• HISTORICO

"No me gusta nadie": claves para abrazar ese momento de la soltería

Estás con ganas… pero el amor no aparece. ¿Qué onda? En esta nota, algunas claves para abrazar ese momento de la soltería.




Te la ves venir. En el almuerzo familiar o con tus amigas, alguien tira la pregunta: "¿Y de amores?". Y vos, que venís escuchándote contestar lo mismo desde hace tiempo, recitás otra vez tus cuatro palabras, quizá sin angustia, ni nostalgia, ni nada. Es algo que simplemente te pasa: no te gusta nadie.

Si repasaras las razones que ya diste mil veces, encontrarías que, de verdad, oportunidades no te faltaron. Te fuiste de viaje, conociste amigos de amigos, resignaste noches seductoras de manta y series para salir a bailar. Te bajaste las apps y tuviste unas cuantas citas y hasta aceptaste que le dieran tu WhatsApp a algún potencial candidato que una amiga pensó que sería un match asegurado. No es que seas una osa hibernando y tampoco sos una ciega incapaz de reconocer que alguien está bueno. Salís, estás con gente y, sin embargo, no te conectás. Nadie te despierta ni un poco de ganas de llegar, por lo menos, al "nos estamos conociendo". Como suele pasar en estos casos, cuando empezás a sentirte un bicho medio raro y a raspar un poquito para ver qué hay debajo de este tema, volvés a escucharte y aparecen muchas más preguntas que respuestas.

MIRÁ PARA ADENTRO

Si te pusieras a revisar qué pasa en tu entorno, si te preguntaras por qué no te gusta nadie y compararas tus respuestas con las de tus amigas, encontrarías que siempre se repiten más o menos las mismas: "Tengo la energía puesta en un proyecto personal importante" (recibirme, mudarme, crecer en la profesión, viajar); "me da fiaca resignar mi tiempo"; "ya no hay espacio para el encuentro o las conexiones reales"; "no tengo más ganas de perder tiempo en relaciones que no llegan a nada"; "tengo las expectativas altísimas y ya no me banco cualquier vínculo solo por estar con alguien".

Primero, salta rápidamente a la vista que la del bicho raro no es una teoría viable. Hoy, en los treintis, son cada vez más las mujeres que no logran sentirse seriamente atraídas por alguien que podría convertirse en una pareja y se las puede segmentar en dos grandes grupos:

1) LAS QUE BUSCAN AFUERA

Este es el team de las que aseguran que es imposible engancharse porque los hombres son todos iguales o no están disponibles; porque la virtualidad no ayuda a las relaciones verdaderas. Para este equipo, el tema del amor está agotado. Están cansadas, ni locas arriesgan un viernes de peli con helado por una mala cita, Tinder las aburre porque el chamuyo es siempre el mismo. A ellas la soltería no les pesa y dicen que "el afuera" configuró la realidad que hoy habitan sin drama, lejos de los duelos y de los histeriqueos.

2) LAS QUE BUSCAN ADENTRO

El team dos encuentra algo sospechoso en sus propias respuestas repetidas. Son las que, más tarde o más temprano –y aun habiendo jugado en el equipo anterior–, se paran a preguntarse qué les pasa con todo esto y si no tendrán ellas mismas algo que ver en el asunto. Frente a la misma situación, se cuestionan: "¿No será un tema mío?", "¿no seré yo la que se inventó un muro para evitar un vínculo más profundo?". Seguro podrías estar en los dos grupos a la vez –de hecho, todas lo estamos en diferente medida–, pero solo las que se bancan la incomodidad de revisar un poco el propio cuento tienen la capacidad de hacerse la pregunta clave: ¿para qué nos sirve que no nos guste nadie?

CAZÁ TU MIEDO

Que no quieras avanzar más allá de un par de citas con alguien –o ni llegues a eso– quiere decir que ni siquiera te das la oportunidad de ver qué pasa. Hay algo que está anulado de base. ¿Pensaste para qué te sirve eso ahí bloqueado? Aunque te parezca absurdo, para algo te está funcionando. Aunque sufras o asegures que no te sirve para nada, aunque en algún momento sientas que en realidad te encantaría enamorarte, la buena noticia es que todo esto siempre te está sirviendo para algo. Te está siendo útil en algún nivel del que probablemente ni siquiera seas consciente. Y encontrar esa respuesta es un poco la llave para destrabarlo.

Resulta que el miedo es siempre el factor determinante en esta historia. Y acá se pone difícil, porque esta emoción tiene mil disfraces. Todas esas razones que recitás convencida de por qué no hay nadie que te mueva un poco el piso son máscaras de miedos que se disfrazan de todos estos argumentos –que hasta suenan lógicos– y actúan como mecanismos de defensa para mantenerte a salvo de eso (lo que sea) que no te animás a enfrentar.

Es clave localizar dónde están atados los pánicos específicos de cada una y, a partir de ahí, linkearlos con los propios "para qué", que pueden tener un montón de respuestas. La más fácil de todas es que mientras le escapes a meterte en temas amorosos, habrá un miedo (o varios) que te ahorrás, porque ni siquiera sabés que lo tenés. No hay nada que lo exponga. Puede venir de experiencias anteriores, traumáticas, de fracasos, de malas referencias relacionadas con parejas importantes en tu vida, como la de tus propios padres. Puede estar trabajando para tu ego, haciéndote sentir que lo mejor es no ceder ni un milímetro de tus privilegios de soltera o esquivar un posible rechazo. Pero si lograste ver tu miedo con tus propios ojos, ya no podés ser indiferente. La única manera de ganarle es saliendo a enfrentarlo.

CLAVES PARA DESAFIARTE

  • Salí con alguien a quien nunca le hubieses dado bola. Muchas veces, si estás en plan Narcisa o sin intenciones de salir a cazar tus fantasmas, te sirve mirar siempre a las mismas personas. Apuntás solamente a los que sabés que no te van a gustar o con los que no vas a llegar a nada. Y en esa dinámica, quedan afuera muchas personas que ignorás por prejuicios o porque creés que no te gustan. Un experimento para desarticular tu propio engaño sería permitirte salir con alguien en quien jamás te hubieras fijado. Si los músicos te parecen hippies o los ingenieros te parecen serios, date la chance de salir con alguno. Si generás esa apertura, tal vez encuentres diferencias que te saquen de tu esquema y aparezcan nuevos datos tuyos frente a la novedad.

  • Andá a la tercera cita. El miedo también se disfraza de falta de ganas. Si tu objetivo es no engancharte con nadie, siempre vas a encontrar alguna excusa para terminar la historia antes de que empiece. Siempre te va a pasar lo de "me gusta un poco, pero algo no me cierra". Si viste a una persona una o dos veces y técnicamente no harías otra salida porque no te voló la cabeza, un buen experimento puede ser salir igual una vez más. No va a funcionar si no conectaste desde el minuto uno. Pero si te dejó un margen de duda, andá y observá qué te pasa antes, durante y después de la salida. Así vas a saber si lo tuyo es una fobia al amor o a una relación y vas a poder trabajarlo.

  • Repensate. Los psicólogos dicen que podés revisar o repetir. Si no reconocés tus propios moldes, te arriesgás a quedarte en tu burbuja "no-me-gusta-nadie" y seguir así. Pero si te animás a hacerte las preguntas con amor y sin juzgarte, para descifrar para qué te está siendo funcional, ganás la oportunidad de romper tus patrones. Una terapia, por ejemplo, puede ayudarte a entender por qué siempre salís con el mismo o nunca salís con ninguno. O a dimensionar el precio que estás pagando para preservarte. Y correrte de ese lugar hacia uno nuevo que, quién te dice, pueda gustarte mucho más. Abrirse a la aventura también vale en esto de armar una pareja.

SALIR DE LA BURBUJA: 5 disparadores para pensar

Por Patricia Faur. Psicóloga especialista en terapia de pareja.

A través de las apps, las redes, los viajes, los cursos o el coworking, vivimos en un mundo conectado. Lo cual no significa que haya una comunicación real, pero es un primer paso para salir de la burbuja. Por lo tanto, cuando nadie "te cierra", podemos pensar algunas hipótesis:

  • 1. ¿Estarás idealizando?: si pensás que la vida en pareja se parece a una foto de Instagram o a lo que ves en las revistas, tenés la frustración asegurada. No es posible ni se puede sostener un amor de película en la vida real. Habrá que elegir y renunciar a algo.

  • 2. ¿Te sentís obligada a estar en pareja?: estar en pareja no es una obligación y que no sientas deseo de tenerla no es síntoma de enfermedad. Hay personas que eligen otra manera de vincularse, esporádica, sin compromiso, sin proyecto, y no hay algo patológico en ello.

  • 3. ¿Qué modelo de pareja quiero para mí?: en tiempos de "matriarcado", del "8M", del "Me too", del "Ni una menos", las mujeres ya no sostienen roles que las hacen sentir "indignas" ni aceptan una sobrecarga en las tareas a compartir. Armar este nuevo modelo de relación es una tarea que demandará tiempo. No se cambian paradigmas en una semana.

  • 4. ¿Estoy dispuesta a renunciar al vértigo?: estar en pareja es abandonar el vértigo del enamoramiento para pasar a la cotidianeidad de la vida compartida, de ciertas rutinas y a veces, por qué no, de cierto aburrimiento. La pareja estable no es una montaña rusa.

  • 5. ¿Me dan ganas de aumentar la apuesta?: para las mujeres, estar sola ya no es algo que asusta sino que se disfruta. Tener una pareja es algo que les tiene que sumar y es verdad que ahí la franja de los posibles "candidatos/as" se achica. El amor no es perfecto; la pareja, menos. Pero compartir con alguien imperfecto nuestra propia imperfección es el gran desafío.

Experto consultado:Sebastián Girona. Psicólogo especialista en vínculos. Autor del libro No te aguanto más.

Maquilló Martina Bergesio para Kabuki con productos Mac Cosmetics.

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