
Y para rematar esta secuencia de posts vinculares, hoy traigo una anécdota colorida y pequeña.
El otro día estamos saliendo del departamento y justo arriba del botón del ascensor, vemos este papelito, escrito por el vecino del 7mo piso.
Resulta que el vecino había encontrado una hebillita de China en el suelo (de la terraza o PB) y en lugar de ignorarla, como probablemente yo hubiera hecho... no. La agarró, fue hasta su departamento, buscó un papel, escribió lo que escribió, pegó la hebilla con cinta scotch y luego pegó el papel -con hebilla- en el ascensor del piso 2 (el mío).
"Todo un artista", me dice mi marido. "Y sí", le digo.
No es que crea que el hombre haya hecho la gran acción del siglo, naah, pero me gusta el gesto como puntapié para que pensemos cuánto respeto, cuánta atención, cuánta estima, cuánta energía le ponemos no ya a "nuestros afectos" (bien capitalistas resultamos con los vínculos), sino a los otros, "a aquellos que no nos pertenecen": transeúntes, clientes, empleados, vendedores, comentaristas, otros padres y madres del jardín, vecinos, etc.
No sé si será cultural o qué, pero tengo la sensación de que con "nuestro círculo" somos harto responsables (en el mejor de los casos), pero después casi que te atropello, miro para el costado si estoy sentado en el bondi y veo que sube una mujer arriba de los 50 años, soy un pollerudo con mi señora pero a esa mina que está con cochecito y por subir las escaleras ni la veo, te quito la cara si me ofrecés un volante (no tengo tiempo)... no te leo o te subestimo si escribís con errores, te ignoro si estoy apurada o vivís en la calle, te miro con pena si sos muy gordo, muy feo, muy distinto... te juzgo serio si estás a los gritos, etcétera, etcétera.
Si no sos "mío" o no entrás dentro de lo que necesito o busco (si no sos "importante" a mis ojos), casi que no hay registro.
Vamos como rígidos por la calle, con esa mirada unidireccional, sólo enfocada en nuestros sedientos anhelos... Son tan pocos los que funcionan en estéreo, conectados con la totalidad de los seres humanos que la vida te está poniendo alrededor, AHORA, en ESTE momento.
Por eso, hoy quiero reivindicar esto último. No tanto la caballerosidad como sí la HUMANIDAD... Que, ojo, no tiene que ver con fingir bondad, sino con ampliar la atención -la mirada, la escucha, el interés-, con integrar la consciencia de los otros a nuestra existencia (y que lo otro se vaya dando).
Y no me es fácil, a mí ni a nadie, pero lo curioso es que en la -lenta, lentísima- medida en que voy activando esa conexión atenta (como puedo), me empiezo a sentir más pleno/a.
Y estaba tanto más a mano que todas las otras estrategias.
¡¿Qué piensan?!
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De la mamá








