
Fue un buen título para una novela. Fue una buena novela, de hecho. Ahora, en la realidad, ya no funciona tan bien. Porque, claro, sólo se trataba de estar atenta, de abrir un poco más los ojos supongo. Y después te das cuenta de que tampoco pasa por ahí.
Elegimos un barcito medio solitario de Palermo. Yo estaba por arrancar con el tema y me frenó. Levantó la mano despacio.
-Pará. Tengo que decirte algo.
Las cosas nunca son como una las espera, ni en el momento ni en la forma.
Te conozco, me gustás, te llamo, salimos varias veces y después cuando caíste como una tarada te pongo cara de cachorro mojado y te cuento que en realidad estoy casado, que estoy mal, que mi mujer y los chicos se quedaron en Punta, que yo voy los fines de semana pero que estoy como loco, que sé que pasó muy poco tiempo pero no paré de pensar ni un día, que me está pasando algo con vos, que sé que tengo que dejar de verte pero no puedo.
Ahora, lo que yo me pregunto es si realmente se pensó que con esa podía derretirme. Lo miré a los ojos desconfiada porque yo con eso soy buena, con leer miradas digo. Justo en ese momento no estaba mintiendo. Me levanté de la mesa antes de escuchar el final. Hay cosas que simplemente no resisto.
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