Lupe, mi amor.
Cómo me gusta decirte mi amor... mi vida, mi rata podrida.
(Frase chiste que repiten las nenas incansablemente).
¿Querés que siga hablándote del amor?
Vos ahora dormís. Dormís en paz... pero te hubiera encantado que te duerma charlándote. Respondiendo tus preguntas infinitas, ese chicle fila de ocurrencias, una tras otra.
¿Y mami qué hizo? Mami no hizo sino cantarte el arrorró. ¡El arrorró! ¡Con 4 años! No puede ser que mami, a la que tanto le gusta escuchar música, reproducirla, usarla de estímulo de trabajo y bla, bla, no se haya aprendido una mejor canción para cantarte.
¿No hubiera sido más amoroso hacerlo?
¿O no hubiera sido más amoroso dejar de cantar mecánicamente y preguntarte por qué no te podías dormir... en lugar de prácticamente obligarte a cerrar los ojos? Horrible. Me vi obligando a mi hija a dormir. "¡Dormí ya!" Como si dormirse, quedarse dormido, fuera un acto voluntario.
Qué manera de faltarle el respeto a los desvelados. Y me incluyo. No soy una desvelada oficial pero sí tengo olas de desvelo... Algunas noches... Hoy escribo de noche. Me empiezo a preparar para la Nochebuena.
Volvé, volvé, volvé al eje, Inés.
El amor es trabajo, Lupe.
El amor es ante todo trabajo.
Día a día.
Minuto a minuto.
Decimos "trabajo" y ya nos tensamos...
Sentamos en la mesa a un jefe, un sueldo, una disciplina violenta.
Y no.
No necesariamente es un trabajo que se padece.
Es un trabajo que se hace con placer.
Con todo el placer del mundo.
El amor es un trabajo ad honorem y a pura honra.
Y a puro goce.
Pasa que a veces nos distraemos con distracciones... valga la redundancia.
Nos eclipsamos... ¿Qué está diciendo, mami? ¿Cualquier cosa? ¿Estoy hablando muy complicado?
Quiero decir:
Hay obstáculos.
No todo es color de rosas. Hay verdes, hay amarillos. Hay violetas. Hay marrones como la tierra y azules como... ¿como Elsa? Elsa. Le presté una de tus Elsas a Matilda. Todavía no te lo dije. Después lo hablamos y te explico los motivos. Está bien cuidada.
Hay movimiento.
Hay ejercicios.
Lo que se dice problemas.
De todo tipo, tamaño, nombre, plano... muchos son problemas de fondo.
Cortocircuitos de una nena, como vos, que probablemente haya querido que la acompañen en el dormir y la mandaban de prepo a su cuarto... sola... y después andaba durmiendo por los pasillos.
Cortocircuitos que pueden haberse originado, según dicen algunos, a partir del momento en el que fuimos concebidos (dicen que esa "noche" sella nuestro ser, es como un sello fundacional): en el embarazo (qué difícil habrá sido estar embarazada en el 78...), en el momento del parto... en la primera infancia... y en los primeros años... algunos dicen seis, otros, cuatro.
¿Y esos cortocircuitos qué hacen, hija? "¿Estamos hablando de amor, mami, o te fuiste a la m...?" No, no, Lupe, mi amor, mi vida, mi rata podrida... acá estoy. Pasa que es complejo. Esta parte para mí es la más compleja de todas... de momento.
Esos cortocircuitos de toda índole, tamaño, color, valor (según cada historia) se detonan en el presente, se re-presentan. Se vuelven a hacer presentes a partir de situaciones-anécdotas. A veces puede suceder cualquier cosa. Alguien lo mira de afuera y dice: "qué tamaña pelotudez", pero quién te dice, en el plano de la psiquis se están debatiendo la vida y la muerte... a ese nivel.
Situaciones de mucho miedo, de extrema tensión.
Esos son algunos obstáculos. Hay que reconstruir el mapa con cinta scotch y creer que así es más lindo que si nunca nadie lo hubiera roto... no rompido.
Soltar, sanar, des-activar esos episodios sangrando... que sangran.
Ponerles agua oxigenada.
Soplarlos.
Curarlos.
Sana, sana.
¿No es un lindo trabajo?
Así como ayer con tu pera... pero con todo. Con TODO.
Según algunos, sanamos a nivel colectivo. También padecemos, padeceríamos a nivel colectivo. Hay, habría un único corazón planetario... universal... ¿Hablamos ya del Universo, Lupe?
Bueno, ya vamos a hacerlo.
El caso es que no sólo vivimos en la calle de la chica que toca el violín; vivimos en un Universo y vivimos con otros.
Y tenemos que aprender a crecer y a querernos/respetarnos entre un montón de seres, algunos que ni siquiera están presentes, pero siguen activados.
Tenemos que aprender a amar. Amar no es sólo con uno. Es con muchos.
Y con nosotros... con nosotros mismos.
Y ahora me detengo.
...
Te cuento, hija, que había pensado escribir un post de título: "Diciembre, ten piedad de mí"
Pero al momento de sentarme a la hoja me ganó ir por otro lado.
Ni loca me enloquezco en diciembre.
Camila, una de mis lectoras amigas, propuso otro título: "2014, andate de una vez" y Tami, una de las chicas que hace el taller, que acaba de perder a su padre, escribió: "Necesito un 2015 para principiantes".
Me encantó.
Un año fácil.
Yo pensé: 2015 for dummies
Porque somos tontos. De la estupidez humana nadie se salva.
La mamá de Lucía Eva, tu mejor amiga, cuando se lo comenté, agregó:
"Para eso es muy importante tener actitud de principiante".
¿Qué sería una actitud de principiante, Lupe?
Tu hermana es un excelente ejemplo de una actitud de principiante.
Va relajada por la vida. Disfruta, juega, corre... Se ríe... Se peina... Escucha... Sonríe... ¡Cómo sonríe China!
Actitud de principiante es eso... y también disciplina, paciencia. Acordarse todos los días de hacer la tarea. Todos los días.
Una tarea chiquita, fácil. Que se hace de un modo orgánico, que no interrumpe, que estimula.
Y HUMILDAD.
Ir relajado, disciplina y humildad.
Eso es amor, sí...
Así es su trabajo, hija.
¿Ustedes qué piensan?

PD: Y como siempre, para contactarse por privado o por taller de expresión escrita (abierta inscripción al seminario de enero), me encuentran en inessainz@msn.com o en FB ¡Muy buen fin de semana!
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De la mamá







