Vuelvo a Buenos Aires. Siento que en lugar de una semana estuve un mes afuera, lo que me confirma que el tiempo es relativo. Encontré la paz que buscaba en el lugar que hace muchos años elegí, o que tal vez me eligió. Porque no a todos les pasa lo mismo con Puerto Madryn. Todavía recuerdo un comentario de alguna lectora que dijo que allá no había nada. Siempre la experiencia cambia de acuerdo a la mirada, eso suelen decir los amigos viajeros de "Magia en el Camino", los sentimientos y emociones son intransferibles. Pero uno puede llegar a imaginar el asombro que provocan las cambiantes arenas del desierto africano o las diferentes costumbres de las personas en la India según sus relatos.
En Puerto Madryn no hay nada. O hay de todo. Depende de lo que uno esté buscando, claro. Es cierto que tiene un centro chico, un solo shopping, algunos bares nocturnos, un cine. Cuando llegué se estaba desarrollando el primer Festival de Cine Internacional que se hacía allá, el MAFICI, me alegra que haya gente que apueste a promover la cultura, espero que sigan creciendo este tipo de propuestas. No es una ciudad perfecta, tiene sus conflictos, como cualquier lugar, comprobé que hay más desempleo que la última vez que fui y no se salva de la inseguridad. Pero aún así, sigue siendo un paraíso en donde la naturaleza hace la diferencia. Basta con mirar un rato el mar o caminar al lado para que la mente se aquiete. Y si uno tiene la suerte de ir en temporada de ballenas, de mayo a diciembre, puede sentirlas, escucharlas y verlas jugar cerca de la costa, algo que para mí no se compara con nada.





En verano las opciones cambian: aunque el agua suele estar fría, la playa se llena de gente y se puede elegir entre pasear en kayak, animarse a surfear, pasear en velero o descubrir algunos de los misterios que se encuentran en el fondo del mar. Hay prestadoras que te llevan hasta un barco sumergido y ofrecen el bautismo submarino o snorkeling. Yo preferí hacerlo en Puerto Pirámides, a 93 kms de la ciudad, donde el agua es aún más cristalina y la tranquilidad invita a la introspección. También hay un catamarán, el Regina Australe, que recorre el Golfo Nuevo durante tres horas y sale desde el muelle de Madryn. Me contó una persona que lo hizo, que se pueden cruzar con delfines amigables y que en los meses en que hay mayor cantidad de ballenas, es común verlas en esa zona. Yo tuve mucha suerte, los mejores meses para los avistajes son septiembre y octubre, en noviembre quedan menos y en diciembre casi nada. Pero siempre hay cosas para ver a lo largo del año. Hay varias agencias de turismo que te llevan a Península Valdés, la excursión dura todo el día y se recorren unos 400 kilómetros para conocer la flora y la fauna del lugar, con el acompañamiento de un guía especializado. Yo la hice hace algunos años y está genial. En auto uno puede ir a su propio ritmo y quedarse más tiempo en donde prefiera, punto a favor, pero conviene informarse bien antes para aprovechar todo el viaje. En la zona de Punta Norte se pueden ver las orcas que se acercan a cazar lobos marinos y practican una técnica de varamiento intencional que no es apta para gente impresionable.
Para los que no fueron todavía y están pensando en vacaciones, recuerdo que también me gustó la excursión a Punta Tombo en donde hay una pingüinera enorme. Después se va hasta Trelew para ingresar al Museo Paleontológico ver el mundo de los dinosaurios y terminar en Gaiman y tomar el té galés en la mayor colonia galesa de la Patagonia.
Para un primer acercamiento a los animales marinos, el Museo Provincial de Ciencias Naturales y Oceanográfico ofrece información y hay muestras que te explican, por ejemplo, por qué las ballenas son tan asombrosas. Además hay charlas programadas que ofrecen biólogos y miembros del Instituto de Conservación de Ballenas. El sábado pasado después de una caminata intensa me acerqué para escuchar a Marcos Ricciardi que contaba que las ballenas francas australes se reproducen por competencia espermática, significa que varios machos inseminan a la hembra y el mejor esperma es el que sobrevive, por eso se dice que hay colaboración en la reproducción, ¿será la manera más adecuada de conservar la especie? Es inevitable comparar su comportamiento con los humanos. También el Ecocentro es un buen lugar para visitar, a metros de la estatua del Indio la casa pintoresca con inmensos ventanales se ilumina al atardecer y tiene una vista increíble. Su misión es, a través de la educación, la ciencia y el arte, crear un cambio de conciencia y una actitud más armónica con el océano.
Me salió un post turístico. Debe ser porque ayer, feriado, me invitaron a Radio Brava 94.7 para charlar sobre mi experiencia con este blog, y lo que implica la alimentación consciente. Además hablé sobre mi estadía en Madryn y todo lo que había disfrutado, y por eso quise compartirlo con ustedes, espero que les sirvan los datos. Agradezco a Juan D’Anvers que me hizo sentir muy cómoda y a Roxana Manríquez Inalaf, la locutora con la que compartí micrófono y unos mates. Justo salió al aire el secretario de Turismo y Áreas Protegidas de Puerto Madryn así que me enteré que muy pronto realizarán un documental sobre dinosaurios.

Quiero mandarle un beso grande a Lucía que me escribió al mail para contarme que ella y su hermana también son apasionadas por las ballenas y que tienen una marca que se llama Cielito Sur, pueden ver los productos y artesanías lindas que hacen en su Facebook. También a todas las personas que conocí en este viaje y a los amigos que siempre me reciben tan bien cada vez que voy.
Les recuerdo que pueden visitar el blog de la Cocina del Círculo, de Jésica Estrada, que está buenísimo y hoy tiene galletitas de avena y banana. Y le deseo un muy feliz cumple a la genia de Natalia Amengual, que comparte siempre con amor sus conocimientos con todos los que quieran leerla y escucharla.
Si quieren comunicarse conmigo mi mail es kariuenverde@gmail.com
¡Les dejo un abrazo!
Kariu
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