Uff.
Por fin en casita.
El Enzo está como loco. Hace 40 min. que llegamos y sigue maullando. Ahora mismo intenta treparse al hombre de esta casa.
Se me hizo largo el viaje de vuelta. Lo que hicimos mal fue llegar tan temprano al aeropuerto. Y nuestra equivocación fue confiar en los lugareños, que nos dijeron que, por el tránsito, llegar hasta el aeropuerto nos podía tomar hasta hora y media. Al final llegamos en 15 minutos y estuvimos con cuatro horas de anticipación... Qué hacer con tanto tiempo y tanta panza?
Decí que por tanto viaje, congreso, conferencia y millas del hombre de esta casa, tenemos nuestra súper tarjeta top pasajero frecuente golden titanium acero inoxidable o noséqué, que nos permite entrar a los salones vip del lugar (entrar y salir, cosa de no quedar atrapado por siempre).
Qué felicidad para el pequeño Benjamín y para mí: sanguchitos, papitas fritas, gaseosas, fiambres, frutas, jugos, tortas y hasta palmeritas. Había de todo! Nos dimos una panzada. Y a la media hora, otra vez vuelta a empezar. Todo esto rodeado de mucha prensa extranjera, que es la bibliografía que se estila en el sitio. Aunque con cierto delay: siempre lees los diarios del día anterior, traídos x avión.
Y ahí, en El País, con qué me encuentro? Con esto:
Debo decir que si antes ya me impresionaban estas realidades, lo que sentí ahora, con Benjamín acá adentro, pateando, fue -cuanto menos- muy movilizante.
-"Y vos qué pensás de esto?", le dije al hombre de esta casa
(las preguntas cuasi existencialistas son propias de mi estado; como si -tarde- se me ocurriera testear a cada rato nuestro "núcleo de coincidencias básicas" sobre la vida).
-"Y si mejor lo charlamos mañana?", recibí como toda respuesta. Dicho lo cual, volvió a sumergirse en su propia lectura.
En esta nota:
Revista OHLALÁ!








