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Maitena, gurú del humor feminista: "No se puede perder tanto tiempo y dinero en gustarle a los hombres"

Hablamos con Maitena Burundarena sobre la evolución del humor gráfico, su historia de amor con Gabriela Cabezón Cámara y su presente más consciente y feliz.


Maitena Burundarena

Maitena es un ícono para mujeres de varias generaciones que buscaron pensar diferente. - Créditos: Fotos de Ines Auquer. Producción de Virginia Gandola



Maitena es la gurú de las revistas femeninas y, como amantes de las revistas que somos, la llamamos para que nos tirara la posta. Ella acaba de inaugurar su muestra “Las mujeres de mi vida” en el CEC de Rosario (la misma que fue un éxito hace unos años en Buenos Aires), en la que nos reencontramos con la obra de la gran caricaturista latinoamericana que ya en los 90 hablaba desde el humor de lo que nos angustiaba o nos daba culpa, iluminaba tabúes y retrataba nuestra esencia en detalles existenciales. Maitena hoy nos habla con sabiduría de la maternidad, del feminismo y de cómo cambiaron los estereotipos en los últimos años. “Hoy lo que más linda me hace sentir es sentirme amada”, dice, y asegura que ahora solo hace lo que tiene ganas de hacer.

 

Sos una observadora de la mujer que captó nuestra esencia en gestos mínimos, ¿cómo lo lográs?

Fue una observación de mí misma, sobre todo. Observando mi cotidiano, mi madre, mis hermanas. Esa es la génesis. Y después, observando a todas las mujeres a mi alrededor. Trabajé mucho en revistas femeninas. Entonces, había algo de la temática de las revistas femeninas que también me interpelaba a la hora de hacer humor. Siempre traté de reírme de lo que me hacía llorar. O sea, la felicidad no hace reír a nadie. Si vas a hacer humor, tenés que partir de una tragedia. Está eso del que se cae, que da risa. Un poco la estructura del humor es esa. Siempre hubo humor en mi vida cotidiana y creo que eso me ayudó a vivir mejor.

¿Cómo funciona el humor para vos? ¿Es una supervivencia, un rescate, una denuncia? 

A mí me gusta mucho algo que dice Raymond Queneau: “El humor es una tentativa de limpiar de estupideces los grandes sentimientos”. Se puede aplicar a muchas cosas..., a la maternidad, al cuerpo, a los hijos, a la educación, a las relaciones, a todo aquello que creemos que es sagrado o que “de esto no te podés reír ni burlar”. Sí, te podés burlar de todo, y te podés burlar sobre todo de tus sentimientos, aun de los más duros y los más tristes. Yo nunca quise burlarme de otras, ese humor nunca me interesó. Siempre empecé haciendo un trabajo conmigo misma. 

¿Poder reírse de una misma es algo que se trae innato o podemos aprenderlo?

Yo creo que lo tengo innato, porque tenía muchos hermanos, era la anteúltima de 7. Entonces yo trataba de decir cosas graciosas para que me miraran... y funcionaba. Pero igual creo que es algo que se entrena. Y se entrena si tratás de pensar que nada es tan importante, que nada es el fin del mundo, que al final vas a sobrevivir, y así te podés reír de cualquier cosa.

También creciste con una mamá que tenía un diagnóstico de depresión. ¿Eso influyó en tu manera de tomarte la vida?

Influyó en que viviera siempre en la calle, siempre buscando aventuras en otro lugar en el que hubiera más onda que en mi casa, donde estaba mi madre, pobre, que a veces estaba bien y a veces estaba mal porque era bipolar. Cuando era chica me reía de mi madre, ironizaba, lo pienso ahora y veo que es feo que una hija de 10, 12 años se te burle o se te ría y vos estás deprimida. Pero para mí era una manera de soportar esa madre, ese dolor. Después, ya de grande, no me pasó. Siempre tuve empatía con ella, viendo cómo podía ayudar, si la podía hacer reír. Siempre traté de hacerla feliz, que es lo que tratan de hacer todos los hijos cuando son chicos con su mamá. Pero estaba difícil.

Maitena Burundarena

Maitena es un ícono para mujeres de varias generaciones que buscaron pensar diferente. - Créditos: Fotos de Ines Auquer. Producción de Virginia Gandola

La maternidad es uno de tus grandes temas, ¿cómo fuiste vos como mamá a los 17? ¿Y cómo fuiste mamá después, casi a los 40?

Creo que ningún niño merece tener una madre adolescente, eso para empezar. Nosotros crecimos juntos y creo que me mandé muchas macanas, cometí muchos errores. O sea, todas las madres cometemos errores a la edad que lo hagas, pero la adolescencia es una edad para otra cosa. Igual, creo que mis mayores errores vinieron un poco después, porque lo que a mí me pasó fue que fui madre a los 17 años, y después a los 19, y a los 23-24 años, cuando me separé, tenía muchas ganas de vivir. No había salido de noche, no había hecho nada, además no tenía un peso. Entonces ahí empecé un poco una vida más loca, y a hacer algunos desastres. Pero creo que fui la madre que pude, como somos todas, y habría que preguntarles a mis hijos qué tal he sido. Algunos son más críticos que otros, pero un buen termómetro es ver cómo son ellos...; y ellos son, sobre todo, buenas personas. Independientes, muy laburadores, divertidos, hermosos, buena madre mi hija. Entonces, tan mal no lo hice.

En el humor vos te anticipaste un poco a esa movida del lado B de la maternidad, ¿no?

Sí, yo no solo hablaba mal de los hijos y de la maternidad, sino que hablaba muy mal de las madres. De la relación con la madre, de la dificultad de esa relación. Ahora está mucho más de moda y a veces me parece que se pasa para el otro lado, porque parecería que tener hijos es horrible. Bueno, ¿no querés?, no tengas, listo, está la opción, nadie te pone una pistola en la cabeza. Entiendo que hay embarazos más difíciles, que hay mujeres que la pasan horrible en el embarazo o en el parto. Y después, los primeros años la pasamos horrible todas. A veces me parece que hay mujeres, en esta época, que no tienen la menor idea de lo que es ser madre y que cuando lo son la pasan mal porque piensan que un bebé es algo que vos podés manejar: no lo podés manejar, un bebé te domina. Son 2 años de tu vida en los que manda el bebé y marca tus horarios, tus comidas, tus horas de descanso, cuándo te podés divertir o no, cuándo podrás tener sexo o no, cuándo te podés bañar o no. Entonces, tenés que estar dispuesta a ese cambio. Yo a veces veo chicas de treinta y pico que están súper de joda, y laburando, y viajando...; tienen un hijo y les agarra un bajón a los 6 meses. Se quieren matar, pero no sé, paseen a sus sobrinos un ratito antes. Es heavy tener un hijo. Practicá, no es joda. 

Cuando empezaste a ilustrar mujeres, ¿cuáles eran los grandes tabúes? 

Qué sé yo, todo era tabú. El deseo sexual y el deseo general, el deseo de triunfar, el deseo de seguir una vocación, el deseo que fuera. Que se respetara el deseo femenino, porque el que siempre se respetó fue el deseo masculino. La mujer no estaba ni caliente, era objeto del deseo del hombre. A mí me gusta mucho esa frase de Marta Dillon para Ni Una Menos, que es “nos mueve el deseo”; y es lo que te mueve en la vida, es lo que te lleva a hacer grandes esfuerzos, grandes movimientos, grandes cambios.

Y a vos, Maitena, ¿quién te hizo feminista?

Cuando preparaba “Las mujeres de mi vida”, tuve que ver todo el material revisándolo con Liliana Viola, la curadora, y miraba lo que yo dibujaba a los 20 años..., y siempre dibujé lo mismo. Siempre me interesó el punto de vista femenino. La pregunta base que yo tenía era ¿y por qué las mujeres no? Creo que eso me viene de ver a mi madre, que hizo un crossover de clase social: la pobre polaca, chocha de la vida, salió de Dock Sud, en bote yendo a la facultad, se recibió de arquitecta, se casó con un ingeniero pensando que serían una pareja de profesionales, tuvo siete hijos... y nunca pudo ejercer. Mi padre sí, él podía. Él pudo ejercer su profesión y destacarse... y ella no, y además no le gustaba criar hijos.

Maitena Burundarena

Maitena es un ícono para mujeres de varias generaciones que buscaron pensar diferente. - Créditos: Fotos de Ines Auquer. Producción de Virginia Gandola

Además, la veías triste...

Es que yo creo que desarrolló sus problemas nerviosos a raíz de su insatisfacción, de la frustración enorme que tenía, de no poder ser lo que había querido ser, de haber tenido un hijo tras otro. Tuvo 14 embarazos, pero 7 hijos. Era una época muy dura para las mujeres, y además perdían un hijo y de eso no se hablaba.

Otro tema tabú.

Otro tema tabú, la muerte de hijo. Yo perdí una hija a los 21 años, en un parto a término, y nunca lo hablé. Volví a mi casa y habían guardado toda la ropita, no había rastros, nadie me habló del tema. Yo empecé a tomar alcohol en esa época. Y 20 años después, en análisis, descubrí que el tema mío era que yo nunca había hablado de eso... Ahora lo puedo hablar, te lo puedo contar a vos, pero yo no podía, nunca lo había hablado con nadie, me separé por eso..., por ese dolor, porque tampoco lo podía hablar con mi marido. 

Muchos años hiciste tira diaria y en un momento dijiste “basta”, ¿qué pasó?

Sí, trabajaba mucho. Estaba publicando en 30 países, me la pasaba trabajando, estaba ganando un montón de plata, pero no tenía ni tiempo de gastármela. Yo empecé a trabajar porque necesitaba mantener a mis hijos a los 18 años. Nunca tuve intenciones ni de ser artista ni de ser una persona reconocida. Lo único que quería era ganar plata, pagar el alquiler, pagar las cuentas, salir adelante. Entonces, todo fue una sorpresa y fue un montón. Y un día me di cuenta de que había ganado un montón de plata y seguía trabajando como si lo necesitara. Y dije “hay algo que está mal”, sobre todo porque mi vida estaba mal. Tenía problemas de adicciones, tenía problemas con mi pareja, con mis hijos, mi vida estaba muy desordenada. Además, como vivía laburando, cuando llegaba el fin de semana me la pegaba, agarraba una botella de vodka y me la bajaba entera.

¿Cuántos años tenías?

Tenía treinta y pico, dejé de hacer tira diaria a los 43. 

Cuando hablás de adicciones, ¿es este mismo alcohol que empezaste a tomar a los 23, 24, que nunca dejaste? 

Sí, y otras cositas. Pero nunca tuve consumo problemático de otras cositas. Yo era del alcohol: primero del vino, del whisky, del vodka...

¿Cuándo te diste cuenta de que se te estaba yendo de las manos?

Me di cuenta en un momento, a los treinta y pico de años. Pero tenía una pareja medio tóxica, entonces no lo pude solucionar... Y a los 43 dije: “No me importa, lo voy a solucionar sola o acompañada”. Lo dejé y cambió mucho mi vida. Dejé de trabajar, dejé de beber, dejé todo. Me acerqué mucho a mis hijos más grandes, a mi hija menor, a lo que tenía, a lo que había conseguido. Tenía plata, podía dedicarme a escribir, a leer, que siempre me había encantado y nunca había tenido tiempo. Al principio pensé en tomarme un año sabático, me fui a vivir a la playa, pero no volví más. En algún momento pensé que había quedado atrás todo eso. Pero cuando volví a vivir a Buenos Aires y empecé a militar en Ni Una Menos, empecé a salir a la calle y me encontré con un montón de mujeres de entre 30 y 40 años que me decían: “Vos me hiciste feminista, vos fuiste mi primera ESI”. Cosas muy hermosas, muy fuertes. 

¿Vos todavía no habías podido ver lo valiosa que sos?

No, no. Yo me quiero mucho y tengo hasta un ego bastante importante, pero lo que no había entendido era lo que había pasado con mi trabajo. No me hago la modesta, soy así. Me cuesta creer que esté tan bueno como algunas personas dicen. Hay algunas viñetas que veo y digo: “Esto está bueno”, pero bueno, me lo voy creyendo con el tiempo. Sobre todo hoy veo que hubo un diálogo, un pensar juntas. Nos hicimos las mismas preguntas. Entonces, no es que me siento más arriba, me siento igual..., y como dibujante, recién ahora me estoy considerando una buena dibujante. Siempre me consideré una dibujante bastante mediocre. No me vuelve loca, pero me gusta un poco más. Y tampoco me importa ser la mejor. A veces me dicen: “Ay, sos la 1”, y yo no quiero ser la 1 ni quiero ser la mejor. Conozco 10 pibas que dibujan mucho mejor que yo. Creo que sí, yo supe ver algunas cosas, supe entender algunas cosas y tengo algo en la manera de comunicarlas, en la manera en que hablan mis personajes, que es muy cercano. Y también creo que no me creí algunas cosas porque los hombres, mis colegas, no me respetaban demasiado. Entonces yo les creía, pensaba que no era tan buena dibujante como ellos. Y me equivoqué al creerles, pero no porque yo no era tan buena: porque ellos tampoco son tan buenos. 

¿Entonces hace poco sí pudiste conectarte con lo que habías creado, con lo que habías sido?

Sí, me di cuenta de que les había dado un montón de letra a muchas mujeres para entender cosas, para tomar decisiones, para sentirse mejor, para sentirse más acompañadas. Ahí justo me ofrecieron la muestra en el CCK y dije “¡wow!”. ¡Volver a vivir! Hice la muestra “Las mujeres de mi vida” y después de la muestra me volvieron a ofrecer una tira diaria. Arranqué de nuevo, pero duró poco, dos años y medio, acabo de volver a dejar. Es muy, pero muy esclavo y yo quiero vivir, me parece que lo más importante es vivir. Plata para vivir y pagar mis cuentas tengo, no necesito más, no quiero más plata..., o sí, pero no al costo de no tener tiempo para estar con mi nieta, con mis amigas, con mi novia, no sé. Quiero vivir, estoy muy enamorada, muy contenta, muy feliz, tengo una nieta increíble.

¿Cómo sos como abuela?

Lo bueno de ser abuela es que, si no fuiste la mejor madre del mundo, podés corregir. Sobre todo con mi hija mayor, que es la más crítica de su madre. Porque es la hija de ella. Entonces, la revancha está buenísima. Y, además, yo creo que ella misma, después de ser madre, también me entendió más. Porque una cosa es criticar a tu madre desde los 25 años, sin tener idea de lo que es tener un hijo. Y otra cosa es tener un hijo y darte cuenta del tiempo que lleva. Aunque tengas la madre que tengas, agradecele el tiempo físico que puso en vos. Y ser abuela es el amor más puro que sentí en mi vida. Nunca sentí algo de tanta pureza. Nos amamos, yo entré al parto..., nos amamos desde el segundo uno.

¿Qué aprendiste vos de ella? 

De Luisa aprendí lo mismo que aprendí de mis hijas, a ver el mundo de hoy. Yo creo que si soy tan contemporánea siempre, tiene que ver con que siempre tuve hijos. Estar con gente joven, sean hijos, nietos o, no sé, tus sobrinos, tus vecinos, te trae el mundo nuevo, el mundo de ese momento, su música, su manera de hablar, su manera de relacionarse, de vincularse, su estética. Me encanta que nunca dejé de ver dibujitos animados. Primero los veía porque me encantaban a mí. Después fui madre a los 17, a los 19, seguí viendo y después fui madre de nuevo y después fui abuela. Entonces siempre estoy yendo al cine a ver todos los estrenos de dibujos animados, y me encantan. 

¿De qué cosas que te podías reír en los 90, en el 2000, ahora ya no te podés reír? 

Cambiaron muchas cosas de los 90 para acá, aunque ahora parece que estamos volviendo. Con el tema del cuerpo de la mujer también atravesé los cambios que pasaron estos años. Yo vengo de una familia gordofóbica total. Mi hija menor me ayudó un montón a entender esta última ola feminista. Yo la viví al lado de ella y fue muy interesante, porque ella era adolescente y eran las que más tenían marco teórico. Yo cambié mi posición un poco, porque venimos formateadas por los mandatos y por los hombres, pensando que una mujer para ser linda tiene que gustarle al hombre. Y al hombre le gusta una mujer flaca, con el pelo lacio, depilada. Bueno, tenemos que sentirnos lindas con la cadera que tenemos, el pelo que tenemos, la papada que tenemos. ¿Por qué ellos son lindos pelados con papada y nosotras somos feas? O sea, basta. No podemos seguir escuchando y haciéndole caso a ese discurso. Tenemos que aceptarnos más, querernos más. No se puede perder tanto tiempo y dinero en gustarles a los hombres..., es un delirio. Nunca te vas a parecer a eso que la industria te pone como mujer real. Las mujeres somos divinas, somos preciosas, todas. Y tampoco buscar quedarnos en los 20 años, crecemos y también somos lindas.

Vos también tenías algo, muy de la época, que era como esta cosa del horror por el paso del tiempo, que se retrataba mucho en las historietas. 

El tema de las operadas era muy de los 90. Igual, ahora están todas igual..., pero lo que más me impresiona es cómo en cada época todas se hacen lo mismo. Y entonces ahí sí hay un patrón de origen masculino, de lo que le gusta al hombre..., porque esas bocas, eso no da. 

¿Cómo llevás hoy el envejecer?

Hay que aprender que cada etapa de la vida hay que vivirla con toda. Y si sos muy joven y te gusta andar en bolas, y te gusta andar toda tuneada, hacelo, hacelo cuando tengas ganas, hace todo lo que quieras. Y cuando sos grande, sos grande, asumite y tratá de disfrutarte como sos y ser como sos. A mí me cuesta... Hay días que me cuesta más que otros, hay días que me siento espléndida y hay días que me siento de 150 años. Pero lo que más hermosa me hace sentir es sentirme amada. Tener al lado a una persona que me dice: “Sos divina como sos”.

Maitena Burundarena

Maitena es un ícono para mujeres de varias generaciones que buscaron pensar diferente. - Créditos: Fotos de Ines Auquer. Producción de Virginia Gandola

Contame de tu historia de amor con Gabriela (Cabezón Cámara), ¿cómo empezó todo?

Yo no la conocía. La había visto en fotos y ya me había impactado su mirada. Después la leí y me pareció tremenda escritora. Y un día, en un evento en Brandon sobre textos de María Moreno, la escuché leyendo y quedé completamente flechada. Porque yo llevaba varios años separada y pensaba que ya no me gustaba la gente de mi edad, ya había salido con gente más joven y tampoco la idea era maternar. Creía que me había retirado del amor.

¿Tu última pareja había sido mujer o había sido hombre?

Mi última pareja fija, formal, 20 años, fue hombre. Después estuve tres años con un joven, después estuve unos meses con una chica muy joven. Y un día me la cruzo a esta mostra y digo: “¿Y esta? Esta es una bomba”... Me enamoré. Y bueno, yo lo manejé con mucha calma, porque estaba completamente segura de que íbamos a estar juntas. Estoy muy enamorada, muy contenta y es muy relajado, a esta edad, sentirse así. Y esto de la edad..., no tengo nada que hacer contra esto que viene, más que disfrutarlo. Y vamos a envejecer juntas y vernos como nos veamos. Lo único que tratamos es de tener onda y vernos cancheras.

Como que también la edad te trae esto de no tener que explicar nada, ¿no?

Tratar de explicar lo menos posible y ser vos misma. No meter la panza, digamos. 

¿Qué otras conquistas trajo la edad?

La conquista de la edad para mí fue dormir. Levantarte después de las 9 de la mañana, no despertarte 7:20. Que además era horrible, era una madre horrible, mis hijos faltaban al colegio porque nunca llegaba. Conquistas de la edad hay muchas. Yo ya casi no hago nada que no me guste, no voy a ningún lugar al que no tengo ganas de ir. No me gusta cocinar para mucha gente, no cocino. No escucho a alguien que no tengo ganas de escuchar..., me levanto y me voy. Defiendo. Defiendo a alguien en la calle, en el subte... No sé, veo que hay mucha violencia, mucha agresión contra las mujeres, contra las mujeres viejas, contra las mujeres en general. Hay un permiso de decirles cualquier cosa y yo en eso soy bastante valiente. La edad me da el lugar como para sentirme cómoda hablando y diciendo lo que quiero decir. Hago lo que quiero.

¿Y qué cosas te dan ganas de hacer hoy? La tira diaria sabemos que no.

La tira diaria no, lo lamento porque a mí me encanta hacer tira diaria, pero después no lo aguanto. Quiero hacer un libro con Gaby. Quiero dibujar animalitos. Me encanta... Dibujé tantas personas, y ahora estoy dibujando muchos perros, tortugas, gatitos. Y tengo una propuesta para hacer una serie para una plataforma.

¿Con las mujeres alteradas?

Sí, pero con personas. También tengo ganas de escribir y también tengo ganas de no hacer nada.

Pero seguís con la muestra “Las mujeres de mi vida”, que en 2022 estuvo en el CCK y ahora en Rosario. ¿Qué te movió reencontrarte con toda tu obra?

Había que hacer un trabajo curatorial importante, porque eran 3000 páginas. Para mí fue imposible. Entonces la llamé a Liliana Viola, y la verdad es que su trabajo fue genial. Ella supo tomar lo que más importaba para poder decir lo que queríamos decir. Yo hubiese descartado un montón, sentía que atrasaba, y ella me decía: “No, es importante para entender dónde estamos, saber de dónde venimos”. Es importante ese tránsito. Y yo creo que ahora, estos últimos 3 o 4 años, pasó otra cosa más, otra vuelta más, y es que estamos retrocediendo a los 90, justamente..., y más también, a 1800. Y en este retroceder, tengo la creencia de que las mujeres tenemos que explicar todo de nuevo. A mí me da una fiaca atroz porque ya lo expliqué...

Maitena Burundarena

Maitena es un ícono para mujeres de varias generaciones que buscaron pensar diferente. - Créditos: Fotos de Ines Auquer. Producción de Virginia Gandola

¿Hay que reeditar libros?

Reeditemos, porque yo ya lo dije. Y si bien el tema de la mujer me importa y el tema de género me importa, en este momento no es el tema que más me importa. Eso también lo tengo que decir. Son muchos años de trabajar en temas de género sin saber que se llamaban así. Y la verdad es que lo que sí tengo para decir es que cada vez tengo menos claro qué es femenino y qué es masculino. Cada vez se me borronean más los bordes.

Y eso es algo bueno.

Yo creo que es algo bueno.

Como volvernos más humanos todos.

Exactamente, volvernos más humanos, más como los animales. Y dejar esa pelea tonta del género. Seamos personas, buenas personas, y cada uno que haga lo que puede, porque, en definitiva, hacemos lo que podemos. Todas las personas hacemos lo que podemos. Y los que tenemos hijos, no hay nada más importante cuando tenés un hijo que verlo feliz, que tu hijo sea una buena persona y que encuentre la felicidad y el amor. Lo importante es que encuentre a alguien que lo ame, que lo quiera bien y lo haga feliz y que él pueda amar, que sea una persona capaz de amar. Todo lo demás no importa.

Maitena Burundarena

Maitena es un ícono para mujeres de varias generaciones que buscaron pensar diferente. - Créditos: Fotos de Ines Auquer. Producción de Virginia Gandola

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Agustina Vissani

Agustina Vissani Directora editorial de @somosohlala, content manager de SOMOSOHLALA.COM y co-conductora de OHLALAND. Especialista en moda y análisis de tendencias.


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