Soñar

El editorial de diciembre de la directora de OHLALÁ!, Teresa Elizalde

Por Redacción OHLALÁ!

9 de diciembre de 2013, 13:03

Soñar
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Llegaba diciembre y sabía que se acercaba el momento clave: la visita a Papá Noel. La escena, cada año, era más o menos la misma: mi mamá nos llevaba a mis hermanas y a mí a la tienda Harrods en la calle Florida. Hacíamos una fila eterna hasta que dejábamos la carta con los pedidos, nos sacábamos la foto, volvíamos a casa y la poníamos en la mesa donde estaba apoyado el arbolito de Navidad, sobre un papel crêpe verde. Nada más simple. Nada más ilusorio que creer que luego de esa visita y esa carta, la noche del 24, yo iba a recibir de regalo lo que había pedido. Pero en ese espacio irreal, en ese hueco mágico, estaba la gracia, la esperanza. Porque lo que hacía era entrar por un tiempo al mundo de la ilusión, al mundo donde las cosas se hacen realidad con solo pedirlas. Era el tiempo del milagro, de confiar y de soñar.

Quizá sea por ese recuerdo que, cuando llega diciembre, siento que hay que darse la libertad de soñar y de desear. De ponerles palabras a nuestro sueños. Y de pedir. Lo que sea. Lo que nos haga bien. Lo que realmente nos haga sentir mejor. Porque en una de esas se nos da. La ligamos. Y está buenísimo.

Claro que hay que ayudar a que ese sueño se concrete. Y a veces hay que moverse, arrimarse un poquito a lo que nos interesa, activar. Generar un poco de ruido. Como decimos en la tapa de este mes, soñar, sí, pero no quedarnos dormidas. Para que lo que pidamos se dé. Para que la esperanza se acorte. Para que aquello que el universo tiene para nosotras se acerque y ese deseo nuestro se acomode a la realidad. A lo que somos. A lo que nos hace bien y mejores personas.

El año pasado, repetí el ritual de ir a ver a Papá Noel con mi hija. Pero cuando estábamos en la fila, se quiso ir. Después, miró con desconfianza a esa persona grandota de barba y tuvo más ganas de salir corriendo que de sonreír para una foto. Pero cuando, ya de regreso en casa, pusimos la foto junto al árbol de Navidad, sonrió. Y me preguntó si sus regalos iban a venir dentro de esa bolsa roja como la que estaba junto a Papá Noel. Este año, vamos a ir de nuevo. Para entrar juntas en ese mundo alejado del presente, que supera, como decía mi adorado tío Federico, lo controlable; vamos a creer en un mundo invisible, más allá del plano físico, más allá de lo lejos y de lo cerca.

Que tengan un fin de año maravilloso, lleno de ilusión, y que puedan volar con sus sueños hasta que se hagan realidad. Para entonces volver a soñar.