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Evitta Luna: "En OLGA no me reconocía por momentos, me encontraba riéndome de cosas de las que fuera del aire no me río"

Acaba de dejar OLGA porque sentía que su artista se estaba apagando. Hablamos con la humorista y creadora de contenido uruguaya sobre su infancia, su llegada a Argentina, el humor y el amor.


Evitta Luna vestida de gala en OHLALÁ!

Evitta cuenta que el amor le salvó la vida y lo que descubrió a sus 28 años. - Créditos: Mili Melzi



Conocimos a Evitta Luna en Olga y fue una revelación. Ella venía desde hacía años subiendo videos en TikTok, haciendo reír a argentinos y uruguayos con su irreverencia, pero en los últimos años se mudó a Buenos Aires y explotó todo. No solo hizo streaming y teatro, sino que además la llamaron para hacer Amor animal, su primera serie (y nada menos que de Amazon Prime Video). Se consolidó en redes y es una de las humoristas sub-30 más queridas. 

En medio de la crisis de los 28 años, acaba de dejar Olga para darle más espacio a su artista y "dejar de traicionarse". No quiere estar más en lugares que siente que ya no vibran con lo que ella cree que es. Pero,¿cuál fue el camino de Evitta? ¿qué la trajo hasta acá? ¿Cuál es su historia personal? ¿Qué descubrió en el último año? Son todas las preguntas que nos hacemos para descubrir verdaderamente quién es Evitta Luna, la creadora de contenido más simpática que todas queremos tener como amiga.

¿Cómo estabas vos a tus 18 años? 
A mis 18 estaba recién entrando a laburar a una multinacional de hamburguesas e intentando entrar a la EMAD de Uruguay, que es la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático, pero no quedé. Hice la prueba de ingreso, que duraba un mes, y no quedé. 


¿Te frustró? 
Sí, estaba muy enojada, pero tenía la convicción de que tenía derecho a estudiar lo que deseaba y me iba a presentar las veces que fuera necesario. Al año siguiente sí quedé. Pero a mis 18 estaba en esa, buscándome la vida.


¿Desde siempre supiste que ibas a ser actriz?
Sí, desde muy chica. No sabía cómo iba a ser el camino, pero siempre fui muy extrovertida, me gustaba hacer reír, hacer chistes. En ese momento pensaba que la actuación era más banal, y una vez que entré a la escuela me di cuenta de que es muy militar, pura disciplina. Entonces me enamoré más.
 

Evitta Luna con ruleros en el Hotel Intercontinental

En la producción jugamos a la diva de Hollywood y nos divertimos mucho. - Créditos: Mili Melzi

Ya hablaste en todos lados de tu infancia en Uruguay, en Piedras Blancas, con tus nueve hermanos, con carencias, pero yo me quiero quedar un poco con cómo usaste el humor a tu favor. ¿Qué fue y qué es el humor para vos?
Sí, fue medio inconsciente. Hay algo muy de niño, como de salvarse con recursos que ni siquiera sabés que tenés. El recurso a veces es hablar con amigos imaginarios; en mi caso, era el humor y hacer chistes. Todos mis hermanos son muy graciosos. Nos agarrábamos de eso y por momentos creábamos una especie de ficción, porque la realidad era muy aplanadora. El humor es mi lugar seguro, es un recurso de supervivencia. A mí, particularmente, el humor me ayudó a sobrevivir. Después, con la actuación, lo afiné más y lo hice mi herramienta de trabajo.
¿Cómo era esa ficción que construían con tus hermanos? ¿De dónde surgía la imaginación? 
Mi madre nos leyó mucho porque no teníamos tele. Ella traía libros que le regalaban o lo que fuera, y nos leía antes de dormir. Dormíamos los 10 en el mismo cuarto, era un pabellón.
¿Cuántos años se llevan?
Todos muy seguidos. Mi madre se escapó de mi progenitor, venía de un contexto de violencia muy grande. Así que sí, una historia de vida muy dura. 
¿Y qué te pasa con la pobreza hoy? Porque ya la pudiste sobrevivir, sobrepasar, pero ¿qué te pasa con lo que ves? 
Una nunca deja de ser esa niña tampoco. De hecho, hay un autor que se llama Wajdi Mouawad y que en su obra habla mucho de que la infancia decide. Él dice: “La infancia es un cuchillo clavado en la garganta. Supiste retirarlo, ahora hay que aprender a tragar saliva”. Y para mí es una frase que describe mucho mi infancia. Como que OK, yo saqué el cuchillo, ahora estoy aprendiendo a tragar esa saliva. Pero nunca me abandona esa niña pobre, nunca. A mí me hiere ver a gente pidiendo en la calle, a familias. Es muy difícil. Además, es algo estructural, la sociedad está armada para que vos no salgas de esos contextos. Es muy necesario que haya planes sociales. Y no me refiero a que el Estado les dé plata, pero sí que esté presente. Yo en mi infancia tuve Casa Joven, que era un centro juvenil en mi barrio, y después del secundario me iba para ahí a hacer talleres. Para mí ese fue un lugar de salvación. Y también otra cosa que sucede es que al Estado le sirve mucho este relato, ¿no? “Yo que salí de la pobreza, vieron que se puede”. Y yo intento correrme del relato de meritocracia. Yo no salí porque se puede salir. Yo salí porque soy una piba con suerte dentro de un millón de personas que tiene talento, que laburan un montón y que no salen.
¿Cuáles fueron tus golpes de suerte? 
Casa Joven fue un golpe de suerte. Mi mamá, que nos leía y nos incentivaba. Mis hermanos, que laburaron desde los 15 años y me dieron la posibilidad de soñar. Y también hay una cuestión de que soy blanca. Vivimos en unos países muy racistas, por más que no lo veamos. En mi ambiente, en los medios, no hay tanta gente negra. Y hay negros en Argentina, hay negros en Uruguay. Y yo no me siento muy hegemónica, pero hay una cuestión de ser flaca, de ser blanca. Y hay mucha suerte en eso también: te eligen porque cumplís ciertas características que a ellos les sirven. 
¿Y hubo personas por fuera de tu círculo familiar que te ayudaron en esa suerte? 
Mis profesores de la educación pública, la EMAD, la gente que me vio, la gente que se ríe de mis chistes, el reconocimiento de gente... Después, Tomás Quintín Palma y Marcos Aramburu, que me presentaron a Blender.
Vos arrancaste haciendo videos de TikTok, con “Shanina, la depiladora”, con varios personajes muy buenos, te ven creadores de contenido argentinos, ¿y ahí empieza tu relación con Argentina?
Claro. Yo estaba terminando la facultad en 2023. Ya tenía en mente que quería venir a vivir acá. No sabía bien a qué, pero sentía que tenía que venir a Buenos Aires. Y ahí me contacta Tomás, que estaba pensando en alguien para la mesa de Blender.
¿También fuiste novia de Tomás?
Sí.
¿Ya cuando estabas en Buenos Aires o tuvieron relación a distancia?
No, ya nos tiroteamos antes (risas). Pero después sucedió, laburando juntos.
No es que te viniste por amor, te viniste a buscar la fama, digamos.
Ni siquiera sabía bien qué venía a buscar. Pero sabía que iba a vivir acá. Amo Uruguay, pero Uruguay tiene un techo y yo soñaba con hacer teatro en la Calle Corrientes. Yo ya venía viajando una vez por mes a hacer mi obra, ya tenía un contacto con Argentina. Y después conocí a Tomás, pasó lo de Blender y todo explotó.
¿Siempre tuviste ese nivel de seguridad? Hace 9 años vendías hamburguesas, ¿de dónde surge tanta fe en vos?
Es extraño. No lo digo desde un lugar de ego, pero desde que tengo memoria le digo a mi hermana: “Caro, yo voy a ser famosa”. Y no por la fama, no hay ningún valor en ser famoso o en tener más seguidores. Yo no sabía bien a qué me iba a dedicar, pero sabía que había algo especial que iba a explotar en algún momento. Entonces, para mí no había otra salida que dedicarme a la actuación y a lo grande. Y me fue pasando todo. Me sorprendía, obviamente, y decía: “¡Está pasando, está pasando!”. Pero a la vez yo sabía que iba a pasar. Hay como un germen, medio de bruja, que siempre tuve. O sea, yo me estaba muriendo de hambre en Piedras Blancas, pero sabía que en algún momento iba a llegar.
 

Evitta Luna con pepinos en la cara

Evitta Luna arrancó haciendo videos de humor en Tik Tok. - Créditos: Mili Melzi

¿Cómo es tu vínculo con la admiración del otro, con la risa del otro? 
Todo lo que hago lo hago con vergüenza. En el teatro, antes de salir, muero de vergüenza. Alguien me saluda en la calle y lo mismo. Aunque sé que ese reconocimiento lo necesito también, que me ha dado más seguridad. Pero siempre hay una cuota de síndrome del impostor, como de vergüenza. Entonces, sí, como que estoy luchando todo el tiempo con la vergüenza. A la vez, a veces me encuentro más segura y agradezco. Pero creo que hay más vergüenza que seguridad. 
Entonces llegaste a Buenos Aires con la propuesta de Blender, una valijita, dos gatos y ¿qué onda la ciudad?
Horrible. El primer año fue espantoso. O sea, la pasé muy mal, muy mal. Era diciembre de 2023, había cambio de gobierno. Todo el mundo me decía: “Eva, no te vayas, se viene lo peor”. O sea, todos mis amigos en Uruguay son muy de izquierda, artistas también, ¿no? Me decían: “Eva, se viene dura”. Eran como dos puntas que me tironeaban: se viene el caos, pero bueno, yo sé que mi futuro está allá. Y me vine. Y fue horrible porque sentía mucha ansiedad todo el tiempo. Acá hay un montón de planes sucediendo y en este caos estaba yo, como toda apichonada. Sin mi familia, sin mis amigos, recién arrancando un vínculo, con mis dos gatos, en un Airbnb que no me dejaban meter mascotas. Me descubrieron, me echaron. O sea: caos, caos, caos. Y en medio de ese caos, me sale un casting para una serie que se grababa en Uruguay. “Me vuelvo, es mi oportunidad”, fue lo primero que pensé. Volví a Uruguay, grabé Amor animal, buenísimo. Pero en cuanto terminó la serie, me llamaron de Olga para hacer el programa de verano y ¿qué iba a decir, que no? Con mi carencia, con mi niña carente, dije: “Sí”. Y volví de nuevo. En esa estoy. No he parado.
¿Qué fue Olga para vos? 
Intenso también, pero la pasé mejor. La segunda vuelta me encontró con otro trabajo, más masivo, pero había ya una seguridad en mí, como que yo ya estaba más segura. Había grabado esta serie, Amor animal para Prime Video, me sentía elegida, me estaban viendo. Superé ese primer año que había sido un horror, me separé, ya estaba mejor plantada cuando llegué a Olga. Y entendí que, si en Argentina me pedían que me quedara, surgían estas oportunidades, era por algo. Me cuesta hasta el día de hoy reconocer valores en mí.  O sea, fue fácil el valor del humor...
Pero, de repente, encontrar otras cosas que valoren de vos te parece raro. 
Claro, para mí la serie fue una gran escuela, cumplir horario, aprender mucho texto, generar un personaje... Yo nunca había grabado ni un corto. Me sorprendí de mí misma, yo era capaz de todo eso. Entonces, ya me vine con otra seguridad. Me mudé a una casa, tengo mi propia casa... No es mía, ojalá, pero digo, estoy armando mi propio hogar, con mi sillón, con mi vajilla. No hay nada más importante que estar en otra ciudad pero con tu hogar. Creo que lo importante es armarse de un hogar interno para poder disfrutar otro hogar que es otra ciudad. Yo hoy amo Buenos Aires. O sea, me voy a Uruguay y amo Uruguay, pero extraño Buenos Aires también. Ya tengo DNI, realmente lo siento mi país y me duelen mucho las cosas que pasan. En esa estoy.
¿Viste que está la teoría de los septenios, que cada 7 años ocurren grandes quiebres en la vida? Y en los 28 años hay como un quiebre bisagra, ¿te pasa últimamente esto?
Sí, el año pasado hay algo que cambió, a mis 27. Siempre necesité validación masculina. En realidad, una se dedica a esto porque precisa reconocimiento y le gusta que haya gente aplaudiendo. Me costó mucho admitirme eso. Y con los varones, y con los vínculos particularmente, me pasaba de necesitar reconocimiento, siempre me buscaba excusas para estar enamorada de alguien. Hoy, a mis 27, casi 28 porque los cumplo en julio, estoy en un momento en el que no me gusta nadie. Estoy muy tranquila con lo que soy, hay un lugar muy honesto desde el que hago las cosas. Siento que estoy en un momento de más de seguridad y de verme. Creo que el año pasado, por primera vez en mi vida, me vi. Entonces es “O, están estas carencias, están estos valores, está esto que ya no estoy dispuesta a tolerar más”. Por eso tantas decisiones que por ahí alguien de afuera dice: “¿Cómo te vas a vas a ir de ese lugar, cómo vas a hacer eso?”, yo me las tomo con tranquilidad. 
¿Qué cosas no estás dispuesta a tolerar más?
Estar en lugares que ya siento que no vibran con lo que yo creo que soy. Quizá me equivoque, también estoy abierta a hacerme responsable de mis decisiones, de mis errores, pero no me quiero traicionar más a mí misma. Y si eso implica no quedarme en el lugar seguro, estoy dispuesta a encarar eso. 
Estamos dándole vueltas al tema de que acabás de dejar Olga...
Sí, sí. Después de 2 años. Es parte de respetar lo que soy y lo que me dan ganas de hacer hoy.
Pero ¿cómo te pega irte? 
Siempre es crisis. Creo que cuando una se va de un lugar muy seguro y que todo el mundo ve claramente que es un éxito, sale crisis. Una piensa que las cosas las tenés que hacer cuando estás muy segura y no, hay decisiones que se toman en una confusión. Y hace tiempo que estoy sintiendo la confusión y lo vengo tratando y lo vengo charlando con amigos y bla bla bla. Tampoco es una decisión impulsiva. Estoy muy agradecida con el lugar y la visibilidad que me dieron, con Lucas Fridman, con Migue Granados, con Luis Cella, con Berni... O sea, el agradecimiento creo que es lo primero que me nace si pienso en Olga, pero también había una cuestión de que sentía que había una artista que se estaba apagando. Porque estás todo el tiempo a merced de la creatividad de un canal, y eso está perfecto y pude jugar ese juego mucho tiempo, y me divertí y aprendí. Pero bueno, estaba dejando a Eva de lado...
¿Sentías que estabas opacada o que no tenías lugar para crear?
Que no tenía un lugar. El canal tiene sus códigos, sus valores y sus espacios, y hay gente que por ahí vibra más y tiene más espacio. Y por ahí yo decía: “Quizá no lo estoy sintiendo tanto, quizá no tengo tanto espacio, quizá no me estoy sintiendo tan cómoda”, pero por quién soy yo, no es porque ese lugar haya sido hostil ni nada... Yo no me reconocía por momentos, me encontraba riéndome de cosas de las que no me río en mi vida privada. La pasé igual muy bien, por ejemplo, con Lizy (Tagliani), con Fer (Otero), pero particularmente con Soñé que volaba yo decía: “Claro, esto es un humor muy pibardo y el público es muy pibardo”. Y de repente hacía un chiste y había cierto público..., no todos, porque había gente muy amorosa..., pero sí cierto público muy pibardo me mandaba mensajes muy violentos. Y eso como que te apaga.
Te la empezás a creer.
Exacto, entonces estaba más a la defensiva que desplegando un brillo que yo sé que tengo. Y que, por ahí en otros lugares, en una serie, en el teatro, me nacen. Pero te repito, es un lugar, es un código que tiene cierto medio y que por ahí yo, por mi persona, no pude seguir. Muchas veces me sentí cómoda, por supuesto, en El fin del mundo me sentía muy cómoda. Pero a veces hay que salir de un medio para encontrarse. Ver qué pasa, qué quiero. Y también, es importante decirlo, que un se engolosina con los seguidores que te van subiendo, con las marcas que te van llegando, y decís: “OK, puedo jugar este juego un rato, estuvo bien, pero también yo quiero darme mi lugar”. Siendo una artista, con mi punto de vista de lo que yo creo que es una artista, a veces esa artista se daña por estar en otras empresas, y ahí digo: “No, me tengo que correr”. No porque ese lugar esté mal, sino porque me estoy traicionando. 
 

Evitta Luna saltando en la cama vestida de novia

Evitta Luna en la tapa de OHLALÁ! abril. - Créditos: Mili Melzi

¿Y qué se viene, entonces? 
Primero, el estreno de Amor animal por Amazon Prime Video, que me da un montón de orgullo porque es mi debut como actriz en audiovisual y por el elenco enorme que la protagoniza.
¿Y en teatro? Vos hiciste Pará desquiciada, que estuvo varios años. 
Sí, varios. La verdad es que robé mucho con Pará desquiciada (risas). Y ahora estoy escribiendo una obra nueva basándome en un par de libros. Yo tengo un personaje en las redes, que es una mamá, y leí un libro que me arruinó la vida, El verano en que mi madre tuvo los ojos verdes, de Tatiana Tibuleac. Me estoy basando un poco en ese libro y en otros para escribir la obra, me gustan las obras que me conmueven y, a la vez, hacen reír.
¿Hacés alguna referencia a tu propia madre? 
Seguramente, eso se cuela. Para mí todo lo que hacemos nunca es inocente. 
¿Qué es tu madre para vos?
Es todo. Y la idealizo mucho a pesar de nuestras diferencias. Yo soy de las que dicen: “Ma, sé feliz”, “ma, salí a caminar”. Y mi mamá tiene una historia muy, muy jodida. Sacó a 10 pibes adelante sola. Yo soy más negadora y también por eso he llegado a los lugares que he llegado, onda “acá no pasa nada, vamos, se sale adelante, cha cha cha”. Y claro, yo tengo discusiones con mi vieja, porque ella tiene depresión, toma medicación y todo, y yo le salgo con “salí a caminar, eso se soluciona con salir”. Y no, Eva, pará, no es tan así. 
Es más profundo. 
Es mucho más profundo. Las discusiones que tengo con ella van por ese lado, pero yo a mi madre la amo, la admiro, la veo como una mujer que no puedo creer lo que ha hecho. Si he logrado cosas importantes en mi vida, ha sido porque ella me ha leído, me ha llevado a la escuela, me ha acompañado como ha podido. Hay un montón de cosas maravillosas dentro de sus carencias. La he visto criar a 10 pibes, la veo como una mujer aparte de como una madre.
Vos sos liviana, es algo que te caracteriza, ¿también tenés momentos como muy deep?
Sí, sí, por eso hago terapia desde hace 4 años. Pero intento ver las cosas bonitas de la vida y valorar. También tuve grandes tristezas, fallecieron dos hermanos.
¿Hace mucho? 
Uno hace 3 años, que tenía 28, y el otro cuando yo tenía 16 y él tenía 12. Fueron momentos de mi vida imposibles de superar... Hasta el día de hoy, los nombro y se me quiebra la voz. Por eso, para mí es un privilegio estar viva. Valoro mucho la vida, los derechos humanos. Y a pesar de que me informo y que me duele mucho la realidad, intento, a pesar de todo, elegir ser feliz. Como que al final siento que es una elección. Yo hago cosas para ser feliz. A veces estoy muy triste y me dejo estar triste un rato, OK, sigo, estoy un día abajo..., pero al otro día es “dale, levantate, limpiá la casa, cocinate algo rico, salí a caminar, juntate con una amiga”. También es importante eso, rodearse de personas que estén piolas, que te nutran, que puedas hablar. Tengo buenos amigos, intento rodearme y laburar con gente amiga también, intento armar equipos lindos. Y a pesar de que en algún momento puedo ser hostil y se pueden ver más mis miserias, intento ser piola, es un ejercicio que hago. Tener amigos piolas y elegir la felicidad dentro del caos y de la miseria que vivimos todos los días. 
 

Evitta Luna afeitandose la cara

Evitta Luna es experta en reírse de ella misma. - Créditos: Mili Melzi

Dijiste que estás muy bien sola, pero ¿cuál es tu mirada de los vínculos y la dificultad de encontrar el amor hoy? ¿Cómo lo vivís?
Odio los vínculos. Estoy en ese momento (risas). Yo creo en el amor, o sea, creo que me va a pasar también, para mí es una cuestión hasta de fe, como creer en Dios, ¿viste? El amor siempre está, pero ahora me pasa que no lo estoy buscando. Hace poco vi una entrevista de Darío Z en la que decía que l amor lo encontrás cuando dejás de buscarlo, cuando perdés la fe en el amor es cuando este aparece. Y a mí me pasa que ahora que no estoy interesada en nadie, que no lo estoy buscando, lo veo...
¿Te estás haciendo la boluda con el amor a propósito? (risas).
No, no, no. En serio, no hay nadie que me guste, no me pasa. Estoy en un momento de priorizar serme honesta. Hay algo en la honestidad de dejar laburos, de decidir hacer algunas cosas... “No te gusta, Eva, no te inventes ese amor”. Entonces, no busco el amor, pero lo veo en todas partes. Creo que estoy más enamorada de mí que en toda mi vida. El amor de pareja te encuentra..., estoy segura de que ya va a llegar ese amor que yo me imagino que existe. 
Vos tenés certezas clarísimas, o sea, ibas a ser famosa, el amor existe y va a llegar. 
Exacto. Y también pienso que, mientras tanto, hay que laburar. Porque a veces una encuentra en el amor una excusa para boicotearse, te distraés con chongueos para no hacer lo importante. Rosalía hace poco lo dijo en una entrevista: “Yo estaba escribiéndole cartas de amor a un sujeto que no me gustaba en vez de escribir mi álbum”. A veces el amor es el opio de las mujeres. Nos tienen ahí medio dormidas para no ser exitosas igual que los hombres. Porque los hombres no se enamoran tanto, tienen como dos o tres mujeres. Yo estoy para eso (risas).
Pero bueno, igual, romántica sos. 
Pero ¡vaya que sí! Qué lindo, el amor.

Créditos:

Fotos de Mili Melzi. 

Estilismo de ManuEL Aversa.

Maquilló Jor Antico. Peinó EZEQUIEL DE COSTA PARA DC. Asistentes de fotografía: Camila Giacomini Y Cami torres. Asistente de vestuario: Luna Mazzeo. 
Agradecemos a HOTEL INTERCONTINENTAL (@INTERCONTINENTAL_BUENOSAIRES) Y A BILOBA DECO (@BILOBADECO) POR su colaboración en esta nota.

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Agustina Vissani

Agustina Vissani Directora editorial de @somosohlala, content manager de SOMOSOHLALA.COM y co-conductora de OHLALAND. Especialista en moda y análisis de tendencias.


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