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 • HISTORICO

Otro día Mariposa (por Laura)*




*Semanas atrás me hice la pregunta: ¿Cómo sería mi vida si sólo durara un día? ¿Cómo sería mi vida si fuera una mariposa? Y la respondí en lo que yo llamé Mi Día Mariposa. Me gustó hacer de esa pregunta una consigna y encontrarme, sorprenderme con otros textos, con otras respuestas. He aquí el Día Mariposa de Laura, 30 años, Lic. en Administración (el texto fue escrito en el marco de mi taller).
Mi día mariposa arrancaría con insomnio. Saber que será mi único día en la Tierra me daría tanta ansiedad que dormiría poco. Me levantaría cansada y pensando que ser feliz no debería ser una carga. Decidiría posponer por un rato el "gran, único y maravilloso día mariposa" y volvería a la cama a dormir hasta el mediodía.
Me despertaría el olor a café en la cocina. No sabría quién lo preparo, tampoco me lo preguntaría.
Saldría a caminar por una ciudad cualquiera y para mi sorpresa, sería una ciudad hermosa. Podría ser Roma. Caminaría por sus calles pintorescas, admiraría fuentes, escucharía a sus músicos callejeros, me pararía en los puestos y empezaría a creer que se puede ser feliz con pequeñas cosas. Me compraría una baguette de jamón crudo y queso, me sentaría a almorzar en la puerta de un Panteón milenario y pensaría que solo por ese paseo valdría la pena mi día.
Al rato cambiaría de opinión. Sentiría la necesidad de algo más pero no sabría por dónde arrancar a buscarlo. Para pasar el tiempo, hablaría con los desconocidos que me rodean. Sin tapujos, sin excusas, sin importarme el qué dirán, con la total seguridad de que mi ego no va a sobrevivir otro día para sufrir las consecuencias.
En poco tiempo conocería mucha gente, entre ellos; a un chico morocho que hablaría bajito y que tiraría la cabeza para atrás cada vez que se riera. Estaríamos un rato largo charlando y lo invitaría a acompañarme caminando a Disney. Me diría que sí.
En el camino, mi nuevo amigo me preguntaría por qué quiero ir a un parque de diversiones y le explicaría que en condiciones de simple mortal yo le tendría miedo a las alturas, a los juegos mecánicos y a los aviones, pero como sólo voy a vivir un día, todos esos miedos abandonan su lógica. Aunque, mientras caminamos mirándonos de reojo, pensaría que cada hora cuenta y que no me gustaría que mi "gran, único y maravilloso día" terminara unas horas antes por el descarrilamiento de una montana rusa.
Llegaríamos a Disney y en la puerta me encontraría con tres nenas que me abrazarían y no se me despegarían. Me emocionaría tanto cariño y me sentiría aún más feliz. Subiríamos los cinco a un carrito y, entre risas y gritos, descubriría el sabor de la adrenalina. Bajaría sintiéndome en la gloria y dejaría a las nenas con sus papás, que me caerían muy simpáticos. Volvería para proponerle a mi amigo de voz bajita ir al tren fantasma pero me sorprendería verlo alejándose, caminando hacia la salida. Me daría mucha tristeza y correría a preguntarle por qué se va pero enseguida me frenaría y lo dejaría ir.
Caminaría desilusionada por una calle llena de teatros. Lo extrañaría a él, a las nenas y a ese momento feliz en la montana rusa. Estaría desconcertada, nostálgica. Pensaría que mi día mariposa, hasta el momento, se estaría pareciendo mucho a un libro de Murakami. Un solo día en la Tierra y a mí me rompe el corazón un extraño.
Seguiría caminando hasta que ¡Bingo! ¡Tocaría Coldplay en el Gran Rex! Iría a la boletería y descubriría que hay esperando una entrada en primera fila a mi nombre. Disfrutaría todo el espectáculo, sentiría que todas las canciones hablan de mí, cantaría como si se me fuese la vida en eso, y en el momento cumbre, en alguna canción triste, Chris Martin se acercaría y me levantaría. Sí, me levantaría y flotaríamos los dos en el aire, rodeados de luces amarillas. Nos miraríamos a los ojos, los suyos tan claros, los míos tan oscuros, y él me cantaría: "I will try to fix youuuuuu".
Al segundo siguiente estaría sentada otra vez en mi butaca. Las luces estarían encendidas y no quedaría nadie en el teatro, salvo una chica rubia unos asientos a la derecha:
-No te lo puedo creer -me diría-. Fue impresionante. A mí una vez me pasó algo parecido pero con Adam Levin, ¿ubicás Maroon Five? Vamos a tomar unos tragos y te cuento.
Me divertiría tomando margaritas en un bar con mi nueva amiga. Seríamos graciosas, nos reiríamos de todo y de todos, pero, más aún, de nosotras mismas.
Al rato descubriría que tengo en mi cartera un celular sonando. Sería un mensaje de alguien invitándome a cenar. A esta altura, debería preguntarme quién es y por qué me escribe pero, la verdad, no lo haría.
Llegaría a la dirección del mensaje y sería un bar de jazz. Me encontraría con un chico con el que me haría bien charlar. Tomaríamos vino, comeríamos una picada y después del quinto brindis, nos daríamos un beso. Un beso lindo. De esos que podrías pasarte toda la vida rememorándolos. Seguiríamos charlando pero ya no lo sentiría como un desconocido.
Después iríamos a una fiesta en una paya. En el camino frenaríamos ante un paisaje espectacular y haríamos el amor en el auto. Con intensidad, con la seguridad que da el amor pero sin la rutina que trae la certeza.
Llegaríamos a la fiesta en la playa y entraríamos de la mano. Habría una pista rodeada de antorchas y en el medio, una pareja de unos 70 años bailando. Me emocionaría descubrir lo parecida que soy a la señora y me sumaría a bailar con ellos. En un rato seríamos varios más y pensaría que sería capaz de quererlos a todos, que mágicamente podrían ser mis hermanos, mi familia, mis amigos.
Sería una noche única. Con viento suave. Con el horizonte despejado. Vería una estrella fugaz y le pediría un deseo.
Al amanecer, me acercaría a la orilla, me sentaría y dejaría que las olas alcancen mis pies. Volvería a estar sola. Pensaría que mi día valió la pena. Que no siempre fue fácil pero que daría lo que fuera por un día más. Uno más. Cerraría los ojos y pensaría: "no me quiero ir, no me quiero ir, no me quiero...". Sentiría que me tocan el hombro, abriría los ojos y vería a Teo de Madariaga* con un café en una mano y dos medialunas en la otra. "El primero que llega al Balnearios Teo’s tiene el desayuno de regalo".
¿Y ustedes? ¿Qué no dejarían de hacer por nada del mundo en su único día de vida?
*Dueño de un balneario veraniego que Laura frecuentaba de adolescente.
PD: Nos vemos el viernes. Aquí recuperándome de fuerte gripe. ¡Que tengan un excelente día!

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