consultar sin necesidad de volver a probarte toda la ropa.
Y un último consejo: no tengas miedo de repetir. Si encontraste un look que te gusta, te queda bien y es cómodo para trabajar, podés volver a usarlo la semana siguiente cambiandole algún accesorio. Vestirse todos los días no tiene por qué convertirse en un desafío.
Belén Sanagua Es periodista, locutora y Licenciada en Comunicación Audiovisual. Se desempeña como subeditora de la web editando moda y beauty aunque, además, escribe para otras secciones.


