Nueva York, desde otros puntos de vista

Un museo, un tour, una casa histórica y un paseo difícil de definir, para los que creían conocerlo todo en esta inabarcable ciudad

Por Daniel Flores

3 de febrero de 2013, 03:00

Nueva York, desde otros puntos de vista

NUEVA YORK.- Siempre hay algo diferente y nuevo para conocer en esta ciudad, que parece tener una respuesta, o incluso varias, para cada turista, hasta los de gustos e intereses más particulares y específicos. Eso la hace uno de esos destinos a los que siempre vale la pena volver. Aquí, algunas sugerencias poco transitadas para aprovechar en la próxima oportunidad.

The Ride te invita a dar una vuelta

El bus-platea de The Ride, donde el show está en la calle; la cocina de Satchmo, el amigo de los niños, y el Imperio Contraataca... en Queens
El bus-platea de The Ride, donde el show está en la calle; la cocina de Satchmo, el amigo de los niños, y el Imperio Contraataca... en Queens - Daniel Flores

The Ride es imperdible para dos categoría de turista: el fan de los city tours y el que jamás se subiría a un micro con guía. Es que esta atracción, que arrancó en 2010, supera cualquier expectativa con su insólita mezcla de tour, comedia stand up, musical, hip hop y reality show, todo a bordo de un micro parlanchín y cínico por la hipercéntrica zona de Times Square.

En el bus, los asientos no miran hacia adelante sino hacia el lado izquierdo, como en una platea frente a la que el escenario sería la calle. O la vereda, por la que transitan, como es habitual en esas manzanas, miles y miles de personas: muchos turistas, algunos neoyorquinos y, sorpresa, un puñado de actores del elenco de The Ride, mezclados entre la multitud, que irrumpen en escena desde la puerta de un hotel, en un parque o al salir de un restaurante. Nunca se sabe cuando un transeúnte más de pronto dejará de serlo y comenzará a rapear o bailar break dance o hará un número de comedia musical o tocará el saxo, para asombro de los pasajero del bus pero también de quienes caminan casualmente por ahí. Están los típicos neoyorquinos, bien acostumbrados a las más surrealistas situaciones urbanas, que siguen su camino como si tal cosa, y están también los vecinos con sentido del humor o sin sentido del ridículo, que se suman al show ante la platea de The Ride.

En el micro, en lugar de los típicos guías, las explicaciones las dan dos probables estudiantes de teatro, agudos aspirantes a tener algún día su propio late show a lo Conan O'Brien. La pareja interactua con The Ride, que sería el nombre del micro, un móvil con personalidad propia y un sentido del humor ácidamente neoyorquino. Entre los tres, además de muchos chistes, aportan datos curiosos sobre la historia y el presente de Nueva York que escapan a los city tours convencionales.

The Ride, espectáculo y tour a la vez, es todo un hit, aunque antes de subirse hay que tener en cuenta que es totalmente hablado en inglés.

Aquí vivió Satchmo

Dicen que Louis Armstrong compuso "What a Wonderful World" a partir de sus vivencias en esta discreta casa del barrio de Queens. Y que cuando cantaba en ese clásico de clásicos "escucho bebes llorar, los veo crecer; aprenderán mucho más de lo que yo jamás sabré...", se refería a los chicos del barrio que conocía desde recién nacidos y que, en aquellos dulces tiempos, se sentaban en los escalones de su puerta para escucharlo tocar. La escena de Sachtmo rodeado de niños, la misma casa y cada una de sus historias son tan emotivas como la propia armonía de "What a Wonderful World".

Nacido pobre, en la zona roja de Nueva Orleáns, se dice también que Armstrong tenía cierta debilidad por los hoteles y la vida en la ruta, y que a pesar de su próspera carrera nunca había querido asentarse en un domicilio fijo. Hasta que su cuarta esposa, Lucille, lo convenció de comprar esta relativamente austera (para semejante celebridad) propiedad en una zona proletaria de Queens. Allí estuvieron desde 1943 hasta sus respectivas muertes, en 1971 y 1983. Desde 2003, la casa se puede visitar, conservada con buena parte de su mobiliario original de un modo que da la impresión que los Armstrong podrían aparecer en cualquier momento para agasajarnos con una fuente de arroz con porotos, como tanto le gustaba al músico. Uno de los hits es, justamente, la cocina, con sus entonces futuristas muebles azules, con gabinetes practiquísimos, diseñados especialmente para Lucille, ávida consumidora de revistas de decoración. Otro punto alto es el escritorio de Armstrong, con sus anotaciones y cintas magnetofónicas, testimonio de un hombre obsesivo que grababa el audio de todo tipo de situaciones, desde artísticas hasta cotidianas, que luego archivaba y catalogaba puntillosamente, según un personal sistema.

"Cuanto más sé de Louis Armstrong, más lo aprecio", observa David Reese, curador de la casa museo. Cualquiera que visite esta sencilla casa de dos plantas sentirá lo mismo.

Excursión al Harlem diurno

El bus-platea de The Ride, donde el show está en la calle; la cocina de Satchmo, el amigo de los niños, y el Imperio Contraataca... en Queens
El bus-platea de The Ride, donde el show está en la calle; la cocina de Satchmo, el amigo de los niños, y el Imperio Contraataca... en Queens - Daniel Flores

Hasta hace pocos años, el Harlem era para los turistas (y probablemente también para muchos neoyorquinos) una tierra incógnita al norte de la calle 110, en la isla de Manhattan. Sin embargo, en los últimos años, el gueto afroamericano, donde alguna vez tuvieron sus casas de campo los neoyorquinos más prósperos, se fue transformando. Hoy, es más bien un barrio latino y ciertamente no tan peligroso como en otras décadas. Para conocerlo, claro, basta con tomarse un metro más allá del límite norte del Central Park. O subirse al micro de Harlem Spirituals, compañía que ofrece tours por lo más significativo e histórico de este barrio. Algunas paradas son la catedral de San Juan el Divino, donde tuvo sus funerales el pianista Duke Ellington; el Teatro Apollo, famoso por sus fundacionales conciertos de música soul; una casa del legendario jazzman Count Basie y otros iconos relevantes de la cultura negra en los Estados Unidos. Pero lo más esperado es la visita a una iglesia para asistir a una sesión de gospel con todos los condimentos: un coro de voces increíbles, testimonios de pecadores recuperados gracias a la fe (y la música), expresiones de euforia y un gran final como para mover al más escéptico. Recobrada la calma, el tour termina en un buen restaurante de soul food, la típica cocina afroamericana (pan de maiz, pollo frito), como el muy recomendable de Sylvia's (la reina del soul food), en la avenida Lenox, también conocida como Malcom X Boulevard.

Una muestra en movimiento

El bus-platea de The Ride, donde el show está en la calle; la cocina de Satchmo, el amigo de los niños, y el Imperio Contraataca... en Queens
El bus-platea de The Ride, donde el show está en la calle; la cocina de Satchmo, el amigo de los niños, y el Imperio Contraataca... en Queens - Daniel Flores

Están el MoMA y el Met y el Museum of Natural History, esa elite de museos que casi todo visitante quiere tildar en su lista de imperdibles al pasar por Nueva York. Tan fundamentales y con tanto para ver que no siempre dejan tiempo ni aliento para probar otros museos, de pretensiones más modestas, pero también con colecciones y propuestas muy interesantes. Y con un gran punto a favor: pocas visitas, lo que permite recorrerlos casi en exclusiva, cómodamente, algo improbable en los museos del Grupo A.

Al Museo de la Imagen en Movimiento, de Queens, difícilmente algún turista llegue a partir de leer una pequeña mención perdida en una guía. Se necesita más bien una enfática recomendación para tomarse el metro hasta la estación de Steinway Street. Pero el lugar lo vale. En parte, de hecho, por su locación: brinda una perfecta excusa para salir de Manhattan, de los circuitos más saturados, y echar un vistazo a otra Nueva York, un poco por fuera del mapa chico.

Desde ya, el museo en sí tiene sus méritos. Está dedicado a la imagen en movimiento, con un fuerte acento en el cine, pero también con referencias a la televisión, la animación, los video-juegos e incluso a esculturas cinéticas e instalaciones de video arte. No es un museo de la historia del cine sino una muestra interactiva sobre la producción de imágenes en movimiento en términos un poco más amplios.

Las instalaciones son impecables: el museo reabrió el año último, luego de una profunda refacción. Allí se puede desde experimentar con efectos especiales, producir un muy elemental corto de animación, ponerse nostálgico con la muestra de juguetes de la Guerra de las Galaxias (¡colección completa , Estrella de la Muerte incluida!), jugar una ficha al Donkey Kong y quizás coincidir con la proyección de algún preestreno. La tienda de regalos, un verdadero almacén de curiosidades para cinéfilos, es otra buena razón para aventurarse hasta este museo perdido en Queens, mientras el resto del mundo hace fila para ingresar en el MoMA.

Datos útiles

Cómo llegar

  • Por United Airlines. Vuelo diario sin escalas Buenos Aires-aeropuerto de Newark; en economy, desde 1280 dólares; en business, desde 5258 dólares. www.united.com

Qué hacer

  • The Ride: todos los días menos los martes. Desde 69 dólares. www.experiencetheride.com
  • Casa de Louis Armstrong : de martes a domingos. Adultos, 10 dólares (menores, 7). Calle 107 y avenida 37, Corona, Queens. www.louisarmastronghouse.org
  • Museum of The Moving Image : abierto de martes a domingos. Adultos, 12 dólares; menores de 12, 6; menores de 3, gratis. Avenida 35 y calle 37, Astoria. www.movingimage.us
  • Harlem Spirituals Tours : Recorrido de cinco horas, con almuerzo; 105 dólares (menores, 75). www.harlemspirituals.com
  • Más información NYC & Company (Oficina de Turismo de Nueva York), Viamonte 640 3° of. 10 www.nycgo.com