"Me extrañaba", es lo primero que me digo en este nuevo reencuentro conmigo misma.
Ya sé, "qué manera de repetir "reencuentro" esta chica", estarán pensando, y sólo para justificarme se me vienen en mente palabras de un querido profe y director de teatro, el Indio Romero: "vivimos jugando a las escondidas. Con nosotros mismos".
El profesor no denunciaba un juego deliberado, o un juego de niños con el propósito de pasarla bien, de divertirse, sino un juego inconsciente, un juego muy a pesar de nuestra voluntad, como algo que (nos) sucede.
Y eso me sucedió, a pesar mío, las últimas semanas: me perdí. Me perdí el rastro. A Dios gracias hacia el final de semana me di cuenta de que no me estaba hallando. "Inés, ¿dónde estás? ¿dónde te escondiste? Iuuujuuu, nena, volve-te".
Cuando me animé a mirarme, apenas vi una sombra, un eco de mi persona... y ya luego, piezas sueltas, ruinas, escombros. El pecho atiborrado de temores, el cuerpo deshabitado, la mirada enajenada, la casa hecha un quilombo, polvo, tierra, caos.
Entonces me dispuse a rearmarme. No soy ni un poquito lo autocomplaciente que puedo parecer a ojos de un tercero. Bueno, me cuido. Y a eso me dispuse: a repetirme frases estimulantes, a respirar profundo, a dormir lo necesario, a comer sano, a trabajar revisando textos de alumnas, a limpiar el piso y los sillones, a estar en silencio, a jugar con mis nenas (hubiera querido hacerlo más tiempo), a comprarme unas hamburguesas de quinoa (ver abajo), a presenciar una preciosa obra de Filosofía y Música de amigos ("Desencajados", a cargo de Darío Sztajnszrajber y Lucrecia Pinto, muy recomendable, en el Konex), y a no dejar de acompañarme, de estar presente conmigo, y cuando digo "estar presente conmigo misma" me refiero a dejar abierta una rendija por donde se cuela Diosito, como yo llamo. Una rendija por donde se cuele esa dimensión más profunda, más espiritual, más invisible que guía, que guía silenciosamente y que al menos en mi vida co-crea sentido.
¿Y ustedes? ¿Cómo vivieron estos últimos días? ¿Cómo se vienen sintiendo? ¿A veces se pierden y se reencuentran con ustedes mismas?
Les dejo unas fotos de mi paseo por Buenos Aires Market, feria de alimentos saludables. Ay, Dios Santo, con tanta gente y comida, quedé mareada. Por suerte, me encontré de casualidad con una vieja conocida (que con los años resultó ser la cuñada de mi prima) y ese encuentro casual me organizó. Le compré a ella las hamburguesas de quinoa ¡Y por primera vez puedo decir que una hamburguesa vegana supera a una de carne!

Feria de alimentos saludables

¡Me dio gracia este cartel!

Por si les interesa: http://www.casavegana.com

Un sano y rico cierre para estos días de reencuentro conmigo misma.
PD: Como siempre, interesados a taller de expresión escrita (abierto grupo del día miércoles): Ablandar la mano Y quienes quieran sumarme como amiga de Facebook: Ine Sainz ¡Buen arranque!
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De la mamá








