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La Sole: "Ahora me siento más femenina, más segura"

Espera la llegada de su segundo hijo y equilibra su vida entre Buenos Aires y Arequito. Descubrí la garra y convicción de esta cantora que dio la nota con el folclore




Suéter tejido en hilo (Chocolate, $590). Pantalón de lino (Aires $528)

Suéter tejido en hilo (Chocolate, $590). Pantalón de lino (Aires $528) - Créditos: Foto: Anahí Bangueses Tomsig


Por Carola Birgin y Soledad Simond
Hoy, nos vamos a encontrar a charlar con "la" Sole Pastorutti. Por asociación libre (y arbitraria), la imaginación nos lleva a una escena en la que estamos las tres sentadas en el pasto, a la sombra de un árbol, escuchando pajaritos y el sonido del viento moviendo las hojas. Mate va, mate viene... Pero la realidad está lejos de esa postal bucólica: nos cita en sus oficinas, una megaproductora que maneja su carrera y está ubicada en el Microcentro porteño. Mediodía de muchísimo calor en Buenos Aires, caos de tránsito por cortes de luz. Por suerte, llegamos y nos hacen pasar a una sala de reuniones con un ventanal con vista abierta a los jacarandáes en flor de la avenida Callao. El color violeta nos encandila y el aire acondicionado nos alivia... sólo por un ratito. Cuando entra Sole, pide apagarlo. No es capricho: necesita cuidar sus cuerdas vocales, pero, además, viene de un resfrío fuerte y no quiere caer en otro. Por su embarazo de siete meses, no puede tomar ni una aspirina. Apenas arrancamos a hablar, es como si la sombra del árbol, los pajaritos y el mate inexistentes estuvieran ahí. Con generosidad, energía al mango y una gran simpleza, nos va a contar cómo se organiza para vivir en dos lugares a la vez, qué le aporta estar en la tele como coach de La voz argentina, cuándo se animó a mostrar su parte más femenina, cómo espera a su segundo hijo/a… y si no fuera porque se tiene que ir a grabar el programa, la entrevista se extendería. De hecho, estamos ya subidas al ascensor para irnos y ella nos sigue hablando. No nos dan ganar de despedirnos.
¿La estás pasando bien haciendo tele?
Sí, porque ya somos una familia, me parece que es un programa cuyo verdadero acierto es el equipo de trabajo. Yo no hice nunca mucha televisión, pero acá veo que se trabaja muy bien.
¿Te gusta ser jurado?
Es que no soy jurado; en verdad, somos entrenadores del equipo, y también decide el público. Lo bueno es que las devoluciones siempre son positivas . Es como una escuela, nosotros somos entrenadores, somos coaches...
Igual, estás evaluando y tomando decisiones que seguramente no todos comparten con vos; ¿no pensaste que poniéndote en un rol así tal vez ponés en juego esa imagen tuya que todo el mundo adora?
Nadie puede adorar a alguien que ve que siempre está todo bien. Creo que la gente valora mucho que uno sea sincero, sin lastimar al otro, claro.
¿Qué te da esta experiencia que es diferente de las anteriores?
Lo jugado de esto es que estás yendo por un camino y al final se suma la decisión del público, hay que aprender a escuchar, el sentido común es lo que me va a decir si estoy errada. Aprendí que a nadie se le puede cerrar una puerta, aunque no te guste, porque me pasó a mí en el inicio de mi carrera...
De vos misma, ¿con qué te encontraste?
Con que a veces no me banco tomar decisiones, lo sufro mucho, pero que bueno, hay que ser responsable, me parece que es un desafío interesante. Y además, nosotros nos reunimos mucho, nos apoyamos, de pronto alguien viene y te dice: "Decidiste bien".


Le das bola a la opinión y el apoyo de los otros...
Sí, en general sí. No digo que siempre, pero sí. Y una persona que tiene las cosas muy justas es mi viejo, lo llamo cada vez que no tengo escapatoria...
¿No a tu marido, Jeremías?
Sí, y a mi hermana también. Pero ellos son mucho más terrenales, más drásticos. Yo sufro mucho y lo primero que viene de Jere o Nati quizá sea el reproche. Mi viejo es más político para decir las cosas, tiene la ventaja de ver más para adelante: lo que hiciste hoy, él está viendo cómo repercute mañana, tiene esa virtud, ese sexto sentido. Yo lo voy aprendiendo de a poco; antes de tomar una decisión, lo primero que hago es decir: "A ver, qué pasaría...".
Cuando te referís a las equivocaciones, ¿hablás de tu trabajo?
Sí, porque cuando con las cosas de mi vida personal, ahí sí me guío por impulsos, es lo que sentí en ese momento, no me importa el futuro...
¿Y ahí tu coach sí es Jeremías?
Claro, y ahí es donde lo atropello.
¿Cómo es eso?
Y... así fue en el casamiento, por ejemplo. Yo soy una persona que necesita que siempre pasen cosas en su vida. Si no hay desafíos, los busco, los necesito. No puede ser que esté todo muy tranquilo en todos los aspectos. Si está todo tranquilo en el trabajo, tengo que equilibrar con lo personal: me voy de viaje o, de pronto, ¡me caso! En mi vida siempre pasan cosas todo el tiempo, y Jere es más relajado, pero bueno, como que me va siguiendo en mi locura y después lo disfruta también.

Remera de algodón con escote bote y mangas 3/4 (Paula Cahen D´Anvers, $250). Falda de seda plisada (Vitamina, $680). Sandalias de gamuza rosa (Sofi Martiré, $989)

Remera de algodón con escote bote y mangas 3/4 (Paula Cahen D´Anvers, $250). Falda de seda plisada (Vitamina, $680). Sandalias de gamuza rosa (Sofi Martiré, $989) - Créditos: Foto: Anahí Bangueses Tomsig


Con tanto empuje, ¿no te cansás y necesitás que te empujen a vos?
Muy poco...
¿Cómo recargás las pilas?
Aprendí que hay momentos de soledad que sirven para acumular energías. El tema es que Antonia no me deja tiempo, hay un terremoto en casa...
Y ahora viene otro...
Viene otro, pero es así. Yo a Antonia la busqué mucho, y es lo mejor que me pasó en la vida. Cuando nace un chico, es un cambio muy grande para la mujer, dejás de ser el centro, no tenés que ser egoísta, y de pronto te preguntás: "¿Qué hacía antes con tanto tiempo?". De a poco, te vas acostumbrando.
¿Cómo es trabajar con tu marido?
Él tiene una virtud, viene a la oficina o a trabajar, pero cuando llega a casa, no se lleva computadora, no habla de trabajo. Cuida mucho a la familia, habla poco. Aprendí a respetar sus tiempos. Él es un tipo ordenado, a mí me gusta hacer las cosas de la casa... El único inconveniente que teníamos al principio de la convivencia era que a la mañana a él no le gustaba hablar, y yo me levantaba y me ponía play. Ahora estoy como él, y hasta me levanto antes que Antonia para desayunar sola, y la verdad es que lo pasamos muy bien.


¿Dónde vivís ahora?
Mi casa es la de Arequito. Acá tengo mi departamento, pero para mí es un lugar de paso, nunca lo decoré ni nada. Por lo menos una vez a la semana vuelvo a Arequito, aunque sea por un día. En el mismo predio donde vivo está la casa de mi mamá y mi papá, de mi hermana, y hay como una oficina.
Cuando vos vas, ¿tu hija y tu marido se quedan allá?
Vamos viendo, semana a semana. Ella está yendo al jardín y hace vida más tranquila allá. Pero cuando yo estoy en Arequito, Antonia no tiene niñera, está conmigo o con el papá, y hago vida de ama de casa, tal como me crie yo. Sólo cuando vengo a Buenos Aires tengo ayuda. Pero la baño yo, trato de cocinar si me dan los tiempos, trato de que estemos juntas.
No tenés niñera, pero ¿alguien que te ayude con la limpieza...?
Mmmm, ahora sí, pero a mí me cuesta mucho meter a alguien en mi casa. Al principio, después ya no. Somos una familia que está todo el tiempo con gente, con los músicos en el micro, y cuando vengo a Buenos Aires, todo el tiempo hay alguien, todo el tiempo. Hace falta estar un poco sola, a veces necesito no tener gente, y lo de la limpieza me costó. Ahora que yo no estoy tanto en Arequito, dos veces por semana viene una chica, es la misma que cuida a Antonia si yo no estoy, pero trato de que no vaya todos los días...
¿Está celosa, Antonia, por el embarazo?
No, está como más mamera. Y tiene una minirregresión, más bebota.
¿Sabés si se viene una nena o un varón?
No, pero no quiero saber; cuando nació Antonia fue igual, me enteré en el parto. Ella dice que es varón, pero me da lo mismo...
¿Ya pensaron los posibles nombres?
Sí, ya estamos con el padre "dialogándolo" (risas).
¿Es un "diálogo" amigable?
Sí, yo dejo que corra porque sé cómo termina a la larga.
Sabés que le van a poner lo que vos querés...
Sí (risas)... Por lo menos, así fue con la nena.
Vestido de gasa con recortes y volados (Chocolate, $1690)

Vestido de gasa con recortes y volados (Chocolate, $1690) - Créditos: Foto: Anahí Bangueses Tomsig


Últimamente, se te ve vestida mucho más elegante.
¡Es que en el programa me visto como lo haría para ir a un casamiento!
Pero también fuera de la tele, cambiaste a un look más femenino...
Yo crecí siendo la Sole desde los 15 años, la peor edad para una mujer, por las inseguridades, por todo. Arranqué vestida de gaucho, revoleando un poncho. Pero ¿qué pasa?, los prejuicios se fueron yendo de a poco. Porque hay un momento en que el público a veces compra la personalidad del artista por cómo se viste, y cuando empecé a maquillarme, hubo gente que empezó a cuestionarme. Y una cosa es que te lo diga tu mamá o tu papá, vos te rebelás y listo, pero otra cosa es cuando no sabés qué va a ocurrir con el producto "yo". En ese momento, yo no sabía, dudaba. A mí, la etapa de mujer me llegó después; hay chicas que a los 12 vos las ves y son un mujerón, a mí me costó más. Pero ahora ya está, siendo mamá...
¿Vos misma te ves más femenina?
Sí; igual, parte de lo que está viendo la gente ahora es algo que a mí nunca me interesó mostrar...
Pero ¿no te ves más linda ahora? Estás re linda...
Sí, lo que digo es que hay un proceso mucho más cuidado previamente, no creo que haya estado errado lo anterior. Ahora estoy ubicada desde otro lugar, me siento más segura, no lo voy a negar, tengo un equipo de trabajo alrededor mío. Tengo un amigo con el que nos criamos juntos, y un poco a él le debo este cambio...
¿Él te va asesorando?
Sí, él me escucha también a mí, pero, por ejemplo, yo no sé combinar cosas, no sé cómo vestirme; para mí, lo peor es que me inviten a una fiesta, ¡no sé qué ponerme!, y viene mi amigo y me ayuda. Empezó asesorándome para La voz... y ahora lo hace también fuera de la tele.


¿Hiciste terapia alguna vez?
No, no sentí la necesidad, pero no estoy en contra de la terapia. Recurrí bastante a un cura que era una especie de confesor, ni siquiera confesor, era amigo de mi abuela y después terminamos siendo muy amigos. Él me ayudó en algunas cosas, fue el padre que me casó.
¿Sos creyente?
Yo me crié con mi abuela, mi bisabuela, que iban a misa todos los domingos, iban en familia, y era como "el" encuentro. Después de ahí, comíamos juntos los tallarines de la abuela. A mí me encantaba el coro de la iglesia, eran todos chicos jóvenes. Iba a misa, pero para ser creyente hay que tener una conducta en la vida, hay que tener valores, creer que hay un poder superior, saber que no sos omnipotente...
Algo difícil de manejar cuando una alcanza tanto éxito como vos, ¿no?
Hay momentos en los que se obtienen logros profesionales y todos me festejan. Pero yo creo que es algo que tendría que haber sucedido, no lo vivo como algo excepcional. Un músico una vez me dijo: "Cuando las cosas salen bien, no decís nada, pero cuando salen mal, sí...", y es que yo creo que si tocaste bien..., es lo que tendrías que haber hecho.
¿De qué manera motivás, entonces?
Yo siempre charlo en el trabajo, subimos al micro, se duerme Antonia, ponemos la pava para el mate con los músicos y se hacen las 7 de la mañana y es hablar de cómo vemos el futuro, el próximo show. Motivo con mis ideas, mis sueños, haciéndolos parte, yo viajo con ellos, siempre estoy en el mismo hotel con ellos, somos un equipo.
El folclore es un ambiente muy masculino como para que una mujer despliegue un liderazgo tan fuerte como vos, ¿no?
Es que creo que tengo una cosa no tan femenina en un sentido, yo no soy tan hormonal. Aprendí a convivir con ellos, aprendí que ven las cosas de otra manera, muy distinta. Creo que la gran ventaja es comprender, hasta en una relación de pareja, que realmente somos diferentes y respetarlos así. Porque nosotras siempre queremos cambiar todo, y eso no está bueno.
¿Sos sensible o más bien durita?
¡Soy muy sensible! Re llorona. Igual, me sensibilizo mucho más con el otro que conmigo misma. Conmigo soy mucho más dura; antes de sacar algo que me está pasando, hago un análisis, son muy pocas las personas con las que comparto las cosas malas que me han pasado, que no son muchas, ¿eh? Gracias a Dios.
¿Qué te da alegría?
Una comida familiar, en la que uno ayuda a poner la mesa, otro está cocinando... Cosas muy simples, una mateada con amigos, un día bien aprovechado... No sé, hay muchos momentos que me dan alegría, pero los que son compartidos con la familia, sobre todo ?
Fotos: Anahí Bangueses Tomsig. Producción de Carol Schmoisman

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