Como les conté, hace unas semanas fui al cine. Fuimos al cine. Nos invitaron a ver la última de Tinker Bell: Tinker Bell y la bestia del Nunca Jamás. No voy a contar el argumento ni voy a volver a argumentar por qué a mí me gusta Tinker Bell... Ah, sí, las que no lo sabían, ahora lo saben: me gusta el hada obrera. No la juzgo. No sé si es lista o tarada, si el film es bello o feo, bueno o malo... No tengo una relación desde la crítica con todos los hechos audiovisuales, o sólo con algunos (no es éste el caso).
Por supuesto, de las 6 películas que vi de ella prefiero a algunas más que a otras.
También me doy cuenta de que no puedo despegarme mucho de la mirada de mis hijas. No miro sus películas desde mis ojos, sino desde los de ellas. ¿O será que en ese momento somos una misma mirada... y un mismo sentir, un mismo reaccionar frente a la seguidilla hiperquinética de fotogramas?

Listas para el viaje
¿Adónde quiero llegar? Ah, sí, ante todo a lo primero. Me gustó la película, qué digo, me encantó la película.
Me quedó un ticket de entradas (válido para 2 personas) y cuando les dije a hijas: "voy a dárselo a Camilo para que vaya con Matilda", ellas respondieron "NO, vayamos nosotras de nuevo". ¿Y saben qué? También pude entenderlas.
Me gustó la película porque me identifiqué con la protagonista, que en esta oportunidad no es Tinker Bell, sino Fawn.
Llegados a este punto debo contarles algo del argumento: Fawn, hada de los animales, conoce a una gran bestia con la que rápidamente se encariña, incluso cuando la misma reina Clarion le pidió que mantenga distancia de animales que puedan poner en peligro a la comunidad de hadas. Pero a ella las advertencias parece que se le entran por una oreja y le salen por la otra. Y no es que haya encontrado con un leoncito como Simba, se encuentra con una bestia con ojos verdes flúo, una bestia gigante, fea, huraña.
Más todavía, cuando sale a la luz cierta leyenda apocalíptica con la bestia de protagonista, Fawn se mantiene firme, no duda.

Fawn le presenta la bestia a sus amigas.
Me gustó esta película no sólo porque me sentí identificada, en gran parte, sino también porque pude entender mejor a China.
De hecho, no paré de pensar: "uh, a China le va pegar, especialmente a ella". ¿Por qué a China y no a Lupe? Porque más allá de esa mirada que apuesta por la bondad del otro, China tiene... Iba a escribir "debilidad por los animales" y me frené. No, Lupe también la tiene. En realidad, se juega algo peculiar, relacionado con el único animal que tenemos: Tigre.
Tigre es un gato con carácter. Un gato que, frente a ciertas actitudes corporales de mis hijas (o en ocasiones de la nada), ataca. Todavía no llegué a descifrar si juega brutalmente, a lo gato, o si verdaderamente ataca. El caso es que, a veces, algunas, rasguña. Vamos a ponerlo en pasado: "ha rasguñado". No se alarmen, la bestia está domada, tengo varios ojos de seguridad en los rincones del departamento y frente al primer signo de nerviosismo, ya todas sabemos cómo reaccionar. Nadie peligra.
Pero más de una vez, con niños ajenos que desconocen sus mañas, que pueden asustarse frente a lo grosero de su comportamiento, yo lo aíslo. Lo encierro. ¡Lo saco! a un balcón amplio (el balcón es para él lo que para mí el departamento).
También lo reto. Si se hace el guapo con hija o conmigo, le aplico penitencia. Lo dejo un tiempo afuera, una hora afuera.
Más de alguna pensará: "bastante con seguir alojándolo, encima estás justificándote".
Y sí. Pero no lo hago por sus posibles reacciones, sino por cómo reacciona mi hija.
Mi hija pone en abogada del diablo... Basta que él suelte una fila de esos llantos de bebé histérico para que ella: "Maaaa, Tigre quiere entrar..." Y frente a mi "NO, China, dejalo afuera", no sólo insiste, sino que espera a que me distraiga para desobedecerme y abrirle.
Yo mantengo firme porque ése es mi rol, pero por dentro me enternece que ella se solidarice. Se solidarice, o se deje manipular por ese gato sinvergüenza... No, no, hablando en serio, ella empatiza con él, reacciona orgánicamente frente a su llanto. Su cuerpo reacciona al pedido de Tigre.
De ahí que me haya pasado toda la película diciéndome: "si yo me siento identificada, ni me imagino ella".
¿Conclusión? Terminé la proyección con lágrimas en los ojos, en una escena final que, si entraste en el juego, no puedo no conmoverte. No la cuento. Bueno, no es raro que quien suscribe moquee frente a la pantalla grande (frente a la vida), lo novedoso fue que esta vez, cuando tímidamente giré la cabeza, la descubrí a China también con lágrimas en los ojos.
Salí del cine doblemente conmovida, especialmente conmovida.
¿Cómo no puede gustarme una película que emociona hasta las lágrimas, por primera vez, a una hija?
¿Ustedes son de emocionarse en el cine? ¿Y sus hijos?

Linda ella. Todo corazón
NOTA: Cuando lean este post, estaré en Tigre con retoñas y amiga. Será la primera vez que me anime a anticiparme en el tiempo, dejándoles un post escrito antes de irme. Me conectaré para leerl@s, de todas maneras. Ya el viernes estoy volviendo. Para contactarse por privado o por taller, me encuentran en FB ¡Muy buen martes!
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