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Sabrina Garciarena: "Me dejo llevar por la intuición"

La actriz nos comparte una filosofía de vida despojada e intuitiva




Por Carola Birgin y Soledad Simond
Fotos de Anahí Bangueses Tomsig
Producción de Carol Schmoisman
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Hay que ascender 38 pisos para llegar a su casa. Y para, automáticamente -casi hipnotizadas-, asomarnos a la vista que se ofrece desde su living: la Reserva Ecológica allá abajo, chiquita, un artillero humeante, el río y, más allá, la costa uruguaya. Se ve también la autopista a La Plata, que parece un Scalectrix. Nos va a llevar unos minutos dejar de mirar sorprendidas por esa ventana que no se puede abrir por el viento. Es el tiempo justo para que Sabrina Garciarena vuelva de la cocina con dos tazas de café con leche. "Me sale siempre rico -dice seria, y se ríe cuando aclara-: "Gracias a la cafetera de capsulitas que compró mi mamá..." La actriz no está mucho en su departamento de Puerto Madero que le ayudaron a decorar los padres (algo que se evidencia en un gusto muy sobrio, para nada de treintañera). Ella apenas disfruta de este paisaje algunas semanas o un mes al año. El resto del tiempo, viaja por el mundo, creciendo a pasos agigantados en una exitosa carrera de proyección internacional que ya la volvió famosa en Italia y en España.
¿Sos de llevar mil valijas cada vez que te vas?
No, voy con poco, porque, mientras trabajo, uso el vestuario que me dan; para eventos tengo un mánager allá y me arman conjuntos. Pero además, llevo poco porque ¡vuelvo cargadísima! Ahí tenés para comprar de todo y a muy buen precio...
¿Qué llevás con vos siempre?
El mate. También llevo una cartuchera con películas, libros...
¿Portarretratos?
Los primeros años sí, me llevaba todo, fotos con mamá, con papá, con el abuelo (risas). Y de mis hermanos, ¡que somos cinco! Me llevaba la computadora, el iPod, mucha ropa, champú, cepillo, crema, maquillaje... Pero cuantos más viajes tenés, más sabés lo que necesitás. Ahora, de cosmética, con una crema para la cara me alcanza.
¿Humectante o anti-age?
Humectante, por ahora...
¿Y qué onda mantener una pareja con tantos viajes?
Bueno, a ver, es difícil...
¿Seguís con Germán (Paoloski)?
No, ahora no.
Ah, como te habías amigado en un momento...
La prensa nos amiga, porque nos ve juntos en un recital, por ejemplo. Pero sólo es que nos llevamos bien y que compartimos muchas amistades. Pero nos separamos hace como un año. Después tuvimos algunas idas y vueltas, por los viajes. Es difícil mantener una relación a distancia, sí, pero el amor no se va. Hablo en general, no sólo de mi caso... Vos podés seguir amando mucho a una persona, pero me parece que si no construís el día a día, no da. El amor no es como la amistad, que se puede mantener sin el contacto cotidiano. Si estás en pareja, necesitás dormir con la otra persona, compartir, almorzar, hablar mucho; cuando estás seis meses en otro país, el amor no se va, pero no alcanza sólo con que haya amor para sostener la pareja. Y de pronto estás con tu carrera, porque tu tiempo es este...
¿Vos estás priorizando vivir este momento profesional?
Sí, pero, igual, yo me peleé por otras cosas con Germán, ¿eh? A lo que me refiero es a que el amor no se va.
¿Y si el amor sigue, pero vos perdés al hombre de tu vida?
Y... no me preocupa demasiado. A ver, yo le deseo la felicidad. En este momento no tengo pareja, y a él lo adoro. Si conoce una chica y yo no le puedo dar lo que él quiere, le deseo la felicidad. Si él se enamora de otra persona, evidentemente yo no era el amor de su vida. Por otro lado, si yo me quedara acá por él y de pronto a los diez años me arrepintiera, ¡tampoco daría! Yo no le quiero cargar las cosas a otra persona. Uno tiene que ser consciente y hacerse responsable de sus acciones.
En este momento de tu vida, ¿estás bien sin una relación de pareja?
Sí; igual, cuesta estar sola, ¿vieron? A mí me interesa estar de novia, este momento es raro...
¡Encima sometida a la tentación permanente de estar rodeada de galanes italianos!
¡Tal cual! No hay italiano que no sea lindo y seductor. Allá en Túnez, donde estuve dos meses filmando, mis compañeros tenían sus quinientas novias.
Vimos unas escenas tuyas hot con un morochón de la RAI que ¡mamma mia! ¿Da pudor actuar eso?
¡Sí, con Fabrizio! Me da un poco de pudor. Pero lo que ves no es lo que sucede cuando se actúa. La escena se hace toda cortada y se edita. Se practica con ropa y es casi coreográfico, te dicen dónde poner esta pierna y cómo mover el otro brazo. Para nosotros, termina siendo una cosa más técnica...
Qué embole, porque, por lo menos, pasala bien...
Es que encima es muy difícil sentir algo por alguien así. Puntualmente, mi compañero en esa escena era mi amigo, y cuesta más con un amigo que con alguien que no conocés.
Cuando veníamos, vimos el megacartel de Pacífico con tu foto en ropa interior; ¿qué te pasa con eso?
Creo que se ve el corpiño nomás, ¿cierto? Es mi trabajo, la verdad es que no tengo rollo con mostrarme así.
¿Qué te aporta a vos hacer una campaña de lencería?
A mí me encanta la fotografía y admiro mucho la belleza del cuerpo en sí. Partiendo de esa base, la campaña era ideal: el producto me gustaba, yo me veía reflejada en la marca, era una buena propuesta económica y, como estaba mucho en Europa, mi mánager, Daniel Grinbank, me sugirió que era una buena manera de estar un poco presente acá también.
Además de haber protagonizado Felicitas , ahora arrancás el rodaje de la segunda parte de una miniserie de época de la RAI ( Tierra rebelde ). Ya parece muy tuyo el look de esos trajes de siglos pasados...
Sí, ¡no saben el tiempo que lleva la prueba de vestuario! ¡Podés estar como ocho horas parada mientras te prueban los vestidos! Porque se hace todo a medida. Ahí te das cuenta de que nosotras nos hemos liberado un montón... Piensen que antes las mujeres nos vestíamos con un miriñaque de hierro, que es como una cárcel. Eso ya hablaba mucho de la sociedad femenina de los siglos pasados.
¿Le das bolilla a la moda?
Y, a mí, como mujer, me gusta. Tengo amigos que trabajan en moda, uno diseña y me deja diseñar un poco, entonces juego con eso, me divierte.
¿Qué diseñás?
Pedro diseña camisas y zapatos, de todo. El otro día, me dejó y diseñé camisas, hice una campera de cuero, opino bastante, me gusta elegir colores.
¿Tenés prendas fetiche?
No, me gusta todo: zapatos, carteras, jeans, pantalones, camisas...
Entre lo que te gusta y lo que traés de Europa, seguro que tendrás una cantidad impresionante de ropa... Sí, tengo una cantidad de ropa, pero también tengo tres termitas, mis hermanas, que me roban todo. Me divierte mucho que me pidan cosas y correrlas por todos lados a los gritos: "Devolvémelas...". Una es más grande que yo y las otras dos, más chicas.
¡Sos la famosa hermana del medio!
Sí, y tengo un hermano varón también, más grande. Así que justo la del medio de los cinco. Para mí, yo siempre fui re buena; pero para mi mamá, siempre fui muy rebelde... ¿Qué más quieren?, empecé a trabajar de chica, a los 14, siempre me porté bien, no tomo alcohol, no quedé embarazada de chica, no me fui de mochilera...
¿La rebeldía no será ser actriz?
Re, porque mi papá es bioquímico y mi mamá, dentista. Todos mis hermanos trabajan en el laboratorio de mi papá y todos hicieron carrera universitaria. Mi papá luchó conmigo al principio, me hicieron ir al psicólogo, y yo sentía que ser actriz no era una carrera. Cuando tenés tantos médicos en tu familia, de guardapolvo blanco, y vos estás en teatro, te parece raro. Aunque yo siempre admiré a los artistas, pero no tengo familiares que hagan eso. De hecho, al principio, me puse a estudiar Bioquímica y me di cuenta de que no era para mí, y después seguí con dos años de Comunicación Social, ¡yo quería tener un título! Pero me iba muy bien y trabajaba tantas horas por día que ¿cómo hacía para estudiar? Fue muy liberador cuando pude largar todo y dedicarme a lo que realmente amaba.
Desde hace quince años, tenés una carrera en la cual siempre estás trabajando y te va muy bien, pero sin muchos altibajos, ¿no? Como que no hay ningún momento de parate ni de un perfil altísimo, ¿por qué?
Fue una elección, muchas elecciones que una va tomando y viendo qué camino arma. Yo elegí no hablar mucho de mi vida privada, prioricé en un momento ir a España a hacer una película que me interesaba, aunque acá no la viera nadie. Siempre me dejé llevar por la intuición.


¿No tenés ambición?, ¿no vas con todo por la fama?
Tengo toda la ambición del mundo. Pero el alto perfil por el alto perfil no me interesa. No sé, me gusta que las cosas vengan naturales.

¿Cómo te manejás con tus finanzas habiendo trabajado desde tan chica y ¡cobrando en euros!?
En general, me gusta ahorrar, pensar en el futuro. Porque nosotros, los actores, hay momentos en los que trabajamos mucho y otros en los que no. Igual, por ahora trabajé mucho. Además, por la manera en que crecí, vivir al día me daría un poco de cosa. Me puede pasar, no digo que no. Pero sin esperarlo me compré mi departamento muy chica, a los 20, y de a poco fui creciendo.
Y ahora, a los 29 años, estás en un piso 38 con vista a la Reserva Ecológica... Sí, está bueno... No sé, viajo, pero no gasto mucho, no soy para nada materialista. Mirá, hace unos años me entraron a robar y me sacaron cosas que quería mucho: fotos que tenía en la computadora, cosas de cariño. Entonces me dije que el día que me vaya de esta vida no me voy a llevar nada de eso y que por eso no me tengo que aferrar a nada. En mi familia siempre fuimos de cuidar mucho las cosas, pero esa experiencia que me tocó vivir me demostró que yo no era apegada a las cosas, las pude dejar ir.
¿Tu familia practica alguna religión?
Sí, es católica. Yo fui a un colegio religioso, y de más grande hice terapia con una psicóloga con la que hablamos mucho de la espiritualidad. No soy espiritual, pero tengo un costado muy intuitivo y valoro mucho los vínculos, mis amigos, mi familia...
Sos muy unida a ellos, ¿no?
Sí, y ahora acabo de ser tía, por primera vez, entonces estoy yendo mucho más para mi casa, mi barrio, Ramos Mejía.
¿Qué se siente debutar como tía?
Es una cosa impresionante, estaba muy ansiosa. Se siente de una forma especial, es hermoso, muy lindo. Y además ya era necesario, porque si no, éramos todos niños todavía. Ahora, mis papás ya son abuelos, nosotros somos tíos. Cambiaron los niveles. Muy loco y emocionante.
¿No te tentaste con ser madre?
No por ahora.
¿Sentís la presión del reloj biológico?
No, es más social eso que lo que en realidad sucede. Es cierto que la mujer debe tener un apuro, no sé, yo no lo tomo así. Me parece que un hijo no tiene que ser algo egoísta sino algo deseado por dos personas. Tampoco se trata de esperar mil años, pero saber cuándo es el momento. Sin ansiedad. Yo ahora estoy viajando mucho...
¿Tenés planes de asentarte acá? ¿Te pusiste algún plazo?
No, yo creo que cuando tenga un hijo, ya voy a parar...
¿Qué es la felicidad para vos?
No sé, dicen que es estar contenta con lo que uno tiene en el momento. Hay gente que está todo el tiempo buscando cosas diferentes. Para mí, la felicidad es ser consciente de que mi mamá está acá, mi papá está acá, mi familia... La búsqueda está en el ahora, en valorar. Porque a veces uno se olvida de eso, y es lo más lindo. Lo único real que tenemos es el presente.
Más que una definición, suena a una filosofía...
Bueno, sí, mi filosofía sería un poco intentar eso. Y después, lo acompaño con sueños, el más grande es tener mi propia familia.

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