Feliz nuevo año

Por Redacción OHLALÁ!

4 de marzo de 2015, 18:24

Feliz nuevo año

Voy a serles sincera. El lunes me sentía muy en crisis y había escrito el texto del martes desde un lugar llamémoslo "conflictuado".

Desde ya, la crisis continúa hoy, pero ya no me resisto a ella.

Ya dejé de temerle como si fuera una bestia peligrosa, ya estoy confiando... ¿Vieron que difícil encarnar este verbo? El mundo entero te ordena: "Relajate y confiá". El mundo entero, tenso y asustado, no para de repetirse: "relajemos, confiemos".

El caso es que hoy me levanté sintiéndome mejor, ya me había acostado de otra manera.

No es casual que antes de dormirme haya tenido OTRA charla con Camilo, la charla número 40 o casi.

(Nunca tuve una relación tan charlada de entrada. Eso me dio miedo en un momento, pero ¿quién tiene la receta? Las relaciones que aparentemente funcionaron al comienzo, en las que no había tanta necesidad de dialogo, después se fueron a pique, y ya no hubo palabras que pudieran repararlas).

Mi crisis no era de pareja.

No era sólo de pareja.

Me encanta el uso del pasado (hágase la superada).

No ES sólo una crisis en relación a la pareja, sino también en relación a la vocación, al hacer, al trabajo.

Y ayer, en ese texto ruidoso que había escrito, llegué a insinuar que el bochinche mental, producto del trabajo del amor, estaba interfiriendo en mi búsqueda más personal, en mi búsqueda más artística.

Qué fácil es echarle la culpa a los otros.

No digo que un vínculo nocivo no pueda joderte la vida, sí, eso es cierto.

Pero sería injusta si pensara así de mi actual vínculo.

No sería todo lo autocrítica, todo lo amorosa, todo lo noble que me propuse ser cuando me embarqué en esta historia.

Qué grandes nos sentimos cuando nos embarcamos, cuando proyectamos en los inicios... y qué pequeños, qué típicos, qué neuróticos, qué vulgares terminamos siendo al tiempo, frente a los primeros obstáculos, miedos, ruidos.

Ruidos.

El de martes era un texto con ruido.

Cuando me fui a dormir, recordaba un diálogo del filme Ocho y medio. El guionista le habla al director, que renuncia a realizar la película:

Estamos sofocados por las palabras, las imágenes, los sonidos que no tienen razón de ser, que vienen del vacío y van hacia el vacío. A un artista verdaderamente digno de ser considerado tal, no habría más que pediré este acto de lealtad: educarse en el silencio.

Por supuesto, el director responde a ese párrafo con otro con el que me identifiqué todavía más. Le habla a su mujer, Luisa.

Pero, ¿qué es este rayo de felicidad que me hace temblar, que me da nuevamente fuerza, vida? Cuan apropiado es aceptarte, amarte, y cuando simple es. (...) Ahora todo regresa como antes, todo es de nuevo confuso. Pero esta confusión soy yo, yo como soy, no como querría ser, y no me da más miedo. Decir la verdad, aquello que no sé, que busco, que no he encontrado todavía. Sólo así me siento vivo y puedo mirar a tus ojos fieles sin vergüenza. Es una fiesta la vida, vivámosla juntos (...)

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Hoy me siento felizmente confusa, felizmente en crisis, felizmente viva.

Felizmente hambrienta de cambio.

¿Qué es lo primero que preguntamos de un chico cuando está enfermo? Si tiene hambre. Si hay hambre, hay indicio de salud, eso pareciera.

(Tiempo).

Acá hice otra edición del texto.

Estaba demasiado pensante. Estoy escribiendo ahora, 4 de marzo. Unos segundos antes de publicarme.

Estoy emocionada. Leí una docena de saludos y ya entré en este estado tan único del cumpleaños.

Ya dejé de pensar en el futuro y en los cambios.

Quiero esto.

Quiero disfrutar de este presente.

¿Acaso voy a volver a este día, voy a volver a vivir este momento único?

¿Acaso voy a volver a cumplir 36 años?

¿Acaso este presente, así, inacabado, no es en sí mismo perfecto?

L@s quiero siempre.

PD: Como siempre, para contactarse por privado o por taller "Un cuerpo que dicta", me encuentran en FB ¡Buen miércoles!