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Sebastián Wainraich: ¿armar el arbolito judío?

¿Quién dijo que la Navidad es patrimonio del catolicismo? Nuestro columnista encuentra más de una coincidencia con otro de la cole, Jesús. Opiná.


Créditos: Ohlalá



En las vísperas de Navidad, siempre me enfrenté a las mismas preguntas de amigos, vecinos y extraños: ¿ustedes festejan?, ¿te digo feliz Navidad?, ¿armás el árbol?, ¿te juntás con tu familia?, ¿se hacen regalos? Qué difícil era encontrar respuestas para conformar a mi interlocutor y a mí. Hasta que un día, hace mucho tiempo ya, no 2008 años –pero hace un tiempo largo ya–, me enteré de que Jesús era judío. Como yo. Es cierto, con más reconocimiento y más pelo. Y más de todo. Más personalidad, más sacrificio, más carismático. Pero, en definitiva, judío. Si también era argentino, cartón completo. Y si llegaba a vivir en Villa Crespo, Dios mío, ¡éramos clones! Pero es pedir demasiado.
Tener una coincidencia con Jesús no es poco. Después, vienen las diferencias. Mi papá es grosso, pero tampoco es Dios. Mi mamá no tira la chancleta, pero tampoco es virgen. No me hicieron canciones y mi cumple es en mayo. Jesús. Creo que es el hombre que toda mujer hubiera querido tener. Para las hippies, estamos hablando de un pelilargo idealista repleto de amor y bondad. Para las chicas clase media, estamos en presencia de un chico de buena familia, con cara de buen estudiante y trabajador. Y para las más chetas, Jesús resulta ser ese muchacho que enamora a la chica de familia bien porque llega para mover las estructuras y mostrar que el mundo no es sólo la 4 x 4 y la casa en el country. Lo veo como un yerno ideal, que cualquier suegra recibiría feliz en su casa. Es cierto, tal vez las más conservadoras, le hubiesen sugerido un corte de pelo y un vestuario un poquito más tradicional. Pero no mucho más.
Si me preguntan, a mí me hubiera gustado ser amigo de Jesús. Los hombres disfrutamos cuando tenemos a un compañero fachero, ganador, entrador con las mujeres. No lo vemos como competencia. Al contrario, sentimos que es un eslabón necesario en la cadena para llegar a ganar un amor o al menos para jugar el triste, pero a la vez reconfortante, papel de levantar la miguita que a él se le cayó. Jesús, en esta época, me permito pensar, hubiera tenido un discurso progre con su desesperada búsqueda por la justicia social. Vaya uno a saber si hubiera querido que toda una religión se basara en él (demasiada presión). No lo imagino con Facebook, sí como estudiante de teatro o de Letras, buen deportista, excelente guitarrista de fogón, viviendo en un PH. Lo imagino gran consejero, dispuesto siempre no sólo a poner la otra mejilla si no también el oído para escuchar a un amigo y el hombro para consolar a quien le hiciera falta. Y perdón por la insistencia, pero estoy seguro de que hubiera sido un galán de esos que no sobran. Lo supongo humilde, diciendo: "Ché, festejemos mi cumpleaños el 24 a las 12, pero tampoco quiero que pare el mundo por mi y que tiren cohetes y que al otro día sea feriado, no es para tanto. Juntémonos a tomar algo en casa, a morfar si quieren, pero tampoco tiremos la casa por la ventana. Traigan gaseosas y algo salado. Yo pongo el pan y el vino". Ojalá que nada de esto falte en sus mesas en estas fiestas. ¡Hasta el año que viene!

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