Newsletter
Newsletter
 • HISTORICO

SOPHIE




La primera vez que ví a una mujer por parir fue a su madre, Elena. Yo andaría alrededor de los 7 y ésta estaba recostada en la habitación de la Clínica, lista para sala de partos. Temblaba. Sí, me llamó mucho la atención que estuviera tan nerviosa (yo estaba tan lejos de todo eso) porque "llegara el momento".
Tengo imágenes vagas y dispersas de su primera infancia. Caminaba en puntitas de pié y dormía con el culo para arriba, como un conejo. Así la recuerdo en la cama de Lidia, nuestra abuela. Era altanera, malcriada, divertida.
Recién a sus 10 años, cuando, por esos caprichos del destino, sus papis dejan este mundo, el vínculo con mi prima se torna más fluido. Y más profundo.
Recuerdo con mucha nitidez el día después de aquélla segunda tragedia. Digo "segunda" porque mi tío, su padre, había fallecido hace 2 meses y su mujer, Elena, la que temblara en la Clínica con justa causa, inexplicablemente también muere. Al día siguiente voy a buscarla a Sofía a casa de unos amigos, y cuando entro al dormitorio en el que estaba, me la encuentro tirada en el piso, leyendo el Viejo Testamento (versión para niños). Silenciosa, shockeada, sin consuelo.
A partir de entonces ella empieza a vivir en lo de mi abuela, y comenzamos a vernos más seguido. Pero aún así, todavía seguía habiendo una brecha entre ambas, una distancia generacional que hacía de mí una adolescente -ya en la facultad- y de ella, una niña -aún en el colegio.
Recién cuando nos vamos a vivir juntas (ella, queriendo dar el primer paso hacia su independencia; yo, separada de estreno), logramos relacionarnos de un modo más parejo, más cercano.
¡Y nos reímos de lo lindo! Aunque -en el último tiempo- también nos desencontramos.
Cuando este año cumplí años ella vino a buscarme al jardín, con un regalo y una cartita. Y para mi sorpresa, después de algunos años, volví a sentirla cerquita. No sé a ciencia cierta qué significa esto, pero está bueno que haya sucedido. Que nos reencontremos, que nos aprovechemos: ¡que disfrutemos el vínculo!
He aquí la primera Reina Tirana -que conocí- con todas las letras. Voilà Sophie! Mi prima, mi primita. Chiquita, fuerte, escorpiana, decidida, bella, talentosa... pero por sobre todas las cosas: GIGANTESCA.
PD: Y hoy vamos a hablar de reencuentros con los seres queridos. ¿Son de dar la iniciativa? ¿Cuán fácil se reconcilian? ¿Cuál fue el reencuentro (en un sentido amplio, puede ser con alguien que vean a diario) más lindo de este último tiempo?

¡Compartilo!

En esta nota:

SEGUIR LEYENDO

“Muchacha, hacete el Papanicolaou”

“Muchacha, hacete el Papanicolaou”

Tapa de revista OHLALÁ! de abril con Gime Accardi

 RSS

NOSOTROS

DESCUBRÍ

Términos y Condiciones


¿Cómo anunciar?


Preguntas frecuentes

Copyright 2022 SA LA NACION


Todos los derechos reservados.