ROMA (EFE).- La gran muestra Il °700 a Roma, inaugurada el jueves último en el Palazzo Venezia de la capital italiana, descubre por qué esa ciudad fue lugar de paso obligado para cualquiera que en el siglo XVIII quisiera ser considerado una persona culta.
Es la Roma del Grand Tour, en la que confluyen antigüedad y modernidad, en la que el arte italiano dejará paso al predominio del gusto francés, en la que el arte sacro pierde su preponderancia en favor del pagano -mejor aún, del cotidiano- y en la que, al final del siglo, se preludia el Romanticismo inglés y alemán.
Y es la Roma que puede verse en las 230 obras que podrán disfrutarse hasta el 26 de febrero próximo. "La muestra pretende ser un verdadero viaje a través del siglo de la cultura del barroco tardío a las raíces de la modernidad", según Anna Lo Bianco, curadora.
La exposición se divide en tres secciones: una de imágenes y retratos de los protagonistas de la vida romana en el setecientos, otra con las ideas de la época y otra que enseña el cosmopolitismo que se vivía en la ciudad.