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Bernarda Cella, una de las mentes creativas detrás del éxito de Olga

Con 26 años, Bernarda Cella es la girlboss detrás de Olga, el fenómeno del streaming, que nos inspira con su liderazgo, sus valores y la cultura del trabajo que propuso en su equipo a la hora de generar una mística laboral.


“Mi estilo no lo pienso tanto, me sale como natural. Me decían ‘la Chica Saquito’, en mi primer laburo. Yo me siento relajada”.

“Mi estilo no lo pienso tanto, me sale como natural. Me decían ‘la Chica Saquito’, en mi primer laburo. Yo me siento relajada”. - Créditos: William Kano.



Trabaja desde los 18 años, empezó como asistente en Radio Nacional imprimiendo rutinas y sirviendo café, mientras estudiaba Comunicación Social. Su sueño era trabajar en televisión como su papá, Luis Cella, que había muerto cuando ella tenía 16 años, pero al principio no le fue fácil. “Entraba a cualquier trabajo y era siempre con mucho estigma: mi apellido, mi ropa (me decían ‘la Chica Saquito’), tener que explicar, o esa cosa de “ah, al final eras buena, eh”, cuenta Berni. Hasta que terminó produciendo junto con su hermano Luis en Telefe y empezaron a pensar que podían convertirse en socios creativos. Así terminaron soñando un canal de streaming y convocando a un amigo, que puso la inversión inicial, y a Migue Granados, que trajo su talento. Y así empezó el fenómeno que hoy, con 26 años, la tiene como la puta ama. “Tampoco es que tengo la vaca atada, pero intentamos, todo lo que esté bajo nuestro control y a nuestro alcance lo hacemos; después, la realidad siempre juega”, aclara.

¿Cómo crearon la cultura laboral y los valores de Olga?

Nosotros tenemos un coach empresarial, que nos ayudó mucho en el comienzo a contar los valores que creíamos importantes para la gente que labura acá, y esa filosofía del canal es para todos, no solo para la producción. Les damos bastante libertad, acá no hay horarios, cada uno viene cuando quiere y se va cuando quiere. Cada equipo se maneja con sus objetivos.

¿Cómo hiciste para trabajar en vos misma la seguridad que hay que tener para delegar?

Ya la tenía, porque en mis otros trabajos venía teniendo equipos. Al principio me costaba bastante, pero la aprendí, la tenés que aprender, en algún momento. Y ahora que somos 70, imaginate, si no pudiera delegar, sería imposible. Confío mucho en cada cabeza de equipo, fueron elegidas desde que éramos 20, gente de mucha confianza, y que estamos muy seguros de que son los mejores para el lugar que ocupan. Y además de ser los mejores, era muy importante el buen trato, la onda y que cada uno tuviera puesta la camiseta de Olga como nosotros, y eso pasó desde el primer día, cuando no teníamos ni oficina: éramos Luis y yo con una idea en el living de mi casa, pidiéndoles que confiaran. Entonces creo que desde ese granito tan chiquito, con esas cinco cabezas que estuvieron al principio, pudimos bajar los valores a todos los del equipo. Todos son nuestros planes A.

¿Y qué sentís que aporta cada uno?, ¿Luis y vos se complementan?

Sí, somos muy distintos. Mi hermano está más en los números, es un enfermo de las métricas y también con el área comercial. Y yo un poco más en la parte humana. Ambos en la parte creativa. Al principio nos costó, estábamos los dos en todo, ahora cada uno delega y confía al 100%.

“Tampoco es que tengo la vaca atada, pero intentamos, todo lo que esté bajo nuestro control y a nuestro alcance lo hacemos; después, la realidad siempre juega”.

“Tampoco es que tengo la vaca atada, pero intentamos, todo lo que esté bajo nuestro control y a nuestro alcance lo hacemos; después, la realidad siempre juega”. - Créditos: William Kano.

¿Tuviste la famosa crisis de éxito?

La tuvimos. Fue a fin del año pasado, ahí sí nos pasó a todos que nos empezamos a desconectar un poco. Nosotros encima estuvimos en Uruguay y el equipo se dividió y fue como un momento muy complicado internamente. Es esa crisis de saber que ya crecimos mucho, que se venían un montón de programas nuevos, había que armar un montón de equipos nuevos. Siempre con mucha confianza de que podíamos. Pero nunca se nos puso en la cabeza: “¿Che, llegamos?, ¿vamos a poder?”. Nunca, siempre muy para adelante.

¿Cómo balanceás para no pasarte de rosca? Para priorizarte.

En eso me peleo mucho con mi hermano porque Luis puede llamarme a las dos de la mañana: “No sabés lo que pensé...”. Y yo: “Luis, lo hablamos mañana”. Ahora puedo disfrutar y sé cortar. Pero me costó, eso también lo aprendí, porque cuando era más pendeja trabajaba y estudiaba al mismo tiempo y era lo único que hacía en la vida. Me levantaba, iba a mi primer trabajo, que fue en Radio Nacional, trabajaba ocho horas; me iba a la facultad (la UCA, donde estudié Comunicación) hasta las once de la noche todos los días de mi vida. Y en un momento fue: “Bueno, o me pongo un límite o no vivo nunca más”.

Ese es el problema cuando te encanta lo que hacés...

Claro. Ayer, domingo, mis amigas me decían: “Uy, ya empieza la semana”, y yo: “Por favor, que arranque ya”. Disfruto muchísimo, pero también eso es una trampa. Aunque lo disfrute, también quiero poder disfrutar una comida con mi novio, salidas con amigas, ir al cine, al teatro, poder viajar; si no, la vida se transforma solo en trabajo.

Me gusta tu mantra laboral: “insistir, resistir, persistir”, ¿qué significa para vos esa metodología?

Esas son tres palabras de mi papá, que las decía siempre y a nosotros nos quedó. Y bueno, es como un poco el lema de nuestro laburo.

Siento que se puede aplicar a la vida también.

Sí, se puede aplicar a la vida y me representan. Cuando yo tenía 16 años, murió mi papá. A partir de ese momento, aprendí a rodearme de gente que me ayudó mucho. Mi terapeuta siempre dice que eso me salvó la vida. Es una edad media bisagra, y yo tomé la decisión de laburar mucho ese duelo, porque si no, sabía que me iba a jugar en contra. Entonces, significó tomar la decisión de aprender a vivir con eso y volver a ser feliz. Y vuelven esas tres palabras, insistir, resistir, persistir, y así levantarse todos los días, yendo al colegio en ese momento y después a la facultad y seguir laburando. Desde muy chica supe que iba a trabajar en los medios, de hecho, fui a un colegio especializado en medios de comunicación.

¿Y con tu mamá qué vínculo tenés?, ¿qué aprendiste de ella?

Ella es una cosa espectacular, cuando mi papá murió, tuvo que ser mamá y papá. Fue muy difícil al principio. Ella hasta el momento había sido solo mamá, no había laburado nunca, tuvo que cambiar su vida 100% por nosotros y por ella. Tuvo que empezar una vida nueva. Es muy poderoso ver a tu mamá a esa edad transformar todo en algo bárbaro, porque ahora ella labura increíble. Pudo organizarnos y ordenarnos desde todo punto de vista. En ese momento tan difícil para todos, creo que, de hecho, lo de ella fue lo más difícil. Tenemos un vínculo muy cercano. Desde siempre nos dejó muy libres, pero al mismo tiempo tengo una seguridad total de que la llamo en cualquier momento, esté donde esté, haciendo lo que haga, y ella va a estar siempre. Vivo muy segura gracias a ella.

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