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 • HISTORIAS

Lali Espósito: “Ya no es gratis decir algo fuera de lugar, a la mujer se la respeta”

Ni siquiera una pandemia pudo parar su potencia. Con un disco y una serie recién lanzados, hoy se reafirma en su más pura esencia.


Chaqueta y gafas, Kostüme.

Chaqueta y gafas, Kostüme. - Créditos: Sebastián Arpesella



Lali está recién “aterrizando”. Pero no se le nota ni el jet lag ni el acento castizo, a pesar de haber estado viviendo más de un año en Madrid, donde grabó Sky Rojo, la última superproducción de Netflix que la tiene como protagonista. También en este tiempo pandémico se dio el lujo de fluir en su búsqueda musical –de ahí nació Libra, su cuarto disco de estudio–, de encontrarse con su propia dualidad, experimentar la soledad y extrañar los abrazos de los suyos... De “buscarse la vida”, como dicen allá.

Buenos Aires la recibió no solo con nuestra tapa aniversario –en la que desafió las supersticiones con nosotras, posando con un gato negro–, sino también con muchos proyectos para este año: la acaban de elegir como embajadora de Puma, será jurado de una nueva temporada de La Voz Argentina y está preproduciendo la adaptación a la pantalla del libro El fin del amor, de Tamara Tenenbaum.

Lali, en serio, es como la ven. No tiene doble faz, es de esas personas con las que te sentís cómoda, que confiás en que el diálogo solo puede ser sincero y –no sabemos bien cómo explicarlo– se pone frente a la cámara y entendés todo: es una estrella pop. Tiene eso, la fuerza necesaria para mover estadios y, al mismo tiempo, la profundidad para ponerle voz al dolor y la injusticia, como actriz o como activista. Ojalá disfrutes este encuentro tal como nosotras lo disfrutamos.

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Chaleco y pantalón, Vitamina, $7990 Y $7500. Top, Puma, $2199. Zapatillas, Puma, $10.999. - Créditos: Sebastián Arpesella

¿Cómo encontraste Buenos Aires?

Es extraño volver. Lo loco es que una quiere, pero... ¡me había armado una vidita, que la extraño! Hay algo ahí medio agridulce.

¿Qué tenía esa “vidita” madrileña que vas a extrañar ahora?

Bueno, allá probé el néctar de vivir la ciudad sin ningún tipo de tapujo: de si te reconocen, si no te reconocen... No quiero quedar como una boluda diciendo esto, preguntémosle a Messi lo que se debe sentir. Pero bueno, en mi escala, yo sé que si voy a un shopping acá me pasa algo. Entonces empezás a armarte una vida inconscientemente que te es cómoda. Allá directamente no pensaba en esas cuestiones. Pude hacerme esa vidita de barrio, de mis cositas, mis lugarcitos para el café, de conocer gente increíble y de abrir el corazón a descubrir situaciones que no conocía. Eso siempre es lindo.

“Me despierto cada día y agradezco la posibilidad que tengo. No lo doy por hecho, no me parece algo ganado, es algo que me tengo que ganar todo el tiempo”.

¿Sentís que gracias a eso conociste cosas distintas tuyas, que sacaste una nueva Lali?

Siento que reafirmó a una Lali: se reafirmó la colega, la mujer, mi yo individual. La obligación a una introspección cuando estás sola en otro lado, sin duda, te hace reconocer cosas tuyas que estaban ahí pero las tenías aplacadas y de pronto podés ver el crecimiento. Una dice: “Siento que es una experiencia que me hizo crecer”. Bueno, lo vi. Sentía que pasaba todos los días y eso fue lo lindo de la experiencia.

Es como que la pandemia no te frenó. Seguiste a pleno: sacaste un disco, grabaste una serie...

Porque ¡culo inquieto! Hay algo ahí para trabajar con el psicólogo: no sé parar mucho, laburo desde muy chica. Aparte, cuando te gusta lo que hacés, es muy difícil tomar la decisión de parar. Porque siempre estás buscando un proyectito nuevo o una manera nueva de hacer una cosa, una canción o lo que sea. En la pandemia lo que me pasó fue que seguí laburando, pero, como todos, tuve que reinventarme, por ejemplo, cantar, pero hacerlo de otra manera, ¿no? Yo, que me monto toda en los shows, de pronto me puse acá en mi casa con mi micrófono en mi estudio casero a grabar cosas, a subirlas a las redes, a compartir música de esa manera. Es como que no paré, pero a la vez sí paré a pensar cómo hacer las cosas de otra manera. También mi parate fue un privilegio porque paré un mes y medio, dos meses a lo sumo, y enseguida volvimos a rodar. Sky Rojo fue una de las primeras series de España en volver a rodar.

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Saco y bermuda, Paula Cahen D´Anvers, $19.995 y $8295. Zapatillas, Puma, $10.999. Pulseras, TodoModa, $299 cada set. - Créditos: Sebastián Arpesella

En la serie, tu personaje es una mujer que intenta escapar de una red de trata. ¿En algún momento, investigaste o hablaste con chicas que hayan estado en redes de trata? ¿Cómo fue eso?

Sí, los guionistas y creadores de la idea armaron unas carpetas con entrevistas a prostitutas, a víctimas de trata, y toda esa información nos la dieron a las tres protagonistas, a Vero Sánchez, a Yany Prado y a mí. Lo leímos, lo compartimos, lo discutimos, era cuestión de bajarlo a tierra y entender ese espanto de verdad. Luego el trabajo es dejarlo en una fibra íntima para poder componer a los personajes y después era volar hacia la ficción. Sky Rojo es una serie de acción, que quiere hablar de un tema que pocos eligen hablar mientras te entretiene. Me parece bastante loable ponerlo en el mainstream. Hay un concepto que define muy bien a la serie, que es el del caballo de Troya: te meto el entretenimiento, el brillo, la locura, autos que vuelan, prendemos fuego todo..., pero no te diste cuenta y te clavé el puñal de lo que quiero que escuches, que es lo que pasa. Creo que esa es una decisión muy inteligente. Y a mí me parece necesario hablar de esto, en el formato que sea. Sabemos que cuando hay un documental real que habla de trata de mujeres, mucha gente prefiere no verlo. Esta serie te invita a disfrutar de una ficción y te va a hablar de algo que a la gente le va a tocar la fibra íntima, seguramente.

No soy ejemplo de nada porque siempre todas estamos librando nuestras propias batallas”.

Vos rompés una regla, que es: “hay que dedicarse a una cosa a la vez para que eso dé sus frutos”. Vos tenés dos dimensiones demasiado grandes, ¿cómo administrás la energía?

Soy muy consciente de que gasto mucha energía. Me gusta mucho trabajar. Me despierto todos los días y agradezco la posibilidad que tengo. A mí me parece un privilegio trabajar de lo que me encanta. No lo doy por hecho, no me parece algo ganado, es algo que me tengo que ganar todo el tiempo. Yo veo el arte como algo en 360°, y si el día de mañana me pongo a pintar y descubro que me gusta, probablemente haga cosas con eso y no creo que tenga que ser una gran pintora para hacerlo, sino simplemente entregarme a esa expresión. Me pasa muy claramente con la música y la actuación, que son dos pulsiones que tengo todo el tiempo. Lo que me pasa con la actuación es que elijo qué voy a contar. Y la música es tan personal y ese proyecto es tan importante para mí que siempre en la balanza ganaba. Pero voy proyecto a proyecto. Sacar un disco y, mientras tanto, estar rodando una serie, no te voy a negar que llega un momento en que estoy cansada, pero lo veo como oportunidades de disfrutar de lo mío. Realmente lo vivo como un privilegio.

Tu último álbum, Libra, ¿fue un proceso de búsqueda personal?

Libra fue un desequilibrio mío, no estaba realmente centrada en lo que quería por primera vez en todos mis discos. Entraba al estudio y decía: “Realmente no sé, voy a fluir porque no sé”. Hice un disco de puro fluir. Es lindo fluir, pero también tenía mis momentos de pensar: “No sé si está bien esto”. Era todos los días ver productores distintos en Los Ángeles, Miami, en España, pero también era mucha búsqueda para mí. De hecho, me preguntaban: “¿Qué pretendés con este disco?”. Lo estaba haciendo y era: “No tengo idea, simplemente es fluir”. Libra no solo es porque es mi signo, sino porque había algo en la imagen de la balanza, del equilibrio, que a mí me parecía lo que me había pasado con el disco. Tuve que hacer un equilibrio entre el sonido latino, el sonido pop que es mi esencia, hacer como un mix de la Lali que venía y de la Lali que me siento ahora. Había como un balanceo que me traía esa imagen, el encontrarme con la chica que está en la tapa. Esta intención del estoicismo, el estar bien parada, de esta especie de iluminación de “estoy en mi búsqueda y soy consciente de que estoy intentando conectarme con algo propio”. Hay algo muy lindo de la estética del disco que tiene que ver con esto, con los pies en la arena, en la tierra, descalzos.

Como mujer, ¿sentís que pagaste costos altos por pertenecer a la industria? ¿Hay que hacer mucho la vista gorda? Hace unos días, hubo un cruce entre Cazzu y Arcángel que abrió debate...

En esta respuesta voy a ser cuidadosa y abro dos aristas. Porque la repuesta es “sí”. Es dificilísimo ser mujer en cualquier industria, sobre todo la del espectáculo, que está tan regida por hombres. Todos los productores son hombres, todos los que toman decisiones son hombres, siempre. Por suerte, ahora una empieza a ver caras femeninas en altos cargos en la música. Pero la respuesta principal es “sí”, pero porque yo tengo que hacerme cargo y hablar por todas. Soy consciente y esto tiene que ver con la arista número dos: a mí hubo cosas que se me hicieron fáciles, pero que a mí se me haga fácil no significa que la respuesta sea “es fácil”, porque soy consciente de que no. Yo me siento tocada con una varita mágica; igual, le puse mucho ovario, fui para adelante, abrí puertas en la manera de ver a una artista joven pop en Argentina, y eso no lo digo desde un lugar ególatra, sino de un lugar importante para mis colegas que pudieron después que yo hacer su propia música o tener menos miedos. Entonces, que yo haya tenido caminos bonitos de transitar no significa que la industria no sea superjodida para las mujeres. Yo lo veo al revés, si puedo por X motivo abrir una puerta y esa puerta ayuda a alguien, está buenísimo. Y retomando lo de Cazzu y Arcángel, el género urbano es todavía más machirulo. Y todavía soportamos videoclips del pibe con la cadera de oro y con ocho culos a su alrededor. Lo que expresó Arcángel es que esos culos que le están bailando a su alrededor no son respetables porque no son las madrazas criando a los hijos. Me imagino el golpe para Cazzu porque ella es de ese género musical. Entonces, es como: “Perdoname, estoy acá..., ¿qué querés decir?”. Tiene que ver con todo lo que estamos derribando. Se viene trabajando hermosamente por derribar que ya no sea gratis decir algo. Si vas a decir algo así, si no aprendiste nada en los últimos años, no es gratis, ya no podés decir lo que quieras. No significa castigar a la persona porque también puede aprender y ser mejor en eso, no lo estamos bardeando a él. Simplemente digo que es bueno que pase esto porque decís: “Cuidado”, ya no es gratis decir algo fuera de lugar y a la mujer se la respeta. A la que muestra su culo en Instagram y a la que decide no hacerlo, a la que sea.

Chaqueta, Min Agostini.

Chaqueta, Min Agostini. - Créditos: Sebastián Arpesella

Hablando de eso, vos tenés una linda relación con tu cuerpo y tu sensualidad. ¿Sos consciente de que sos modelo para otras mujeres que quizá todavía no tienen esa relación con su propio cuerpo? ¿Cómo pensás las imágenes en tus videos, en tus canciones?

Sí, soy consciente, pero a la vez estoy en el proceso natural, como todas, de aceptar mis propias neurosis y trabajar sobre ellas, mis propios traumas e inseguridades, que son un montón. A veces una parece estar hiperlista con su cuerpo y la verdad es que no, siempre estás en proceso vos misma de deconstruirte. Vos misma sos la que juzga la parte estética, ese es un aprendizaje de años. En los últimos cinco o siete años fui mucho más consciente del trabajo que hago para aceptarme, para quererme, para verme guapísima cuando el jean me aprieta porque de pronto engordé un toque y darme cuenta de que si el jean me está bailando demasiado, tampoco está bueno. Soy consciente de que una está expuesta y que a mí me sigue un montón de gente joven, sé que es un tema importante. Intento siempre aclarar que no soy ejemplo de nada porque siempre todas estamos librando nuestras propias batallas. Algunas impuestas por el patriarcado, es un trabajo muy difícil borrar ese tatuaje, pero todas estamos en ese proceso siempre. Creo que, en mi forma de expresarme, lo que me deja tranquila es que, más allá de que aclare que no me siento ejemplo de nada y que ojalá que nadie me copie en nada, tampoco soy boluda y sé que una se hace esos maquillajes, se pone esos trajes y está en el escenario y eso es muy inspirador para la gente joven a la que le gusta la música o lo que sea. Mi balanza está en que cuando hablo o me expreso o subo algo a mis redes, se deja entrever que para mí no es importante la estética en mi persona. Soy como soy, hablo como hablo, me puedo subir sin maquillaje, me puedo subir superproducida para el escenario o jugar con ese personaje de la sexy también. Si solo se me conociera la cara de la que se hace la femme fatale en el escenario, esta respuesta sería rara. Pero creo que hay un balance entre una Lali que más o menos pueden ver cómo me muevo y cómo soy en la vida y la que juega con su sexualidad, yo soy todas.

“Hay una energía del universo de la que soy consciente y de la que me abrazo para ir para adelante”.

¿Cómo te llevás con la guita? El éxito también trae eso y la guita es una energía que hay que saber administrar...

La guita es una energía de la que me costó mucho tiempo hacerme cargo. Yo vengo de una familia que tenía lo justo y necesario y empecé a trabajar a los diez años, pero llega un momento en que ganás más que tus viejos y tenés 12 o 13 años... Eso es un tema que si no lo laburás a medida que vas creciendo, se arma esa bola de culpa que te aleja del entender que ese dinero es bueno, no es malo. Ese dinero no te aleja de los tuyos, te da una calidad de vida y vos les podés dar a los tuyos una calidad de vida. Creo que por la crianza que me han dado mis viejos siempre entendí para qué me servía la plata. Tengo mi casa y sabemos lo que significa tener un techo, más en este país, que hay gente que por más que se rompa el culo toda la vida, no lo logra. Haberles podido regalar una casita a mis viejos o darles una mano a mis hermanos o cosas más frívolas como irme de vacaciones y viajar en primera... Son pequeños gustos frívolos, pero son las cosas en las que yo veo reflejado mi esfuerzo. Me fui amigando con el dinero porque fui entendiendo que eso era un logro que no me tenía que dar culpa. Para mí es invitar a mis amigos a un asado y al que me quiera decir “¿cuánto gastaste?” lo mato. Yo ahí veo mi plata: gastarlo en gente que me cae bien, en comer bien, en un buen vino. Es como simplón pero es lo que a mí me pasa con el dinero.

La última vez que charlamos te encontramos muy enamorada, era 2018, queríamos saber en qué andás ahora... Fantaseábamos un poco que estabas con Miguel Ángel Silvestre...

Yo sé que soy una decepción para la patria, perdón. Una tiene mil historias que la gente no tiene idea y yo jamás las contaría, es mi intimidad. Pero en esta me dicen: “¿No lo querés contar?”, y te juro que no estoy con Miguel Ángel, cero. Tenemos una relación muy linda, lo que pasa es que él es todo amoroso y tira esos comentarios y textos públicamente sobre mí, pero me ha dicho lo mismo fuera de cámara. Y claro, la gente fantasea y dice: “¡Acá pasa algo!”, pero te juro que no. Yo estoy muy bien, la verdad es que la experiencia de irme a vivir a otro lado –pandemia de por medio, sin poder viajar ni verme con Santi, que era mi novio– me reconectó con un: “Bueno, Lali, la vida te está poniendo esta situación enfrente”. Yo, que siempre estuve muy de novia, me enamoro y entrego todo ahí, me entregué esta vez, en este momento, a vivir otras cosas. A conocer gente, a estar en una situación de mucha tranquilidad, muy abierta a la gente que conocía, y eso es increíble. Viviendo mi femineidad, mi sexualidad, mi libertad desde un lugar súper chill que me ha hecho muy bien. He aprendido a no desesperarme porque una relación no se dio. Ahora me toca esto y tengo que disfrutar de esto porque lo único que tenemos es el presente. Mi presente me lleva a estar conmigo misma ahora y conociendo gente maravillosa y eso me parece genial.

Pero te llevaste bien con la soledad...

Sí, son momentos. No es que estoy para titular: “Me llevo bárbaro con la soledad”. La verdad es que tengo mis momentos en que no me llevo tan bien, como todo el mundo. Hay algo de búsqueda natural de que cuando no estás bien con la soledad, hay que replantearte por qué. Todas esas ataduras que tenemos, la dependencia que generamos cuando nos enamoramos de alguien me parece superdañina. Tener un día de mierda me llevó a aprender algo de mi soledad y tener un día increíble con mi soledad también es un aprendizaje.

Chaqueta y pantalón, Fabián Zitta. Argollas, Clarisa Furtado Jewelry.

Chaqueta y pantalón, Fabián Zitta. Argollas, Clarisa Furtado Jewelry. - Créditos: Sebastián Arpesella

No das por sentado las cosas, eso es una bendición. Hay algo de vos todavía agradeciendo. ¿Cómo se logra eso? Con mucho menos, a veces la gente ya está subida al poni...

Hay dos temas ahí. Una cosa es la falsa humildad de decir: “Ay, yo no merezco esto”. Pero yo no soy humilde. En realidad, lo que soy es educada, no tiene que ver con la humildad. Que llegue a un lugar a laburar y salude a todo el mundo tiene que ver con una cuestión de educación, no con mi faceta artista. Cuando estoy arriba del escenario, de verdad creo que soy Whitney Houston, y me rompo el culo ensayando porque lo quiero hacer bien y voy, pruebo, busco y me armo todo, me diseño el traje, lo estoy haciendo de una manera que soy capaz de hacerla bien y ese lugar que ocupo lo tengo que ocupar con toda. Pero eso no me hace a mí pensar que no hay gente que lo haga mejor que yo o que yo merezco eso. La cultura del merecimiento es tan extraña... Hay un montón de gente que se merece cosas que no le pasan o al revés, gente a la que le pasan cosas y decís: “¡No se merece que le pase toda esta mierda!”, y es la vida..., qué sé yo. Me hago responsable de que lo que tengo no lo tengo porque sí. Lo laburo, cuando algo no funciona, le busco la vuelta, pruebo, me mando, me la juego con algo, busco estéticas. No me da lo mismo, no me gusta repetirme. Hay algo que es un impulso natural mío, pero no creo que yo me lo merezca más que otros. Ahí radica la diferencia. Creo ser consciente de ese lugar que no me hace ni humilde ni ingenua, yo veo las situaciones. Mi laburo tiene sentido porque hay otros laburando en ese proyecto. El día que yo pierda noción de que hay otro, que hay un equipo que me hace mejor a mí, creo que es ahí donde la gente termina mirando su propio ombligo y creyendo que todo ese engranaje funciona por ellos mismos.

¿Cómo sos como líder de un equipo tan grande de gente?

Es raro que diga algo de mí como líder. Lo que yo puedo decir de mí misma porque soy consciente de eso, sea en este laburo o sea abogada, es que con cualquier grupo con el que labures creo que hay algo que si no está, no hay nada: el respeto profundo y el agradecimiento profundo al otro. Creo que la base para ser líder es primero ser agradecida a que el otro se preste, preste su tiempo y su talento para estar ahí para vos. No es que para el otro es un privilegio estar con vos. Para mí también es un privilegio tener este equipo, es recíproco. Después, lo que me pasa es que a mí me gusta pasarla bien. Los embrollos, la mala vibra, normalmente no me caben. Soy libriana, me gusta la armonía. Cuando algo está fuera de armonía, me doy cuenta y me hace ruido. Me incomoda cuando la gente “está en una”. Y naturalmente como líder siempre busco espacios en donde nos desconectemos de la tensión que este laburo genera. Armar una juntada –cuando se podía– cada tanto, hacer un asado con el equipo, ser anfitriona de ese equipo, saber realmente cómo están, y cuando preguntás: “Che, ¿cómo andas? ¿Cómo está tu viejo?”, que esa persona sienta que su jefa sabe quién es, sabe lo que le pasa, le importa. Y también, si algo no te gusta, decirlo. También, como líder, de pronto tenés que poner frenos o decir si algo no estuvo bueno o si no funciona así. Pero creo que desde el respeto se puede decir todo.

Este mes, nuestro título de tapa es “Vos creás tu suerte”. ¿Coincidís? ¿Qué te pasa con la suerte?

Es un balance, para mí, porque está la suerte, pero también una hace mucho para que las cosas funcionen, pero si yo me remito a mi infancia, me considero una persona con suerte. Les cuento algo que para mí es significativo: una amiga de mi vieja que es una tipa muy especial, que ve, que siente, que está muy conectada, cuando mi vieja estaba embarazada de mí, esta amiga le tocó la panza y le dijo: “Esta hija que vas a tener es una persona muy especial, es una persona a la que le va a ir muy bien, tiene una luz propia y alguien la va estar protegiendo todo el tiempo”... Le tiró esa y una dice: “¡Qué amor, qué divina!”. Pero es verdad, tengo que reconocer que desde chica siento que, si bien le pongo buena onda y soy laburadora, también hay algo de suerte. Hay un montón de gente más talentosa que yo, pero soy yo la que está ahí. Entonces, evidentemente es una chispa, es una suerte, tenía que estar en el momento indicado. Por ejemplo, mi historia del primer casting es un poco eso: me equivoqué y caí en un casting que era el de Cris (Morena). Hay una cuotita de suerte y yo siento muchas veces una energía que no sé bien qué es ni cómo se da. Siento una energía que me dice: “Dale, vamos”, hay algo que me tira buena vibra. Creo que hay una energía del universo de la que soy consciente y de la que me abrazo para ir para adelante. Y bueno..., llamémosle suerte. •

Producción de Manuel Aversa.

Maquilló Maru Venecio con productos Dior. Peinó Juanma Cativa para Mala Peluquería. Agradecemos al criadero El Gatopardo por su colaboración en esta producción.

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