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¿Tu pareja te potencia o te achata? Claves para profundizar -o no- tu vínculo


¿Tu pareja te potencia o te achata? Claves para profundizar el vínculo o comenzar a preguntarte sobre el tipo de relación que buscás.

¿Tu pareja te potencia o te achata? Claves para profundizar el vínculo o comenzar a preguntarte sobre el tipo de relación que buscás. - Créditos: Toa Heftiba en Unsplash.



A veces, la relación de pareja se convierte en una especie de laberinto emocional. Hay intereses, deseos y hasta costumbres instauradas que pueden ser el resultado de una buena fusión, o de haberse perdido en el otro. De golpe, abrís los ojos y empezás a preguntarte si los planes a futuro son de los dos o solo de uno. Ritos de fin de semana, modos de pensar y decisiones tomadas que te cuestionás si responden a tu identidad, o si mucho (o todo) lo que hiciste hasta ahora fue ceder. La pareja te potencia o te achancha, te mejora o te tira para atrás, te habilita a proyectar y a construir cosas lindas o te critica cuando lo hacés. La pandemia nos trajo muchas cosas en muchos niveles, pero también en el plano vincular: el stop forzado en las rutinas y la ralentización del tiempo pueden también ser la oportunidad para ir más profundo en el vínculo que armaron. Para preguntarnos con sinceridad: ¿de qué clase de pareja estoy siendo parte? ¿Cuánto de la esencia de la pareja la sostiene hoy en tiempos de pandemia?

Las preguntas que nos abre este laberinto

Cuando observás tu relación en un espejo, puede que se vea un poco empañado y te cueste descifrar el estado de salud de la pareja, incluso mucho más en este contexto. Hacerte algunas preguntas puede ayudar a entender mejor cómo llegaste al laberinto en el que quizá te sientas.
¿Qué tipo de charlas te permitís tener con tu pareja? Es muy distinto si sentís que podés hablar de todo lo que pensás actualmente a si cuando estás en su compañía sentís que debés tomar una posición que ya te queda "chica", como si fuera de una lejana vos que ya no existe. Es una delgada línea la que te pone cerca de vos o separada, y es la de tu libertad y expresión. Con el tiempo, las personas nos transformamos: ¿cómo se encuentra tu nueva vos con tu pareja? Por otro lado, es bueno analizar qué dolores se cuentan, cuánto de sus vidas emocionales comparten, si podés hablarle de tus miedos libremente y si hay espacio para mostrarle tus sueños.
Hay etapas en las que la pareja entra en una especie de piloto automático, y puede que compartan algo tan íntimo como un ténder con la ropa interior de los dos, pero que ambos desconozcan los dolores del otro o sus cuestionamientos profundos como ser humano. A veces, cuando empezás a evaluar esta conexión real, descubrís un abismo entre los dos. Pero no siempre es irreconciliable, a veces se trata de tener buenas conversaciones y momentos significativos que los vayan acercando nuevamente a la esencia. En muchos vínculos, la pandemia quizás haya generado este efecto contrario, de unirlos y de abrir estos espacios de diálogo profundo y conexión.

4 Preguntas clave

  1. 1

    ¿Qué dolores nos contamos durante este tiempo?
  2. 2

    ¿En dónde descubrimos abismos entre los dos?
  3. 3

    ¿Cuán libre te sentís de ser quien sos?
  4. 4

    ¿Cuánto compartís en realidad?

La pareja produce futuro

A las parejas consolidadas, con el tiempo les puede ir pasando que otros roles empiezan a "sostenerlas": además de ser amantes, son padres, son amigos de otras familias, son papás del cole, incluso socios en la economía familiar. Hay un comienzo en el que dormir con el otro es importante, su presencia es una instancia de conversación, de diálogo, de feedback y de pasarla muy bien. Con el tiempo, deja de ser exclusivamente la pareja lo que importa, el sostén de los demás roles, y suele ocurrir que hay un amor, sí, pero no necesariamente es el amor de pareja. Es como si un árbol se sostuviera por sus raíces al principio, pero luego también por el equilibrio que ejerce su copa: resulta fundamental que las raíces se mantengan fuertes porque si no, el árbol se puede caer. Hay parejas que se aman un montón, pero que ya no pueden crecer juntas. Una de las claves para la continuidad feliz es, precisamente, ver si ese amor que se tienen puede producir futuro, cosas nuevas que los satisfagan a ambos o no. Pero ¿cómo descubrirlo? En el laberinto, hay que tratar de ir abriendo los hilos que permitan ir de nuevo hacia qué hay de la pareja, para pensar si es que acaso eso que los unió alguna vez permanece; si se puede agregar la posibilidad de un reencuentro.

¿Amor o estabilidad?

Otra guía para interpretar el estado de tu vínculo es distinguir entre un conflicto en la pareja o la pareja misma como conflicto. Es distinto cuando la pareja va pasando por distintos conflictos, lo cual es normal y parte del amor, de cuando la pareja misma se ha vuelto un conflicto. En las relaciones muchas veces hay conflictos, pero es clave definir si con el tiempo se van reformulando. Si no existe esa reformulación del conflicto, las parejas se atan a la repetición y, por lo general, se pelean siempre por lo mismo. ¿Y cómo descubrirlo? El indicador más importante es cuando regresa siempre la misma escena de pelea.
A lo mejor pensás: "¿quién puede quedarse en una relación cuando todo es conflicto?". Pero hay factores importantes que hacen que muchas personas permanezcan en pareja. El narcisismo juega un rol clave en estos casos: el amor funciona para reconocerse a uno mismo. Más allá del cariño, la pareja se sostiene por un amor que da una identidad, los integrantes se apegan mutuamente para poder tener una continuidad de sus estados anímicos. No es un amor proyectado hacia adelante sino solo apoyado en la estabilidad. Por el contrario, a veces uno también se separa de una persona a la que ama por motivos narcisistas, no en un sentido peyorativo, sino vinculado con la identidad: "Me cansé de ser quien soy". Cuando ya no querés seguir siendo quien eras y con esa persona solo podés ser de una manera, como dice la canción de Divididos: "Las momias de este amor piden el actor de lo que fui"; alguien se cansó de que le pidan ser quien fue en un pasado. Ya no te hallás, ya no te encontrás ahí. Puede pasar, por ejemplo, cuando alguien se pone más deseante y tiene nuevos proyectos.

Termómetro del reencuentro: ¿dónde estamos?

En la pareja, se tejen historias que llevan a distintos tipos de laberintos. ¿En cuál estás hoy?
  • Laberinto fácil. La pareja tiene un conflicto específico, que no es siempre el mismo, sino que se va transformando, lo que hace que algunas veces te sientas satisfecha con la resolución, mientras que en otras tengas que ceder. Puede tener que ver con lo que estás sintiendo ahora respecto de la distribución de espacios y roles en tu casa, en plena pandemia. Quizá no te copa que tu pareja sea tan desordenada, o al revés, que vaya detrás de vos poniendo todo en su lugar constantemente. Este laberinto se atraviesa fácil.
  • Laberinto medio (con trampas). Hay un conflicto que incluye un deseo de cambio en alguno de los dos. Por ejemplo, cuando uno de los dos empieza a encontrarse con una nueva faceta propia y eso trae revoluciones internas. Se puede sortear avanzando más profundo en las charlas y replanteándose el vínculo con una nueva manera de ser de alguno de los dos.
  • Laberinto sin salida. Suele suceder en parejas en las que cada vez que les toca tomar una decisión y explota todo. Es el caso de los que han formado una familia y comparten tanto de sus rutinas entre ellos y con otra gente que les resulta difícil pensar en diagramar una vida separados.

4 llaves para pensar una salida juntos

  • Pensar que el amor no es incondicional. Es la base cero, lo básico en una relación de pareja. Más que dejar que nos amen, cuesta aceptar que uno ama con límites, porque eso produce culpa. ¿Viste cuando alguien hace todo para que lo dejen, en lugar de animarse a dejar? Así como es difícil cortar una relación, también cuesta entender que el amor que uno siente por el otro tiene limitaciones. Pero un amor realista es un amor condicionado, y no por tener límites significa que haya menos amor. Es importante reconocer mis límites en el amor para no demandarle al otro un amor infinito.
  • No estamos en pareja para ser amados, sino para amar. La búsqueda desmedida de amor es señal de dependencia y signo de vulnerabilidad. Cuanto más buscamos ser amados, nuestra expectativa de amor se hace más desmedida. En las relaciones que empiezan a virar hacia la dependencia, lo amoroso deja de ser lo central y, en cambio, se busca la estabilidad que uno cree encontrar en la relación o el sentimiento de permanencia. Empiezo a necesitar "ser" más que "amar". El problema ahí es que cuesta mucho reconocer las relaciones dependientes de las que no lo son.
  • En la pareja está el amor, pero también el deseo, que es voluntad de cambio, porque el vínculo siempre se renueva, pide novedades. Una pareja cerrada al cambio se estanca y genera sufrimiento. El amor y el deseo son dos cosas distintas: el primero tiene que ver con la presencia del otro; el deseo, en cambio, es lo que se manifiesta a partir de encontrarse con la posibilidad de la ausencia del otro. Lo central es poder vivir la ausencia del otro sin que eso signifique que no está. No es lo mismo que la pareja esté ausente a que no esté. A un otro "ausente" yo lo puedo desear a través de extrañarlo, de hecho, muchas parejas necesitan extrañarse para recuperar el deseo; en cambio, si yo siento que, ante la ausencia, el otro no está, aparecen sensaciones de abandono y sentimientos de pérdida. En este contexto, uno de los puntos más importantes en una relación es poder separar la ausencia de que el otro no esté, para no sentir que me quiere menos porque no está conmigo.
  • Estamos en pareja para que alguien nos saque de nosotros mismos y nos lleve hacia eso que nos cuesta. Lo que se juega muchas veces es la pareja como forma de no estar solos, y no la pareja como recurso para poder cambiar uno mismo, para trascender. El propósito del amor es transformarnos, hacernos vivir una vida distinta de la que teníamos; no hacer que las inseguridades con las que veníamos ya no estén. •

Laberintos y construcciones

Por Sebastián Girona, psicólogo experto en vínculos.
La cuarentena y la pandemia nos revolucionaron toda la vida, incluyendo nuestra pareja. No quedó otra que meternos en un laberinto difícil de descifrar y con distintas salidas, pero ¿cómo hacer para no terminar saliendo por la salida de la separación?
Estar en pareja no es sencillo y, aunque todo está preparado para pensar el amor en términos de magia y hechizo, queda claro que estar en una relación y sostenerla sanamente en el tiempo implica el trabajo de los dos integrantes del vínculo. Pero cuando hablamos de trabajo, no hablamos del pico y la pala, hablamos, en concreto, del desafío que tiene cualquier pareja, el de construir un nosotros que esté por encima del vos y yo. En ese lugar la pareja tendrá que decidir desde temas cotidianos hasta los más importantes, como el manejo del dinero, la frecuencia del sexo, la educación de los hijos, cómo van a administrar juntos las tareas de la casa y cuáles van a ser los límites que les van a poner a sus familias de origen.
Además de ser consciente de armar ese nosotros, la pareja tendrá que hacer un ejercicio específico y necesario, una vez que esté construido. La pareja tendrá el desafío de entrar y salir constantemente para que el vínculo pueda funcionar bien, porque también está claro que con el amor no alcanza: es necesario que la relación funcione. Entonces, no funcionará si los dos se quedan mucho tiempo en el nosotros –porque, en ese caso, se corre el riesgo de que pierdan su individualidad y se terminen fusionando– y tampoco si lo evitan siempre, porque así no habrá pareja. Desafíos varios para cualquier momento de cualquier pareja y sobre todo en este contexto en el que personas y parejas están más exigidas.
Experto consultado: Luciano Lutereau. Psicoanalista y doctor en Filosofía. @lucianolutereau.

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