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Volver al trabajo después de ser mamá

¿Se puede criar un bebé con calidad y ser una mujer laboralmente exitosa? Aquí, nuestra colaboradora y madre primeriza te devela algunos trucos que a ella le sirvieron





Nada de lo que te puedan decir te prepara para la maternidad. "Dormí mucho, aprovechá ahora." "No vas a tener tiempo ni de bañarte." "¿Cómo vas a hacer con el trabajo?" "Vas a necesitar ayuda todo el día, ponete alguien con cama."
Como estuve nueve meses escuchando de todo (muuuuchasss pavadas, obvio), no pretendo que nada de lo que digo se tome como una verdad absoluta, ni siquiera como una relativa. Hay miles de formas de experimentar la maternidad, y creo que el secreto para sobrevivir siendo una MAM (Madre Argentina Moderna) y no morir en el intento es saber que cada experiencia es única. Que nada de lo que digan se iguala a la realidad. Que lo más importante es escucharse y respetarse. Por eso, lo que viene a continuación es un humilde testimonio, más que un manual de supervivencia.
Bueno, aquí vamos, y voy a tratar de "organizarme" ("organización": ¡ja!, recuerden que es una de las palabras más complejas para este nuevo mundo de pañales y teta).

Hola, Señora Mamá

Para mí, la maternidad es y fue un tsunami emocional. Es algo que te revuelca, te embarra, te da vuelta, te arrasa y, si sobrevivís, te deja patitas para arriba y con el corazón en la mano. Una se convierte en mamá y queda despojada, desnuda ("en bolas") ante ese nuevo ser y ante el mundo, que, aunque sigue siendo el mismo, es percibido por una madre primeriza como más acelerado, egoísta y salvaje.
Por ejemplo, yo era una mujer decidida, segura e independiente. Desde que nació Ulises, hace seis meses, me transformé en una miedosa compulsiva a la que le cuesta tomar cualquier decisión. ¿Huevito o mochila? ¿Manejo o taxi? ¿Descalzo o con medias? Pero ¿eso está mal?
Al principio me angustié y después me di cuenta de que estaba buenísimo hacer un stop conmigo misma y replantearme las cosas de nuevo. Ser una Señora Mamá implica tomar decisiones por uno y por el otro (desde las más pequeñas, como cuántos cambios de ropa llevarle al bebé a la plaza, hasta los de raíz, entre ellos, cómo le vamos a mostrar y explicar el mundo). Y sí, eso requiere más tiempo para pensar. ¡Bienvenido!

¿Y yo quién era?

Yo me machaqué todo el embarazo con la Biblia de Laura Gutman (recomiendo, ampliamente, las lecturas de sus libros y también no volverse fundamentalista, tomar lo que uno necesita y descartar el resto, alejar las culpas y hacer lo que a una le sale, lo mejor que eso sea; si no, los "estándares de mamá perfecta" te corroen el alma).
Bueno, resulta que lo de la fusión mamá-bebé es muy cierto, necesario y sagrado. Y una ya no se acuerda mucho de qué era antes de eso. Y el "afuera", sobre todo el marido, el padre de la criatura, un poco reclama a la chica de antes (a la Mujer Maravilla que supimos ser) que trabajaba, se vestía divina, traía dinero y alegría al hogar, inventaba programas, hacía reiki, terapia, yoga, masajes, danza y hasta macramé, y todavía, a la noche, le daban ganas de ser medio geisha y cocinar un pescadito al horno.
Ahora hay una mamá full time, que se olvidó de lo que es la lencería íntima (todo se reduce a corpiños que sirvan para amamantar y bombachas que agarren las carnes), de cómo andaba el horno, y sólo sabe que se levanta cada tres horas para dar teta… Cosa que hace que, básicamente, una viva adormecida y bostezando todo el día.


¡Volver a trabajar!

La mayoría de las mamás que conozco no queremos dejar de trabajar ni podemos darnos el lujo de dejar de hacerlo. Por ende, es fundamental pensar en cómo lidiar con una maternidad presente y un trabajo que nos dignifique. En mi caso, yo venía desde hacía mucho tiempo planeando mi Plan Maternal. Por eso, antes de empezar a buscar un bebé, ya sabía que quería disponer de mi tiempo lo más posible. Armé mi propio emprendimiento con una socia-amiga, lo que me permite organizar de manera más creativa los horarios de trabajo. Y lo agradezco, porque puedo trabajar a full desde casa y estar para cada momento importante de los primeros meses de Ulises. También logré que la mayoría de mis clientes entendieran que rindo igual o más, aunque sea madre y aunque lleve a mi bebé conmigo a algún evento o reunión.

Aprender a decir que no

Amo OHLALÁ! y a las ohlaleras que me llaman y me piden que escriba cosas. Pero, aunque me encanta hacer notas para la revista, ya en dos oportunidades tuve que poner en mi boca esas palabras que tanto miedo me daban: "Perdón, pero no puedo. No puedo irme todo el día al Tigre a hacer un nota". No puedo es, en realidad, "aún no quiero dejar a mi hijo de cuatro meses tantas horas solo, lidiar con el sacaleche y que alguien, aunque sea el papá, le dé una mamadera". Por ahora, no. Da miedo a veces negarse, bajarse de la vorágine del mundo. Pero lo cierto es que Uli sólo es bebé ahora; es un tiempo pequeño y precioso en muchos años de reconocimiento laboral y social, que ya tuve y tendré. Mi prioridad, hoy, son él y su primer año de vida. Tener claro eso allana mucho terreno y saca de raíz los yuyos que están de más (como lo que "deberíamos" hacer en lugar de lo que "queremos y sentimos" hacer) y que atentan contra la fragilidad que tiene una madre primeriza como yo.


Pedir ayuda

Volvemos a la palabra fundamental: "organización". Toda supervivencia en los primeros meses de vida de un bebé depende de la ayuda que podamos recibir. En mi caso, estoy bendecida con Blasi, que viene todos los días hasta las cuatro de la tarde y es un sol. Le canta, le juega, lo abraza, y todo como yo lo haría. No tengo más que palabras de agradecimiento. Y, como yo estoy en casa, fluimos armoniosamente entre mis dedos tecleando en la Mac con nanas de fondo, el Blackberry que suena, los cantos de Blasi, la teta religiosa y las risas que me regala Ulises todas las veces que hago un stop para hacerle gestos ridículos. Y a las cuatro de la tarde, casi todos los días, dejo el laburo hasta donde haya llegado y me voy a caminar o a la plaza con mi hijo. A las seis, puedo retomar el laburo un rato, ya que a Uli le toca baño y juego con el papá. Y si me faltó hacer algo, cuando a las ocho cae rendido, sigo. Y cuando hay eventos o doctores, pido socorro a las abuelas. Así voy, tejiendo día a día la trama de mi vida.


Vivir el momento presente

Uno de los grandes aprendizajes con los bebés es que te obligan a vivir el aquí y ahora, constantemente. Así que aprovecho esta meditación en movimiento y no enrosco mi cabeza planificando mucho. Vivo día a día y me "organizo" como puedo. No pienso más allá. Lo que no llegué a hacer lo anoto en mi agenda como un pendiente. Desde ya, depilarse, teñirse, hacer yoga y ordenar el placard son actividades que hay que ir mechando en medio de toda la rutina baby-trabajo; pero si una no se desespera, no se ahoga, se va haciendo. Y si hay un día de caos (que los hay, y muchos), hago como mi hijo: lloro, pataleo, me doy un baño y me duermo. Al otro día, mejor dicho, a las tres horas, me levanto sonriendo como si nada.
Una mujer muy sabia que conozco dice que los bebés son como pequeños budas. Coincido. Si nos conectamos y junto con ellos vamos redescubriendo el mundo a cada instante, la vida se vuelve más lúdica, más simple y emocionante. Y el trabajo y las exigencias se integran de manera armoniosa.
¿Sos mamá y trabajás? ¿Cómo hiciste para organizarte? Contanos tu experiencia.
Por Nuria Docampo Feijóo

Fotos de Paula Teller

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