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Violencia social: ¿vivimos en una sociedad cada vez más violenta?

Anoche intentaron asesinar a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. La escalada de violencia no se detiene. ¿Cómo cortar con el discurso de odio, que genera más odio?


El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

El 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer  - Créditos: Getty



El intento de magnicidio contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner es un acto de violencia extremo, en medio de un contexto de violencia social que fue en escalada en los últimos tiempos. Discursos de odio que desparramaron más odio.

Intentamos detenernos un momento a reflexionar sobre ¿por qué vivimos en una sociedad cada vez más violenta? ¿Cómo frenamos esta violencia?

Consultamos a profesionales de la salud mental que –aún en estado de consternación– procuran acercarnos sus miradas a modo de herramientas, guías para que la tristeza y la incertidumbre que vivimos en lo personal y como sociedad resulte menos dañina.

Paula Mayorga: “Busquemos la paz social”

Creo que necesitamos frenar la impulsividad. Tener consciencia de que las violencias se arman sobre pequeños gestos de microviolencias y, con esa certeza, no avanzar por ese camino. Todos tenemos que apaciguar desde nuestro lugar. Cuando un ambiente está sensible tenemos que ser muy conscientes de los disparadores: una palabra, un gesto, un posteo. ¿A qué abona? Por el contrario: ¿Hoy hice algo para la paz?

Estamos en un momento de "pensamiento emocional". Parece pensamiento, pero no es. El pensamiento viene a racionalizar una emoción. Es una época en la que hay que tratar de dudar de nuestros pensamientos como si fueran libres.

Porque el intento de magnicidio contra la vicepresidenta parece la dinámica del quién empezó: ¿la Justicia? ¿la corrupción? ¿las marchas? Y, en realidad, la gran pregunta debería ser: ¿Quién la termina?

Andrea Aghazarian, psicoanalista: “¿Dónde están los límites del odio?

Anunció Sigmund Freud: ‘Se empieza cediendo en las palabras y se termina cediendo en las cosas’. Esto nos lleva a pensar que todo lo que se manifiesta con el lenguaje, palabras, imágenes, gestos de odio deben ser sancionados previamente desde un marco institucional, en colegios, medios masivos de comunicación, instituciones estatales y privadas, etc.

Un crimen de odio es la consecuencia ‘en acto’ del discurso de odio. Los discursos tienen de forma intrínseca una pedagogía del odio, es decir, que enseñan, intentan justificarlo e incluso invierten, cual discurso del psicópata, la responsabilidad de los actos violentos: no soy yo, es ella, como es el caso de las violencias de género. Así tenemos los femicidios y, ahora, un intento de magnicidio.

Para la población en general, los actos de odio impactan con un mensaje que se ha transgredido todos los límites necesarios para la convivencia en paz. Atendí pacientes que entran en estados de angustia desbordada con los discursos cargados de violencia simbólica, mucho peor es el efecto con los actos de odio. Muchos no pueden dormir, tienen pesadillas asociadas a recuerdos de una historia personal, no tan lejana.

¿Quiénes son los guardianes de la paz? ¿Dónde están los límites del odio? ¿Será una escalada de violencia? Son el tipo de preguntas que surgen en cada uno.

Evitar la escalada de violencia implica poner límites, diferenciando, clarificando y responsabilizando a los autores, tal cual solicitamos los psicólogos en la Justicia en los casos de violencia sexual contra niños y contra las mujeres. No es resignando la verdad que las personas encuentran cierta paz interior y la sensación de que se ha hecho justicia. Es con la verdad y con la justicia: de otra manera se apodera el terror y podría existir la posibilidad de una escalada.

Federico Gómez, psicólogo: “Necesitamos habilitar espacios diversos”

En la actualidad el discurso del poder hegemónico retoma y reactualiza desde lo mediático símbolos y representaciones del imaginario colectivo, construye nuevos símbolos y mitos que actúan como reforzadores de los prejuicios latentes de la sociedad, con el fin de recortar un sujeto social negativamente diferente en donde se proyectan los aspectos abyectos de la sociedad.

Con la sociedad así polarizada, solo quedan dos opciones, pertenecer al campo de ‘los iguales’, claramente distintos cualitativamente de los otros. Una alteridad que nos expone a una sensación de inseguridad constante frente a la presencia de un otro como amenaza, que nos angustia, nos da miedo.

El mayor peligro radica cuando este ‘no ser como yo’ se transforma directamente en un ‘no debes ser’ y, a partir de allí, como la violencia queda expresada en ideas, imágenes, discursos que se potencian pueden desembocar en conductas violencias que afectan la integridad psicofísica de las personas.

La violencia inherente a los discursos de odio, si bien puede paralizarnos en un primer momento, más que atomizarnos deberían actuar a modo de brújula e indicarnos la dirección hacia la cual deberíamos desplegar nuestra mirada con el fin de recrear alianzas, discursos y prácticas que habiliten espacios diversos en donde alojar la diferencia sea posible.

Malena Manzato, psicóloga social: “Debemos esforzarnos por cesar el clima de odio”

El atentado criminal a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner debe llevarnos a desinstalar el discurso de odio que las redes sociales y los medios de comunicación repiten constantemente, lo que influye en el discurso social. Las noticias falsas, la desacreditación de quienes nos representan políticamente hacen espejos en personas que creen que pueden tomar justicia por mano propia.

¿Cómo frenar esta escalada? Ejerciendo "Parresia" (decirlo todo), porque decir la verdad es un acto político. Ya Michel Foucault hablaba "del coraje de decir la verdad".  Se trata de defender la democracia, este ataque fragiliza la estructura social.

Coordino grupos de hombres que ejercen violencia de género, una tarea que apunta a la erradicación de todo tipo de arrasamiento a la subjetividad de las personas. Toda la sociedad debe esforzarse en cesar el clima de odio que convoca a la barbarización de la convivencia.

Alejandro Viedma: “Tenemos que retornar a la afectividad”

Trabajo con personas LGBTIQ+, por eso, a la pregunta de cómo frenar esta escalada de violencia traigo un ejemplo de ese colectivo que, al igual que las mujeres, lamentablemente están acostumbrados a los discursos de odio y las violencias. Las agresiones, los ataques simbólicos y físicos aún están muy cercanos. Pero aprendimos desde y con los Derechos Humanos que, vía lazos amorosos, reparatorios y saludables, la comunidad puede seguir con sueños, proyectos, luchas y defensas comunes para conjuntamente construir bienestar. 

Me parece que hoy como sociedad tenemos que retornar a la afectividad, que implica desarrollar capacidades de solidaridad, empatía ante expresiones de emociones, como para protegerse de representaciones sociales negativas, respecto fundamentalmente a las feminidades y a las personas no cis-hetero-normativas.  

El odio hace mal a uno, a todos: enferma psíquica y orgánicamente. Y frenarlo es responsabilidad de cada individuo y, también, social. Un modo de lograrlo es respetando a la otredad, las diferencias. Sin dejar de tener en cuenta que la libertad de expresión no significa decir y hacer lo que a uno se le ocurra desde la ira; el maltrato, la descalificación no deberían ser parte de la democracia. El límite es cuando las palabras o acciones expresan cuestiones que son anti-derechos. 

Ricardo Corral, médico psiquiatra: “No estamos respetando al prójimo”

No estamos respetando al prójimo. Se habla mucho, en todos los niveles, de no discriminar por raza, por religión, y es importante haber avanzado en eso, pero estamos discriminando desde el punto de vista político al que piensa diferente.

Los partidos de todos los colores favorecen de manera vertical algo que se da transversalmente en la sociedad. En cada uno de esos estratos sociales se fomenta la discriminación por las ideas, porque al otro no se lo ve como un par, como algo humano. Aparece esto de que mis ideas son las verdaderas y el otro está equivocado y termina siendo el enemigo. Al plantear eso se genera el odio hacia el otro.

En nuestro querido país viene pasando esto de las peleas entre amistades, separaciones familiares por un tema ideológico y, en realidad, es porque no estamos respetando al otro. El concepto fundamental es eso: no respetamos al otro ser humano que tiene ideas diferentes a las mías. ¿Por qué tendría que eliminar al otro que piensa distinto? No hay problema con que tenga ideas distintas a las mías. Tenemos que promocionar la salud mental: el tema es el bien común, el bienestar de todas las personas.

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