Una historia de amor

Por Redacción OHLALÁ!

4 de febrero de 2013, 13:25

Una historia de amor

Hoy les quiero contar una historia de amor.

Leopoldo y María Haydeé se conocieron en 1948, cuando ella tenía 17 años y el 27.

Salieron durante 4 meses, siempre con chaperona (alguna de las 6 hermanas mayores de María, que se sentaba en la fila de atrás del cine cuidando que apenas se tomaran de la mano) hasta que, con poca alegría de sus familias por el poco tiempo que llevaba el cortejo, se casaron. Y en un paseo en auto, entre el registro civil y la iglesia, robaron su primer beso.

Se mudaron a un departamento vacío, y de a poco fueron llenándolo de música, de recetas ricas y de sus tres hijos, que fueron llegando.

Leopoldo era abogado y María ama de casa y mamá. El era tan distraído que, un día, ella cambió los muebles del living al dormitorio, y los del dormitorio al living, y él, esa noche, mientras charlaban sentados en el sillón de siempre pero en el living nuevo, le comentó que algo parecía distinto pero que no sabía qué. Y ella era tan detallista que, si alguien osaba jugar con los imanes de la heladera y los dejaba en otro orden, inmediatamente lo notaba y los devolvía a su lugar. El leía sobre economía y escuchaba a Frank Sinatra mientras ella cuidaba las decenas de plantas que crecían en el balcón o miraba alguna película policial. El era callado, decía lo justo y necesario, y ella charlaba sin parar con todo el que se encontraba y se hacía amigos en la fila del supermercado, en la ferretería o mientras esperaba cualquier ascensor.

Pol y María crecieron juntos, rodeados de familia y amigos, se labraron un futuro y fueron felices durante muchísimos años.

En Octubre del año pasado Pol, ya con 91 años, se rompió la cadera. Después de una operación y de varios meses de durísima rehabilitación, pudo caminar de nuevo, e invitó a María a "tomar un copetín" para su aniversario de casados. Era la primera vez que salía de su casa desde su operación.

Ya sentados los dos en el bar más cerca de su casa, con sus copetines ya en la mesa, Pol le pidió permiso para decirle unas palabras.

"Quiero agradecerte por todos estos años juntos, por cada día. Por cada uno de nuestros hijos y por

la ternura y firmeza con que los educaste. Por tus chinches y tus broncas, y por tu paciencia. Por ser aventurera y acompañarme, y por empujarme a lograr más de lo que yo hubiera podido solo. Por el trabajo que te costó cada mudanza, cada comida, y cada fiesta. Por todos los recuerdos que me llevo bien guardados y bien nítidos, adonde sea que vaya."

Y ella, que es tan fuerte que nunca se quiebra, lloró y lo tomó de la mano.

Unos días después, hace un par de semanas, Pol tuvo que volver al hospital. Se despidió con cariño de sus tres hijos y siete nietos, y murió rodeado del amor que él y María habían creado juntos.

Comparada con las historias de amor de las películas y de los libros, en las que los protagonistas tienen que superar obstáculos increíbles para estar juntos, esta historia de amor es simple, pero a mi me tocó verla de cerca. Por eso, para mi, es mucho más valiosa.

Mis abuelos me enseñaron que el amor para toda la vida no es fácil, pero existe, y enriquece la vida no solo de los dos enamorados sino de todo el que tiene el privilegio de verlos quererse.

Me enseñaron también que la vida en común es un trabajo que, si se hace con ternura y alegría, es pura cosecha.

Mis abuelos compartían un secreto, una complicidad, en el que nadie más podía entrar. Esto mismo lo deseo para mí, para ustedes, y para todo el que tenga las ganas y la paciencia para hacer que el amor permanezca, crezca y se contagie.

Sofisofia.orsay@gmail.com@sofiorsay

(Para Pol. Te voy a extrañar todos los días).

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