Se descubre que un hombre era violento y, en cuestión de horas, las acusadas son las minas. Las compañeras, las que sabían, las que callaron, las que, según el veredicto exprés que se arma en las redes, son cómplices por no haber hablado antes.
Cecilia Ce denunció en redes episodios de control y manipulación emocional vividos durante la última etapa de su relación con Nacho Levy (aunque sin nombrarlo). A través de mensajes publicados en sus canales oficiales, Cecilia describió patrones de hostigamiento y conductas que afectaron su bienestar. Decidió dar visibilidad y alertar sobre estas dinámicas.

Una de las historias que posteó la Lic. Cecilia Ce en Instagram. - Instagram @lic.ceciliace
Nacho Levy, podemos decir, es hoy el tótem que acaba de caer y que, en su derrumbe, quieren tirarle tierra a los feminismos. Desde la antropología, se considera al totemismo como el proceso por el cual una comunidad elige un cuerpo u objeto y deposita en él lo sagrado de todo el grupo. El tótem no vale por lo que es, sino por lo que carga. En él se concentra la identidad del clan, su pureza, su relato sobre sí mismo, y eso lo hace intocable.
El problema es el totemismo, porque nos hace creer que si el sujeto (o el objeto) falla, la causa entera cae con él. Pero el violento no es la causa. La lucha de la villa y de los pibes no se mancha porque un referente sea violento.
Lo que creo que, de una buena vez, tenemos que entender es que con Levy no cae la causa; debe caer la ilusión de que militar algo te convierte automáticamente en lo contrario. La fantasía de que la conciencia política funciona como una vacuna. De que el tipo que llora en Plaza de Mayo y habla de privilegios no podía, al mismo tiempo, no dejar dormir a la mujer con la que vivía.
El patriarcado no se vota, no se afilia, no se desactiva por militar una causa, por más justa que sea. Está antes y está debajo de todo eso. Está en la cultura que nos crio y en los gestos que aprendimos antes de tener una ideología. Atraviesa por igual al referente de izquierda y al de derecha, a la asamblea y al directorio, a la marcha y a la sobremesa familiar. No entiende de banderas: todes somos parte del problema, y esa incomodidad es el principio de cualquier honestidad sobre el tema.
Lo que vino inmediatamente después fue puro oportunismo. La derecha agarró el caso para salir a exhibir que el violento es de izquierda y, de ahí, sin escalas, el dedo volvió al lugar de siempre: las minas. “Ustedes, las feministas, lo sabían y lo taparon”.
A la derecha no le importan las víctimas. Son los que se ríen del Ni Una Menos, los que cuestionan la figura del femicidio, los que desfinanciaron la Línea 144 hasta dejarla sin personal. Los que ahora festejan que bajaron los femicidios cuando lo que bajó fue la posibilidad de denunciar, porque vaciaron los mecanismos para hacerlo. Los mismos que preparan una ley para penalizar a las mujeres que denuncian.
Esa gente que hace de todo para agravar la violencia que vivimos las mujeres descubrió, de un día para el otro, una sensibilidad feroz por las mujeres del entorno de Nacho Levy. Su indignación no busca proteger a nadie; busca un cadáver político para exhibir.
Un varón de izquierda ejerce violencia, un gobierno de derecha la usa para disciplinarnos, porque antes que la izquierda y la derecha está el pacto. El acuerdo, viejo como la cultura, de que las que dan explicaciones, siempre, seamos nosotras.
Un posteo sobre violencia
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La Línea 144 brinda atención telefónica y vía Whatsapp (chat) (50500147) especializada a personas que atraviesan situaciones de violencia de género, así como a quienes necesiten orientación o asesoramiento en la materia, durante las 24 horas, los 365 días del año. Es confidencial, gratuita y de alcance nacional.
Agustina Kupsch Antropóloga, estratega cultural, y cuestionadora serial. Fundó Panóptico Cultural y conduce el podcast norma(l)mente.
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