Por Willie Carballo Especial para lanacion.com
Pocos países han superado períodos tan traumáticos como Sudáfrica, hoy en el centro de la escena por ser sede del Mundial 2010.
Sin una verdadera explosión, pero sí con "temblores" periódicos, la integración que han logrado y siguen buscando parece un milagro. Por darle un calificativo.
Sudáfrica es un país alegre, cálido con el turista, muy receptivo; su gente es amistosa, eficiente, bien predispuesta, respetuosa, ordenada, orgullosa del trabajo bien hecho. Mucho de lo que tan bien nos vendría aprender.
La bienvenida al turista es de las mejores del mundo. La belleza natural, incomparable. Ya sea su fauna, renombrada por sus safaris; pero también su flora. Lugares como Ciudad del Cabo, su Montaña de La Mesa, quizás una de las vistas más impactantes del planeta, sus playas de arenas blancas, nada que envidiar a las del Caribe.
Sus vinos, de calidad renombrada en todo el mundo, y uno de los secretos mejor guardados, su gastronomía de excelencia. Curiosamente cuenta con dos restaurantes dentro de los 50 mejores del planeta y con tres de los 100 primeros, según la San Pellegrino Annual Awards . Uno de ellos es el número 12°, La Colombe, en Constantia Uitsig, Ciudad del Cabo.
Paso a paso
La integración se va logrando progresivamente; ya no hay lugares vedados para nadie, y cada año se nota un avance en este sentido.
La juventud tal vez sea la que mayores pasos hacia esa dirección da; se ven cada vez más parejitas tomadas de la mano disfrutando de esa libertad bien ganada. Quizás los mayores sean quienes todavía tienen más dificultades para adaptarse a este nuevo mundo que les toca vivir. No es fácil olvidar la injusticia, el dolor y la pérdida.
Pero se trabaja en conjunto intentando salir adelante en un mundo complejo y se comienzan a equiparar los niveles intelectuales, dada la importancia que se da actualmente a la educación. Sudáfrica es un país pujante y si bien hay diferencias, se advierte la intención por superarlas.
Y sin negar que el crimen existe, como existe en otros países, la diferencia estaría en que en otros no tiene tan mala prensa como aquí.
He visitado Sudáfrica periódicamente por casi 40 años, en especial durante los últimos 15, todos los años, y nunca sufrí un episodio de inseguridad pese a haber transitado por infinidad de lugares a lo largo y ancho del país. No soy el único: conozco muchos viajeros que tampoco han sido víctimas de delitos y en cambio han disfrutado de las bondades de un maravilloso país.
Valores en juego
La creciente clase media africana ha tomado posición de lugares que antes le eran vedados, como restaurantes, espectáculos y playas, de un mar maravilloso.
Hay mucha gente que se traslada en automóviles, ya que el transporte público es escaso y una de las asignaturas pendientes. Los trabajadores africanos se movilizan en minibuses que circulan por todos lados, con ruidosas bocinas y a mayor velocidad que los demás.
Los sueldos varían; van de básicos de alrededor de 1000 dólares a buenos estándares, de 3000, o superiores, según el tipo de empleo.
Los valores en los supermercados no superan los de la Argentina y en algunos casos son inferiores; la calidad de los productos en general tiene estándares altos, similares y hasta superiores a los europeos.
De la parrillada al pescado
En el mejor restaurante de Ciudad del Cabo el menú degustación de cinco pasos del chef ronda los 100 dólares con vino incluido (es el que figura entre los 12 mejores del mundo). Un muy buen almuerzo puede llegar a los 12 dólares. La comida es de calidad superlativa en la mayoría de los restaurantes; hay especialidades étnicas de todas latitudes, fusiones de Occidente y Oriente.
El "bobotie" es uno de los platos típicos, con gran influencia malaya, sobre la base de carne, verduras, arroz y especias.
Curiosamente, otra de las comidas más tradicionales es la parrillada: "braaivleis", que no difiere mucho de la nuestra, sólo que es más condimentada.
Sudáfrica cuenta con carnes rojas muy buenas; por lo pronto, el cordero es excelente. También el pollo; superlativos, los pescados y mariscos. Los vinos de altísimo nivel, son de precios muy moderados: una botella en un restaurante puede costar 10 dólares; en un restaurante caro, un vino de alto nivel puede estar en 50 de la misma moneda.
No es más caro vivir en Ciudad del Cabo que en Buenos Aires, y algunas cosas son hasta más baratas.
Shoppings
Ciudad del Cabo, más turístico, V & A Waterfront (símil a Puerto Madero); más sofisticado, Cavendish Square en Newlands.
Johannesburgo: Rosebank y Sandton shopping Malls, los dos centros comerciales de la ciudad.
Restaurantes recomendados:
Ciudad del Cabo. Pescado, The Codfather, en Camps Bay; Sofisticado, Aubergine, en Gardens. El mejor del país: La Colombe en Constantia. El más tradicional, La perla en Sea Point, frente al mar. Comida africana, vale la visita al Africa Café en Downtown.
El mejor 5 o´clock tea: Mount Nelson hotel
Johannesburgo. La mejor carne, The Butcher Shop & Grill en Plaza Mandela -Sandton; Linger Longer: tradicional; Yum: moderno, comida sudafricana. El mejor en la ciudad: The Michelangelo Hotel en Sandton
Algunos imperdibles
Ciudad del Cabo: Montaña de la Mesa, Jardin Botánico, playas Clifton,Camps Bay, Noordhoek. El Cabo de Buena Esperanza vía Chapmans Peak. Winelands, Stellenbosch.
Paseo top:,vuelo en helicóptero.
Ruta Jardin: Knysna Lagoon, Cango Caves, granjas de avestruces en Oudtshoorn. Plettenberg Bay, las mejores playas (algo así como el Punta del Este de la zona). Hermanus, avistaje de ballenas e inmersión en jaula para ver el tiburón blanco.
Johannesburgo: Soweto,y antigua casa de Mandela; museos del Apartheid; The Cradle, origen de la humanidad; Gold reef city (minas de oro)
Safaris
Los mejores: &Beyond Private game reserves. Ngala, Dulini en Sabi Sand-Kruger Park; Phinda ó Kwandwe (en zonas libres de Malaria, muy cómodo, sin mosquitos ni profilaxis preventiva)
Golf
Cape Town: Steenberg State hotel & Resort, y Erinvale State Resort.
Ruta Jardin: Fancourt (el mejor de Sudáfrica)
Viaje en tren: un imperdible, The Blue Train, tren de súper lujo, de Ciudad del Cabo a Pretoria, 26 horas, una experiencia alucinante y sofisticada
El autor de la nota es presidente para la Argentina de The Fine, Hotels, Spas & Resorts of The World



















