Antes del amanecer

La primera película de la trilogía dirigida por Richard Linklater partía de una propuesta sencilla: chico conoce chica en un tren, en el medio de Europa. Cruzan algunas palabras y entonces él, un norteamericano carilindo y un tanto arrogante (Ethan Hawk), le propone a ella, una francesa seductora y combativa (Julie Delpy), bajarse juntos en la estación de Viena. La idea es que lo acompañe hasta que salga el avión que lo llevará de regreso a Estados Unidos. Así pasarán aquella inolvidable noche de 1995, mientras caminan, hablan y hablan -de Dios, de sexo, de amor, de la infancia, del futuro...-, y se enamoran. La noche vienesa llega a su fin, pero ellos se separan con la promesa de reencontrarse seis meses después.
Antes del atardecer

Esta segunda entrega narra el reencuentro de la pareja en París, no seis meses después, sino nueve años más tarde. Los protagonistas están más grandes, menos ingenuos y un poco más conformistas. Para entonces Jesse ha escrito un libro sobre aquella noche de culto y Celine, que vive en París, asiste a la presentación del libro en su ciudad.
Otra vez largos paseos y charlas los llevarán en un recorrido que atravesará varios sitios famosos de la capital francesa, desde la librería Shakespeare & Co. hasta un viaje en bote por el Sena (con la catedral de Notre Dame de fondo). En el departamento de Celine, ella canta, él la mira embelesado, a punto de perder el avión, y nadie sabe cómo termina el capítulo.
Antes de la medianoche

En
Antes de medianoche
, el director se tomó otros nueve años para resolver el enigma: la pareja fetiche no sólo se quedó junta, sino que tuvo dos hijas (Linklater lo plantea de entrada, así que a nadie se le arruinará la sorpresa por semejante revelación). La saga retoma con una escena en un aeropuerto en Grecia y continúa en sus idílicas costas, donde la familia ya consolidada pasará sus vacaciones. Con 40 y pocos años, los protagonistas transitan una relación marcada por las obligaciones de la vida cotidiana, el desgaste, la rutina y los altibajos del romanticismo.
Y si antes luchaban por estar juntos, ahora van a tener que luchar para seguir queriendo estar juntos. Incluso junto a las archirrománticas playas griegas.








