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Qué hacer con tu vestido de novia

¿Te casaste hace poco y no sabés qué hacer con el vestido? Acá te sugerimos algunas opciones para que pienses qué destino es el mejor para tu preciado atuendo.




Si estabas averiguando qué hacer con tu vestido, acá te damos las opciones

Si estabas averiguando qué hacer con tu vestido, acá te damos las opciones - Créditos: Corbis

Por Candelaria Palacios
Especial para revista Ohlalá! Web
El vestido de novia es muy especial para casi cualquier mujer. Una se pasa toda la vida soñándolo, buscando ideas e imaginándose cómo le va a quedar. Después, lleva meses de búsqueda, trabajo, confección, pruebas y cambios con la diseñadora. Y, una vez que está listo, perfecto, llega el momento de usarlo. Pero después de tanto tiempo de verlo nacer, crecer y convertirse en el vestido de nuestros sueños, ¡nos dura un día! ¿Cuándo más lo volveremos a usar? ¡Nunca!
Entonces llega el momento de tomar la gran decisión: ¿nos despedimos del vestido o nos lo quedamos? ¡Qué difícil es desprenderse de algo tan querido y especial!
Acá te mostramos distintas alternativas para que resuelvas el dilema en cuestión:

Venderlo

Una opción cada vez más popular es vender tu vestido por Mercado Libre o alguna plataforma similar. También muchas lo publican en su Facebook, mandan mails a sus contactos y, si tienen suerte, encuentran una candidata que quiera adquirirlo. Con este método, la vendedora puede fijar el precio que quiera y quedarse con todo el dinero, aunque es muy difícil encontrar compradoras de esta forma.
Otra opción es llevarlo a alguna de las casas que venden vestidos usados para otras novias, como Estilo Novias o Novias al Garage. De este modo, es probable que el vestido se venda mucho más rápido, pero lo malo es que el precio se fija de común acuerdo entre la dueña y las vendedoras, por lo que puede no ser tan alto como imaginábamos, ya que a ese precio se le agrega (de cara al público) la comisión que cobra el lugar por venderlo.
Los pros: La mejor parte de vender el vestido es que al menos recuperamos un porcentaje del valor que nosotras tuvimos que invertir en él. También, para algunas, es lindo pensar que otra novia tendrá la posibilidad de disfrutarlo al igual que nosotras y no quedará el vestido inutilizado durante el resto de su vida. (¡Ni hablar de que le pasamos el problema de "qué hacer con el vestido después del casamiento" a otra persona!)
Los contras: Lo más probable es que nunca más veamos el vestido ni podamos mostrárselo "en vivo y en directo" a nadie. ¡Ni siquiera a nuestras hijas, si algún día lo quisieran usar!

Guardarlo

Varias novias guardan sus vestidos con la esperanza de que sus descendientes mujeres quieran adaptarlo para su casamiento, o simplemente para tenerlo como recuerdo del día más importante de su vida. Pero hay que asegurarse de guardarlo bien y prolijamente para evitar que se arrugue o se decolore.
Lo primero que hay que hacer es enviar el vestido a una tintorería después del casamiento. Si es especializada en vestidos de novia o recomendada por alguien, mejor. Para asegurarte, lo mejor es preguntarle a tu diseñador o en la tienda donde lo hayas comprado a dónde podés llevarlo. Ellos seguro te van a saber decir.
Una vez limpio, lo ideal es doblarlo (no colgarlo para que no se rasgue la tela) y envolverlo en papel manteca o papel de seda azul. Este papel sirve para absorber la humedad y el color azul no permite que la luz llegue a la prenda, logrando que el color se preserve a lo largo de los años. Ya envuelto en papel, el vestido se guarda en una bolsa bien grande, nueva y limpia y después en una caja de cartón bien firme. Así, nos aseguramos de que el vestido siga tan impecable como el primer día para el resto de nuestras vidas.
Los pros: El vestido queda en nuestro poder y podemos llegar a ver a alguna hija o sobrina nuestra usándolo en el futuro.
Los contras: Puede pasar que lo guardemos toda una vida y, llegado el momento, a nuestras hijas no les guste, o que no tengamos hijas mujeres, o ¡que ellas no se casen! Y el vestido se habrá pasado toda su existencia cajoneado en algún rincón de la casa.

Transformarlo

Para las más valientes, está la opción de teñir, recortar y transformar por completo el vestido. Podés también agregarle algún accesorio, aggiornarlo para otra ocasión, etc. De este modo, se puede seguir usando un vestido con una base de excelente confección y por el que pagamos (generalmente) un alto precio.
Los pros: Tendremos un vestido que podremos seguir usando en otras ocasiones y que está hecho a medida para nosotras.
Los contras: Una vez acortado o teñido, ¡no hay vuelta atrás! El vestido de novia como lo conocimos dejará de existir y no lo podrá usar ninguna hija o sobrina como tal.

Prestarlo

Siempre podemos prestarle el vestido a una amiga, prima o conocida que se case después de nosotras. Eso sí, hay que aclararle que es un préstamo ¡para que nos lo devuelva!
Conozco un vestido que fue usado sin mayores transformaciones por cuatro novias en un lapso de dos años.
Los pros: Se le da una utilidad mayor al vestido, que es disfrutado por otras mujeres y, además, vuelve a nosotras para que lo conservemos.
Los contras: A pesar de que lo use otra persona, no recuperamos parte de la inversión, ya que es solamente un préstamo. A menos que decidamos alquilárselo, cosa que no es muy usual, pero todo depende de la relación que tengamos con la segunda usadora.
¿Qué hiciste con tu vestido de novia? ¿O qué pensás hacer cuando te cases?

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