
Había un ejercicio en clown -en un taller que dictaba Cristina Martí- en el que pasabas al frente y entrabas a moverte y hablar sin parar... así durante varios minutos, sólo siguiendo las pocas indicaciones que podía sugerirte la docente. No había ninguna forma que cumplir, sólo el objetivo de vaciarse, de agotarte, de "agotar al ego" (como dijera Rhea en otras clases, más solemnes que aquéllas, pero no menos intensas), de agotar a esa máquina productora de pensamientos que -a veces, las más- interfieren el ejercicio del libre decir, del libre hacer desde "el niño"... desde ese payaso vulnerable, frágil, risueño, ridículo que todos somos y no siempre ejercemos.
Lo increíble era ver y sentir cómo, después de un rato haciendo y diciendo en función de la mirada de terceros, en función de nuestros propios juicios y expectativas, de los manuales que nos metieron o nos creímos... de un momento al otro, zas, cuando creías que ibas a desmayarte del cansancio, sucedía lo imprevisto: empezabas a escupir nimiedades o grandes verdades, pero absolutamente sinceras, reales, crudas, desopilantes.
No estoy lo suficientemente canchera para escribirles desde ese lugar de conquistada franqueza, pero créanme que mi estado de hoy se le parece. Estoy "stufa", como diría mi abuela, o más en criollo, como diría mi viejo, "hinchada las pelotas", en el mejor de los sentidos... cansada, podrida de mí misma, de cualquier tipo de parloteo inconducente y al cuete... Vamos, nena, que sea lo que sea, me digo, yo lo suelto... hagan como quieran, estoy complaciente con lo que se da fácil... y lo que no, lo que no se puede, no se puede. Aceptación absoluta de los hechos (me gustó mucho el comment de Dinhora)... y a otra cosa mariposa.
Es que, además, estuve viendo fotos de un par de lugares entre los que estamos decidiéndonos (ah, ah, casi casi que me desenrollo del todo, todavía me falta un poco), y de repente entré en sintonía de goce, de disfrute, de estar ahí, sofocada por el sol, con la Tierra sosteniéndome como una buena madre... con una pileta o un arroyo que me envuelve los pelos... y las risas de mis hijas y de los pájaros haciendo coros de fondo, ¡¿qué más quiero?!
Y así pretendo terminar este muy satisfactorio 2011, acomodada, alineada, sin vueltas, acatando las órdenes del Universo, no tomándome tan en serio (¿así era?), mandando al diablo todo lo que sobra y molesta, llena de confianza, abrazada con otras mujeres... y con Manuk, dale, que me encanta leerte quejándote de la mayonesa y de las fiestas... jajaja... Forzando la carcajada, de ser necesario... ¡a ja ja je je je ji ji ji... y a la mier...!
¿Cómo pretenden terminar el año ustedes?
Ilustración: Rossana Baumeister
PD: ¿Se acuerdan de este tema?! ¡Veánlo! Yo lo usaría para musicalizar este momento. De golpe me vinieron ganas de escucharlo (y voy a seguir haciéndolo).
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De la mamá








