Hubiera deseado un fin de semana distinto al que estoy cerrando, pero... no soy la única responsable de mi existencia, de su dinámica... Sí en gran parte, pero también convivo con otros con quienes me veo obligada a cerrar acuerdos, a negociar trabajos y fechas de entrega.
Ojo, cuando mi "jefe" (y uso las comillas porque no es literalmente un jefe, sino un productor de tevé que me encarga determinados trabajos) me pidió que tuviera... todo listo para el pasado viernes, a más tardar para el domingo, llegué a sentir alivio. Necesitaba un deadline para concentrarme mejor y darle a un cierre a lo que venía haciendo. Pero nunca imaginé que esa entrega me tomaría por completo.
Por suerte, el viernes en un rapto de lucidez, me dije: "pedile una mano a Belén" (Belén limpia en casa de Paulina, amiga mía, mamá de Clara).
Venía de una semana preocupantemente desordenada (sobre todo a nivel doméstico). El puntapié de ese caos había sido el festejo hogareño del cumple de Lupe, con 15 niños y unas 6, 7 madres. A eso se sumó que Violeta estaba -y sigue- de vacaciones, que yo tenía el doble de trabajo, y sin conexión web (trabajo desde casa).
Confieso que el hecho de arrancar el fin de semana con un recuperado orden (orden y limpieza) me ayudó a sobrellevar las renuncias y a mantener una productiva calma.
El viernes a la noche tenía una cena, el sábado, un asado con ex compañeros del colegio. Y no, no pude asistir ni a una ni a otra.
No sólo no llevé a mis hijas a cenar afuera ni a pasar un día al aire libre, sino que, pobrecitas, las tuve adentro todo el sábado, mirando películas, jugando a la mamá y a la hija, mientras yo, a su lado, con auriculares puestos, iba escuchando entrevistas, escribiendo, copiando time-codes.
Eso sí, me di recreos. Almorzamos afuera, fuimos al super (ah, qué joda. Vieran lo felices que ellas se ponen cuando les digo: "¿vamos al Disco?" En el Disco hay carritos a los que subirse, mientras yo las paseo, a diferencia del mercadito chino). Y cocinamos un bizcochuelo. Un bizcochuelo de vainilla, de caja, Exquisita.
Ah, y también nos armamos una picada. Con jugos, cerveza, papas fritas, queso crema.
A pesar del esfuerzo que estaba haciendo, me sentía disfrutándolas.
Para coronar el finde, el domingo por la mañana tuve que llevarlas conmigo a la productora (no me quedó otra). Pero organicé el traslado como si fuera toda una aventura: "¿quieren acompañar a mamá al trabajo?" Compré cuadernos para pintar, lapicitos... y mientras yo entrevistaba a una joven mexicana vía Skype, ellas, sobre el piso, coloreaban a Tinker Bell.
Ya después vino el padre e imagino ellas habrán empezado una segunda parte del domingo más... más esperable.
Yo tuve que seguir. Y casi que termino, pero todavía me faltan un par de documentos. ¿Vieron la liberación que sienten después de rendir un examen difícil? Bueno, así, así, así estoy por sentirme. Quiero, quiero.
¿Y ustedes? ¿Cómo vivieron estos últimos días? ¡Díganme que descansaron! ¿Cómo llevan los momentos álgidos de trabajo?

Desayuno del domingo. Antes de salir al trabajo.

El trabajo más lindo
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