
Se supone que debo pedir disculpas, pero me cuesta. No me sale y no quiero forzarlo.
Quizás siga pensando mucho de lo que vomité en aquélla ocasión (en aquél episodio, hace año y medio), pero evidentemente no encontré una forma inteligente y amable de expresarlo.
Fui cruel, fui dura, fui animalesca. Estaba en lo que yo llamo "fase de supervivencia". Toda mujer puérpera (y encima con otro niño) roza a diario ese borde, esa zona de ferocidad que salta en ocasiones de peligro, de sobre-exigencia del afuera.
Quizás me equivoque y esta sea una más de mis apresuradas generalizaciones. Qué sé yo.
Sí sé que no tengo ganas de revolver, de revisar en detalle qué pasó, cómo fue, quién dijo esto o aquello. Pasó ya mucho tiempo... y además, soy adulta y trabajo a diario revisándome (en silencio).
Sí puedo decirle -a ella- que, aún sintiendo diferencias, en la manera de pensar y movernos, aún así, la quiero (y mucho).
La quiero, la estimo, la valoro por todo lo positivo y bello que tiene y es... y la respeto.
Estoy intentando sostener esto último en el tiempo.
Y de seguro el trabajo es mío y también suyo, de ambos lados. Aprender a dejar ser y relacionarnos sin juicio, sin estar levantándonos el dedito, sin querer cambiarnos... por ahí indica el camino.
(...)
Dale, relajémonos.
No quise lastimarte, sólo me estaba defendiendo.
¿Hacemos las paces?
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¿Hay alguien con quien les esté costando reconciliarse? ¿Y alguien con quien se nieguen a hacerlo?
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De la mamá








