Amo las mañanas. No digo que las prefiera a la noche. No entremos en comparaciones que ya sabemos son odiosas.
Pero mientras salgo del departamento y camino la primera cuadra (oh, sí, después de haberme llenado la boca expresando mis sentimientos maternales) me encuentro pensando: "Tenés que hacer un post de este momento, un texto de cuánto disfrutás a diario cada mañana".
No porque me vaya de casa, sino porque voy a mi encuentro. Voy, vengo a estar sola, a ponerle palabras a mi vida, a crear un orden (oh, sí, a trabajar), a tener alguna que otra reunión, a conectarme virtualmente con otros adultos, entre otras cosas.
Elijo un café a unas 7 u 8 cuadras. Podría quedarme en uno más cerca (a la vuelta) y aún así, prefiero aquél, el mío, un poco más alejado, porque me gusta eso de tener que caminar un trecho (e ir respirando aire y masticando pensamientos). Nunca hago exactamente el mismo recorrido, pero casi siempre elijo cruzar el parque, diagonalmente. No llego a sentarme en un banco, sí a mirar, curiosear realidades tan ajenas... como la mujeres mayores, todas emperifolladas deportivamente, intentando copiar las formas y movimientos de su profe de aerobics.
Cuando entro al café, visualizo mi mesa, mi preferida. Saludo a Marcelo, el encargado y a Fernanda, la camarera, que es una joven amorosa (si está leyendo esto, le mando un beso). Ella se me acerca y me tira: "¿Lo de siempre, reina?" Ahhh... Me gusta que me llame "reina", porque así me siento, en este "mi segundo hogar", como ella misma lo apoda. Y basta con que le sonría para que ella me entienda; siempre pido lo mismo, rara vez lo cambio, sólo en días en que estoy enferma, o con dolor digestivo.
Un jarrito más leche que café... y para empezar, una medialuna de grasa. Para empezar. Después, a mi ritmo, yo misma camino hasta la bandeja de facturas y me tomo el atrevimiento de servirme la segunda.
Agarro diarios, revistas, computadora... y así empieza mi jornada. Lunes, miércoles y viernes hago todo a las apuradas porque quiero que el post se publique lo más temprano posible. Cuando tengo dudas con las fotos, vuelvo a Fernanda. Ella ya sabe que cuando la busco con la mirada es que estoy necesitándola para que me ayude a elegir entre 2 o 3 fotos. "Pedime que me gusta hacerlo", me ha dicho... y será que soy indecisa o que me gusta que alguien corrobore mi punto de vista porque siempre termino consultándole.
Martes por las mañanas tengo reunión de trabajo, reunión que me está esperando, como me esperan los emails varios a responder, las correcciones a hacer, la clase a terminar, etcétera.
No sé en qué momento ese calmo clima mañanero se transforma en pura actividad, en un hacer productivo que exprime al máximo su tiempo y su lucidez para optimizar el rendimiento y volver a casa, relativamente temprano. Muchas veces quisiera mantenerme en ese estado celestial del arranque del día, pocas veces lo logro. Incluso en ocasiones, lo saben, termino cargada, abrumada, estresada por huevadas cósmicas o por asuntos en efecto importantes.
Pero bueno, así son las cosas. Todo no se puede. La mañana es la mañana.
¿Cómo viven ustedes sus mañanas? ¿Cómo desayunan? ¿Cuál es el momento de la mañana que más disfrutan?


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De la mamá







