
Por Carolina Esses
Tu panza te delata: vas al curso de preparto. Estás canchera; ya hiciste yoga para embarazadas y natación. Pero se acerca el día D y, si bien sabés que el pequeño que nada dentro de tu panza va a encontrar el camino de salida, no podés dejar de preguntarte cómo. Por eso, la idea de compartir miedos y expectativas con otras parejas te entusiasma. Lo que no esperaban era la galería de personajes que van a hacerlos reír un rato mientras esperan la llegada del futuro rey –o reina– de la casa.
La mejor alumna

No importa cuán temprano llegues, ella ya está ahí. Se acomoda al lado de la partera. Quiere saberlo todo. Por ejemplo, si las etiquetas de la ropita del bebé se dejan, se cortan, se descosen –para que no se raspe–, y cómo exactamente se realiza la episiotomía –¡gracias, prefiero no saberlo!–. Tiene el bolso armado desde el día uno con cosas tan insólitas como un termómetro que indica la temperatura exacta que debería tener la mamadera. Si la partera pide una voluntaria, ahí va ella. Y cada dos por tres le da un codazo al amor de marido que tiene al lado para que él también participe de la clase. " Él, él ", grita, y el santo tiene que pasar al frente e indicar en un gráfico gigantesco el paso del bebé por el canal de parto. "Esto no es nada", parece decir el pobre hombre cuando vuelve a sentarse rojo de vergüenza. Y le creés.
La hormonal intensa

Ella no va a ser madre. Ella YA ES madre. Tiene un cuaderno forrado con la imagen de la última ecografía 3D de su bebé donde va anotando semana a semana lo que le pasa, lo que siente. Porque ella siente MUCHO. Así que cuando, por décima vez en una hora, le dice a su pareja: " Mirá cómo se mueve " y el muchacho en cuestión no apoya inmediatamente la mano en su panza, estalla en llanto: " Vos no me entendés, vos no sabés lo que es ser madre, vos no sentís lo que yo siento ", dicho lo cual corre a encerrarse en el baño. La partera, el grupo y vos se pasan el resto de la reunión pidiéndole que salga. Su novio le jura que sí, que él también siente, sólo que, quizá, no siente TANTO. " Es que nadie puede sentir tanto ", agregás en voz baja. Finalmente, se abrazan, se besan, la clase aplaude y a vos, por supuesto, se te cae una lagrimita.
La profesional sin tiempo

Llega tarde, tardísimo. Parece no haber leído la parte que decía "con ropa cómoda" porque saluda al grupo desde unos stillettos divinos. Ella es espléndida, así que al entrar, todos caen bajo su embrujo. Igual, su aparición es breve. A los diez minutos, tirada sobre la colchoneta, recibe un mensaje y anuncia que se va: " Estamos por cerrar un negocio importantísimo y me necesitan en la oficina ". Pero, ay, parece que no va a poder ser. " Mi amor, creo que rompiste bolsa ", le dice su marido al ver el charco de agua que le corre entre las piernas. Y obvio: ya no importa el celular, el iPad, y ni siquiera no tener el famoso bolso encima. " ¿Me hacés un favor? –te pide antes de irse–, llamá a este número y avisá que por el próximo año a nadie se le ocurra interrumpirme ". Y cual reina de Holanda se va agitando la mano por la ventanilla.
La temerosa

Está pálida y te dice que le bajó la presión y necesita un vaso de agua. Su novio la abanica con el instructivo del sanatorio para que recupere sus colores, pero no, no tiene calor, lo que pasa es que la sola idea del parto la aterra. Cada diez minutos, pregunta: " ¿Esto es una contracción? ", y le pide a la partera, a su novio ¡y a vos! que le toquen la panza para comprobarlo. No se tiñe, no se depila ¡y ni siquiera se hace brushing ! porque tiene miedo de perjudicar al bebé con el calor del secador. Dejó de manejar apenas supo de su embarazo y te mira como si fueses de otro planeta cuando le contás de tu viaje a Brasil hace un par de semanas. Te pasás la primera clase tranquilizándola y el resto del curso tratando de esquivarla. Increíble: así como la ves, te enterás de que a la hora del parto se portó como una verdadera leona.
La péndex divina

Tiene la capacidad de elongación de un yogui. No se le hinchan los pies, no le duele la espalda y el cambio hormonal le puso el pelo todavía más lindo que antes. Llega con unas All Star rosas, las mismas que usa tu sobrina de 15. No viene sola: su novio es una especie de astro del rock emergente que mira la clase como si se tratara de un grupo de marcianos. Se la pasa sacando fotos que después sube a Facebook. Así que al día siguiente te enterás de que mil quinientas personas te vieron tirada en el piso y con las piernas abiertas practicando el pujo. Y con tono de rectora de colegio secundario, les decís: " ¡Chicos, ahórrenme la exposición, por favor! ". Meses después, mientras intentás hacer dormir a tu bebé, los volvés a ver. Y durante los próximos dos años seguís cada uno de los pasos del bebé en cuestión. Por la web, claro.
La sabelotodo

¿Querés saber exactamente a qué hora, de qué día, de qué semana el bebé que se mueve dentro de tu panza abre por fin los ojos? Ella ya lo sabe. Su know how va más allá de las fronteras de lo conocido. Habla hasta el cansancio de los pormenores de la lactancia –" no es como en las propagandas ", insiste–, y se la pasa interrumpiendo a la partera, que ya no sabe qué hacer para callarla. Te preguntás para qué viene, si ya lo sabe TODO. Te manda por mail fotos, videítos de partos –¡por favor, no!–, y conoce al dedillo las etapas del desarrollo del bebé. Una noche, a la salida del curso, desentrañás el misterio. Esta mujer es madre no de uno, sino de TRES niños. Y, claro, la excusa que encontró para escaparse de casa en la hora crítica –léase las siete de la tarde– fue el curso de preparto. Imposible no hacerle el aguante.
La "ommm"

Llega comiendo semillas de una misteriosa planta del Amazonas porque asegura que favorecen al bebé. Su novio no puede acompañarla porque está en la India terminando un seminario sobre hinduismo. Pero a ella nada la altera: está convencida de que él va a sentir la vibración energética del parto esté donde esté. Tiene familia en El Bolsón y para su retoño baraja nombres como Natural, Belleza y Orión. Quiere el combo completo: parto en casa, sin peridural, y ni hablar de episiotomía. Su palabra fetiche es "transitar": transitar el embarazo, transitar las contracciones, transitar ¡el dolor! Y lo dice mirándote a los ojos, con las manos apoyadas sobre tus hombros para que te conectes con ella. " Yo no, eh, yo te espero en el sanatorio, con un buen anestesista ", le decís a la partera antes de irte.
¿Hiciste el curso de preparto? ¿Te identificás con alguna de estas mujeres?








