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2 COLITAS


Créditos: Ohlalá



Siempre que pongo manos a la obra en los pelos de mi hija, no puedo evitar pensar en la cabellera de una de sus compañeritas. La ví llegando el otro día, de mano de su abuela y la perfección de esa línea que separa la colita izquierda de la derecha me dejó atónita.
Maniobrar las mechas lacias y cortas de mi hija es toda una proeza. Le pongo una voluntad a la cosa. La peino con cepillo, con peine, con la mano, con lo que venga; y cuando finalmente termino la faena, la miro y me río. ¡Está ridícula!
¿Cómo hará esa abuela?! Seguramente Trini -así se llama su compañera- es un poco menos inquieta que Chinita-cuando-le-tocan-la-cabeza. Igual, es todo un mérito (para la mami y su hija) estar pudiendo. Haber podido pasar del pelo suelto a ESO.
Agrego que anteayer le corté el flequi en la peluquería... pero por primera vez no el resto (del pelo). Estoy saboreando/padeciendo de antemano el día que me anime a la trenza cocida. Me gustaba que mi vieja se tomara su tiempo para hacérmela. Aún cuando mi madre tampoco tuviera gran mano, debo reconocerlo, pero se me veía distinta.
Tal vez sea genético... Lo de la poca mano, digo. Va a llamarme mi vieja con reclamo.
Lo que seguro es genético es ese pelo suavecito, super lacio y fino (al menos los primeros años). Espero herede mi atracción por los piojitos y las liendres, ufff, qué asco.
¿Y Uds. cuánto tiempo se pasan frente a los pelos de sus hijas? ¿Y cómo recuerdan ese ritual cuando eran niñas?

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