Dos meses

Por Redacción OHLALÁ!

25 de noviembre de 2014, 13:47

Dos meses

"Cuando somos jóvenes nos figuramos que los acontecimientos y personajes importantes de nuestra vida anunciarán su aparición precedidos de trompetas y timbales; en la vejez, la visión retrospectiva nos enseña que todos ellos entraron deslizándose sigilosamente por la puerta de atrás y casi inadvertidos". (Arthur Schopenhauer)

Así, sigilosamente, por la puerta de atrás, apareciste.

Ni te había visto.

O sí, te había visto pero no había reparado en vos. No te había mirado.

O sí te había mirado. Te había mirado como padre.

Como padre del jardín.

Como padre, de los pocos, que se instala, que se pone, que se entrega a jugar con su hija.

Y con otros niños (entre ellos, las mías).

Te recuerdo el año pasado... allá, a lo lejos, solo, solo como adulto, el único, sentado sobre ese arenero improvisado que habían hecho.

Con tu hija, las mías... y alguna otra compañera.

¿Qué harían? ¿De qué hablarían? ¿A qué jugarían?

Recuerdo con alivio aquella imagen. Eras un padre que podía abstraerse de la telaraña de la neura adulta, de la Mente Monstruo y sentarse a jugar con los más chicos. Bajar, subir a su nivel... Estar a su alcance.

Pero no te vi, no te miré como hombre.

No estaría mirando hombres en aquel entonces...

Recién pude acusar recibo de tu presencia, de tu porte, de tu voz seductora... de ese estilo que tenés, tan característico, tan tuyo... recién pude hacerlo aquel día... que opinaste sobre el color fucsia, y en lugar de llamarlo fucsia, lo llamaste "magenta".

Tengo una mezcla de impresiones... No recuerdo si aquella tarde fue la misma en la que me convidaste... nueces. Tenías un tupper con nueces enormes. Me explicaste qué tipo de nueces eran, me diste el nombre.

Estabas tan concentrado en ver cómo apreciaba yo esa nuez.

Luego vinieron las frutillas. Nada de Saladix ni de esas rueditas adictivas que come Lupe. No. Vos tenías un tupper con unas frutillas grandes.

Generosas.

Y convidabas... Recuerdo que metieron mano todas las nenas.

Y luego el budín. Un budín de zanahoria. Un budín de zanahoria hecho por vos. Vos mismo lo habías cocinado. El budín de zanahoria más exquisito que probé en mi vida.

Recuerdo que aquella tarde del budín habíamos coincidido varias madres-amigas, quiero decir, casi todo el grupo de amigas-madres estaba allí, ese viernes, presente... y era tentador ir...

Y sin embargo, nuestro diálogo era más fuerte.

Hablamos de creencias, de prejuicios, de cargas emocionales. De todo el trabajo (interno) que teníamos por delante.

Yo me sentía firme, segura... Sentí que me escuchaste.

Que mis palabras resonaban adentro tuyo... que algo de lo que transmitía te atrapaba. Sentí "atrapándote". Eras fácil de atrapar porque atendías.

Del verbo "atender".

Prestar atención. Estar atento.

Alerta. Presente.

Igual que un año atrás en aquel símil arenero.

Pero te confieso, confieso que aquel día, aun muy interesada, no había empezado o terminado de mirarte. Como sí pude hacerlo una semana más tarde, o unos días más tarde... cuando recibí tu segundo mensaje de Facebook.

El primero era una invitación. Me contabas de una jornada de scouting en cárceles... y concluías que un programa conmigo el sábado "suena maravilloso".

Maravilloso. Pocas personas usan ese adjetivo (en un chat de FB).

Recuerdo contestarte pidiéndote tiempo. Estaba en una historia muy reciente, en un arranque de historia... por la que quería apostar y sin embargo dudaba.

Esperame. Te pedí eso

Y ahí vino el segundo mensaje. El mensaje bisagra. Que decía algo así como que te convertirías en un moderno Penélope, tejiendo y destejiendo, plantando y podando... Decías que no había problema. Que podías esperarme. Y me invitabas a que te cuente. Algo. Lo que quisiera. Y agregabas como ejemplo: "si querés hablarme de tus medias, eso también me interesa."

Era un chiste, desde luego... Aun así, como chiste, me pareció efectivo.

Me entró. Me llegó. Hizo un extraño efecto en mi pecho.

Apenas un mensaje y me sentí tocada químicamente.

¿Quién eras? ¿Qué me pasaba? ¿No era que iba a apostar por una historia con X? Y de golpe aparecías... para cambiarme los planes.

...

Ya pasaron dos meses desde aquellos días.

Dos meses, poco tiempo objetivamente. ¿Qué porcentaje es en el marco de 100 años?

Dos meses en los que viví TANTO.

En los que me sentí querida. Respetada. Cuidada. Atendida. Amada.

Me sentí amada.

Dos meses de charlas, risas, sonrisas, de chats de madrugada.

Dos meses de hablar y ser escuchado.

Dos meses de escucharte.

Dos meses de pequeños planteos... de todo tipo. Existenciales, filosóficos, de pareja.

Dos meses de silencios compartidos.

De saborear juntos alimentos.

De compartir tareas.

De acompañarnos en lo más pequeño.

Dos meses de abrazos.

Dos meses de besos.

Dos meses de comprensión, de paciencia.

De espontaneidad, de belleza.

...

Dos meses de amor...

De aprendizaje de amor... de cómo amar a alguien.

Y podría confesar más pero siendo el primer texto en el que públicamente te presento, prefiero aquí cerrarlo.

"Esto recién empieza..." Ese era el subtítulo del blog hace 5 años.

Debería reponerlo.

Cactus
Cactus

¿Cómo entraron a sus vidas sus amigos y/o compañero/as más importantes?

PD: ¡Muy buen martes! Como siempre, para escribirme por privado o por taller "Un cuerpo que dicta" (hay vacantes), me encuentran en FB