Sumergida

Por Redacción OHLALÁ!

10 de febrero de 2014, 17:57

Sumergida

No hace más de un día que estoy en Pinamar (escribo un domingo por la tarde) y sin embargo, siento como si hubiera pasado una semana, o más. No es ésta una apreciación puramente caprichosa, algo real hay detrás de ella. Exprimí todo el jugo de cada instante vacacional. Si pudieran hacer un corte transversal de cada nanosegundo que viví desde el sábado a la mañana a ahora, me verían en todo momento sumergida (de pies a cabeza). Nada de pasar nadando por la superficie (no sé si es la mejor metáfora), estuve inmersa desde las puntas de los pies hasta la coronilla en cada micro-momento, por irrisorio que pareciera.

Sumergida en el bosque, cuando recién llegamos, sentada bajo el quincho de la casa, sintiendo el ploc, ploc de las gotas, perdiéndome en el ir y venir del lápiz que pintaba.

Sumergida en la degustación de los ñoquis de papa que amasó mi madre, y de la salsa que tomate que preparó Salva (su pareja).

Sumergida en el cuento que les vengo leyendo a Lupe y China, desde hace varias noches. La historia de una tal Belén y una tal Michu, dos niñas de 7 que se hacen amigas y hacen de las suyas, queriendo ser brujas.

Sumergida en la caminata hasta la orilla, acompañando a mis hijas, entre fascinadas y muertas de miedo frente a esa monstruosa masa marítima (¡Ver video!).

Sumergida en una infructuosa recolección de caracoles. En el momento en el que, aun estando en la orilla, una ola nos tomó por sorpresa y nos los hizo perder todos, incluidas las piedras.

Sumergida en cada largo nadado. Sumergida, incluso literalmente, en ese segundo en el que Pepa, la perra, de puro bruta, se me arrojó encima (yo estaba por salir a tomar una bocanada de aire) y me golpeó y cortó la cara.

Sumergida en el almuerzo, en la charlas con mi madre y Salva, en los juegos con las nenas, en el untar la tostada con manteca, en tirarle azúcar, en el lavar los platos, en el barrer la arena...

Sumergida también en esta salida, sin birome a mano, sentada en un escalón de un parque, con la netbook sobre mis rodillas, aturdida por el canto de los pájaros, aun así, con relativo silencio, haciéndome un hueco, como prometido (ah, sí, cada tanto salgo de esa amnesia funcional en la que instalo) para escribirles algo, para poner en palabras y descubrir un sentido de lo transitado.

Cómo me gusta... no tanto irme de vacaciones, como estar en contacto con la naturaleza.

Estando acá, no sólo fantaseo con algún día tener mi propia casa (me gustaría que mi primera casa propia sea literalmente una casa), sino con que dicha casa esté instalada en un tiempo-espacio, en un ritmo más orgánico. Playa o montaña, me da lo mismo, pero no quisiera que esta vivencia esté circunscripta a un recreo, a un mínimo hueco de 7 o 14 días en el lapso de un año.

Siempre repito lo mismo.

¿Será una fantasía descabellada?

En modo vacaciones ON (como por ahí se dijo), así empecé el sábado, así sigo.

Coloreando bajo la lluvia
Coloreando bajo la lluvia
Sumergida en un castillo
Sumergida en un castillo
Eligiendo sus pulseritas
Eligiendo sus pulseritas

Y acá tengo grabado no el primer contacto visual con el mar (que sucedió el primer día, con lluvia), sino el primer momento de los pies de Lupe en la orilla:

¿Cómo están ustedes? ¿Cuál fue el momento de más presencia y disfrute en sus últimos días?

PD: ¡Buen arranque de semana! Para contactarse por privado o por taller, como siempre, me encuentran en Ine Sainz