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La despedida: nostalgia de un nuevo comienzo




Juan,
Me gusta cuando escribís acerca de Córdoba y de las sensaciones que te dan algunas vivencias en ciertos espacios. Percibí cierta nostalgia en tus palabras. Lo entiendo. Mi semana también estuvo signada por ella.
Ese sentimiento, tan distinto, tan propio de nuestra condición humana. No es tristeza, no se trata tampoco de extrañar precisamente; en ella, no merodea ni la angustia ni la ansiedad. No, la nostalgia es otra cosa y creo que es un sentimiento que muchas veces anticipa nuevos aires, vientos de cambio. Y así, previo momento inminente de renovación, la nostalgia invade sin aviso. Surge como una nube tan cargada de agua, que no tiene más opción que transformarse en diluvio.
Para que leas lo que sigue, no dejes de escuchar esta belleza:
Fue el viernes. Bajé del tren y me fui derechito al super. De ahí salí sonriente. Mi imaginación vagaba entre las especias, los quesitos, y los colores del plato que pensaba preparar en casa. Mientras cargaba el peso de la comida en forma balanceada, y observaba esas veredas que conozco de memoria, pude anticipar mi futuro inmediato, uno en el que me veía cocinando con una copa de vino y algo de música blues y jazz de fondo. En mi cara, una sonrisa.
Pero de pronto, sin permiso, las lágrimas. Ellas, descaradas, me nublaron la visión en un momento poco oportuno. ¿Cómo hacer con la cartera, las compras del super y el frío para despejar esa niebla en mi mirada? Con un movimiento torpe, levanté mi brazo derecho con el peso que cargaba, y refregué mi abrigo por los ojos y mi cara humedecida. Pude percibir como mi rímel pintaba mis mejillas de negro. "Las contras de que me guste tanto el rímel", pensé.
¿Qué me pasaba? Si venía bien. Estoy bien.
De pronto lo distinguí. Pensar en cocinar, pensar en especias, me retrotrajo a una fotografía del pasado. En ella papá hace alquimia y nosotros estamos dando vueltas por la cocina. Tani y Sofi son chiquitas; Jan y yo somos los hermanos grandes, ya adolescentes. En la imagen mami se enoja porque no nos sacamos nunca el uniforme e insiste para que le contemos cómo nos fue en el día. Y papi sigue experimentando en las ollas; es increíble, él tiene la habilidad de convertir la cocina en un espacio como atravesado por un tornado. Es que él saca hasta el último frasquito de condimento del estante.
Nostalgia. Eso me pasaba.
Creo que la oleada de nostalgia no llegó por casualidad. Ya sabés, mi hermana Tani formó su propia familia y se fue a vivir – por ahora – a Nueva Zelanda. Mi hermano mayor, Jan, hace tantos años que vive en Estados Unidos, que ya perdí la cuenta. Sofi, la más peque de la familia, fue madre primeriza hace poco más de medio año y está atravesando ese mundo nuevo, íntimo, mágico. Con su pequeña hija, en unas semanas se van a ir a visitar a Tani y a mi otra sobrina a Nueva Zelanda. Mami ya está ahí, de visita. Y mi hermano Jan, padre de Lucas, nos contó hace unos días que lo invitó a papi al país del norte. "Ya reservé un lugar que parece que está bueno", me dijo, "Nos vamos a ir los tres a acampar."
Supongo que los viajes de mis padres y mi hermana menor, me pusieron más que nunca en evidencia que no sólo todos estamos esparcidos por el mundo, sino que cada uno, a su manera, emprendió un nuevo comienzo.
Justo hace un año, yo estaba buscando mis pertenencias de Tierra del Fuego, esas que habían quedado abandonadas desde mi separación. Había decidido dejar la relación con mi ex marido a fines del 2014 y hace un año estaba perfilando mi propio nuevo despertar.
Pero este viernes, ahí estaba yo, con la sensación de la máscara de pestaña endurecida a un costado de mi nariz, siendo plena, profundamente consciente de que a pocos metros me esperaba aquello que representa mi realidad hoy: un pequeño departamento, con pisos de madera, colores vivos en un cuadro imponente, discos de vinilo, un teclado, muchos libros desordenados y una cocina invadida de especias, como le gusta a papá. Mi gata Simona, sobre un almohadón de funda tejida.
"Algún día, no muy lejano, el amor de pareja va a estar presente también.", pensé entonces muy tranquila apenas pisé mi casa, "Mientras tanto llego a este hogar; a mi familia de hoy."
A veces imperceptibles, otras de formas muy evidentes, los nuevos comienzos forman parte de nuestra vida desde la primera bocanada de aire que respiramos en este planeta Tierra.
Hoy domingo, desde mi ventanal, veo como el viento sopla furioso, casi huracanado. Se vienen aires de cambio.
Juan, hoy es mi último post que te escribo en este espacio. Un nuevo comienzo se avecina.
Ahora veo a través del vidrio como las nubes se tornan cada vez más oscuras. Tal como sucede con la llegada imprevista de la nostalgia, la lluvia es inevitable.
Que después salga el sol, también.
Anhelando verte en otra dimensión, te agradezco infinito por este intercambio de cartas que supimos crear.
Beso,
Cari

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