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El boom Barracas

Punto de encuentro de artistas y foco de atracción turístico, el barrio porteño promete despertar la zona sur con aire neoyorquino. Mirá las fotos.




Los viejos vecinos de Barracas cuentan que el nombre nació allá por el 1800, cuando en la orilla del Riachuelo podían verse edificios enormes para depositar cereales, cueros y lanas a los que todo el mundo llamaba "las barracas". Dicen que acá se hacían corridas de toros en homenaje a Rosas y que años más tarde fue punto estratégico en la previa de la Revolución de Mayo. Que supo ser cuna de los Guerrero y los Álzaga, lugar de moda para las quintas de veraneo y niña mimada de una época de esplendor hasta que un día llegó la fiebre amarilla para arrasar con todo. Entonces las familias tradicionales empezaron a irse, y el barrio cayó en el olvido. Años más tarde llegaron las olas de inmigrantes que transformaron tanta paquetería en un barrio industrial de gente trabajadora. De aquella apertura de grandes fábricas, al ocaso posterior y el estancamiento que empezó con la crisis del 2001, mucha agua pasó bajo el puente. Lo cierto es que hoy, siete años más tarde, Barracas está renaciendo.
Boom edilicio
Fueron inversores inmobiliarios los que pusieron el ojo en el barrio, sobre todo en las viejas fábricas hoy devenidas complejos residenciales. El puntapié inicial lo dieron dos edificios históricos que fueron sede de Casa Foa: en el 2005, la antigua fábrica textil ubicada en el Pasaje Lanín (actualmente el Barracas Central, complejo de viviendas tipo lofts) y en el 2006, la fábrica de bizcochos Canale (Palacio Lezama) antes de que empezaran a construir las oficinas próximas a estrenar en el 2009. Algo parecido pasó con Bagley (base de las viviendas inteligentes "Moca", en plena construcción), la empresa química Estrella, la Textil Medias París y lo que supo ser sede del antiguo Diario La Razón. Nostalgias aparte, lo cierto es que el pasado cerró definitivamente la puerta para dejar paso a estas mega-construcciones responsables de la revalorización de la zona. Courtney Love y la pareja Griffith-Banderas ya reservaron su piso en el barrio.
Luz, cámara…
En Barracas, ya nadie se sorprende si se topa con un set de filmación. Porque si en algún tiempo Luis Puenzo eligió el Pasaje Darquier como escenario lúgubre de La peste, hoy en día las noches de ese mismo lugar se iluminan con El Barracas: restaurante estrenado hace poco donde no sólo se pueden disfrutar shows de tango y platitos gourmet (a cargo de Tommy Pelberger), sino que el mismísimo Francis Ford Coppola lo evalúa para algunas escenas de la película que está filmando en Buenos Aires. Por otra parte, los permisos para filmar que entrega el Baset (Programa de la Dirección General de Industrias Creativas del Gobierno de Buenos Aires), muestran que en Barracas se hicieron la mayor parte de las publicidades extranjeras a cargo de productoras argentinas. ¿El lugar más elegido? El Puente de Guanahani, donde hace nada más que un mes se filmó el comercial Luna Kiara, de la productora Mondo Cine.
El Lanín
Si un punto es clave dentro de la nueva movida, ese es el Pasaje Lanín. Cuatro cuadras de callecitas empedradas y pintorescas fachadas de azulejos y mosaicos venecianos hicieron que se triplique el valor de la propiedad y que se lo declare patrimonio cultural desde la Secretaría de Cultura Porteña. Peatonal los fines de semana, lo atractivo no es sólo la belleza de todo el pasaje, sino el movimiento casi constante que hay. En febrero último, por ejemplo, se abrió la vinoteca La Ingrata en la parte de abajo del Barracas Central (cuyo plan a futuro es generar una movida cultural en toda su planta baja) Paredes amarillas, mucha madera y bossa nova de fondo, ayudan a crear un clima bien cálido a la hora de probar los ahumados, los excelentes vinos boutique y esos desayunos que incluyen medialunas, tostadas y dulces caseros del norte y del sur. Los jóvenes dueños (Florencia y Lucas) montaron también una fotogalería con ayuda del artista plástico Marino Santa María, responsable de toda la remodelación del Lanín. Desde su atellier, a la altura 33 del pasaje, este hombre que alguna vez fue rector del Bellas Artes y mentor del IUNA, plantea: "La obra es el espacio, las intervenciones urbanas son obras de arte: yo no hago más que sumarme al interés que hay en el mundo por el arte fuera del museo". ¿Y por qué Barracas? "Rilke decía que lo verdadero es lo que queda de la infancia. Para mí pintar esto fue como pintar el patio de juegos: yo jugaba en esta calle". Por si fuera poco, Santa María también montó el Museo de arte al aire libre que se inaugura este mes en el paredón que está bajo el Ferrocarril Metropolitano (ex Roca) con obra digitalizada de 33 artistas (Rogelio Polosello, Josefina Rovirosa y Clorindo Testa, entre otros) y planea armar el proyecto Efímera en el mes de junio: arte que desaparecerá con el tiempo y que estará justo debajo del puente. El debut, asegura, será con León Ferrari.
Barracas arty
El otro gran foco de artistas está en el edificio Central Park, construido donde antes estaba Fabril Financiera. La fachada entera es un cuadro en sí misma: una paleta entera de brillantes colores que estuvo a cargo de Pérez Célis. "En Recoleta esto hubiera sido un mamarracho, pero en este barrio tan gris vino a revitalizar la zona" dice Bernardo Fernández, presidente de la firma y responsable de semejante jugada. Con un banco interno, piscina y bar-restaurante, aquí conviven en perfecta armonía las oficinas de los empresarios con los talleres de los mejores artistas: Welss, Corvino, Kutica y el mismo Pérez Célis antes de mantenerse alejado de la actividad por su delicado estado de salud. En el subsuelo, además, hay un Museo de la Balanza asociado a ISASC (Internacional Society of Antique Scale Collectors), inspirado en Museos de colecciones privadas y objetos cotidianos de Inglaterra, de Avery, Holanda, Modena y Francia. La entrada es totalmente gratuita (por ahora con previa reserva telefónica) y está próximo a un relanzamiento mentado por la diseñadora Mónica Van Asperen y la asesora cultural Erika Escoda.
Turismo alternativo
Los tours más originales ya incluyen a Barracas en sus recorridos. Lucas Rentero, uno de los creadores de Eternautas, una empresa de turismo cultural, ofrece recorridos apartados del tradicional circuito turístico. El público que consume el tour (local y extranjero) tiene "un fuerte interés en la historia urbana y la cultura de Buenos Aires". Entre otros lugares, pasan por la Estación Irigoyen, el puente Bosch, la Estación Solá, el Lanín y el antiguo Almacén de Pescado, sin perderse visitas a históricos bares notables como El Progreso y Sur. En definitiva, todo esto muestra que si bien hay zonas que siguen abandonadas y todavía quedan cosas que hacer, con semejantes puntos de arranque de acá a un par de años Barracas será totalmente distinta. Atenti al lupo: ¿vos ya te diste una vuelta?
Por Violeta Gorodischer
Fotos de Félix Buzzo

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