
Últimamente me estaba costando conectar con las nenas. Ellas me reclamaban, como siempre, proponían algún juego, o lo que fuere, y si yo no respondía atenta, recurrían al piquete (pintar el piso con crayones, revolear los almohadones del sillón o lo que pudieran).
No voy a decirles que estuviera en Babia (o tal vez un poquito), pero el asunto de mi incertidumbre laboral me tenía tomada. No es sólo una cuestión de querer crecimiento y bla, bla, sino que además, como la mayoría de ustedes, debo contribuir al presupuesto por una razón matemática, puramente. Y no había mañana o tarde que no me dijera: "hoy debo escribirle a Fulano o a Mengana". O sea, reactivar la red de vínculos y pasar el aviso: "ey, estoy acá, cuando me necesites contá conmigo"
¿Pero qué pasaba? Me pasaba las mañanas semifugada (las mañanas que no voy al teatro), pero cuando salía y me sentaba en el café, me desordenaba de una manera que no había modo de superar la inercia. Chequeaba emails, los respondía, daba mil vueltas por la Revista, leía todos los comentarios de todos los blogs, leía blogs de comentaristas, entraba a Facebook, volvía al Hotmail, abría un diario, abría otro, navegaba... y cuando miraba la hora, la pantalla decía GAME OVER. Ya se había terminado el tiempo, así que volvía a casa más confundida que al salir de la misma.
Esto me venía ocurriendo hace más o menos 2 semanas, sí, hasta ayer, digamos, que finalmente logré lo que no estaba pudiendo. Ya me levanté distinta, e hice lo mismo de siempre pero bastante menos exigida. No me pregunten qué pasó para que cambiara. Lo cierto es que en un momento, de la nada, volví a ponerme la peluca rosa de la foto, un tutú de tul del mismo color y música de fondo. "Bailemos", les dije a las nenas, y desde entonces hasta que Claudia tocó el portero el tiempo se hizo polvo. Fue tal la fusión que tuvimos, la entrega, las caras ridículas frente al espejo, las meneadas de cadera, la guitarreadas imaginarias, los tambores con libros de cuento... que en un momento llegué a decirme, a recordarme: "Inés, no hay momento más sublime que éste, no lo desaproveches."
Incluso, como hace tiempo, me costó dejarlas. Las abracé mil veces, las llené de besos, de cosquillas, empalagada de todas esas monerías que hacemos para divertirnos. China, también como hace tiempo, llorisqueó y no me soltaba. "No te vayas, no te vayas."
Cuando llegué al café, abrí la compu, chequeé mis emails, entré al blog, leí sus comentarios (interesantes, como siempre), los respondí a todos, a la mayoría (¡seguiré difundiendo!)... y luego, como si nada, como no podía ser de otra manera, volví al Hotmail y escribí 2 emails de trabajo que tenía pendientes hace meses.
¿Cuán conectados están con sus hijos o afectos en general últimamente? ¿Cuál fue el último momento SUBLIME que vivieron, solos o con ellos?
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De la mamá







