• SEXO

¿Cuáles son las excusas por las cuales algunos hombres no quieren usar preservativo?

El uso de preservativo nunca pasa de moda. Pero sí encontrás resistencias y argumentos durante la previa. Te damos no solo buenos motivos, sino datos y herramientas para cuidarte. Hoy es el Día Mundial del Preservativo.


Día Mundial de la Salud Sexual: cómo cuidarnos

Día Mundial de la Salud Sexual: cómo cuidarnos - Créditos: Archivo



Los que crecimos durante los 90 miramos aterradas la propagación del VIH y, como el tema estaba en agenda, era más fácil terminar hablando, de refilón, de otras enfermedades sexuales.

A medida que la ciencia fue tomando el control de este virus, equivocadamente, se generó la percepción de que el uso del preservativo ya no era tan indispensable. Sin embargo, lo sigue siendo. Porque las ITS (infecciones de transmisión sexual) siguen existiendo, y son mucho más comunes de lo que creemos. Hoy es el Día Mundial del Preservativo, un buen momento para hablar y tomar conciencia de esto.

¿Te pasa que, en el momento de ponerse el preservativo, muchos hombres empiezan con ciertas evasivas o excusas para no usarlo? Hay que actuar con la cabeza fría, a pesar de la calentura del momento: esto también es parte de lo que llamamos “responsabilidad afectiva”. Así que si pensás que tener una cajita de preservativos en tu mesita de luz es vintage, acordate de que cuidarte nunca pasa de moda.

Las excusas (y cómo responderlas)

  • “No siento nada”

    ¿Qué hay de cierto en semejante afirmación? Casi nada. Este pretexto, sin embargo, es de lo más usual. Dicen los expertos que este es un mito que se arraiga con fuerza en el mismísimo momento en que se comienza a aprender sobre el uso de los preservativos. Podría desmentirse de una forma muy didáctica: probando tocar, con un dedo, a través del látex, diferentes texturas como terciopelo, una lija o un limón. Si lo hacés vos, o se lo hacés hacer, van a darse cuenta de que el látex no es un impedimento para identificar las sensaciones. Y estará todo dicho.

  • “Se me baja”

    Esto no necesariamente es chamuyo. La erección puede bajarse por tantas razones como hombres hay en el planeta. Pero incluso si el cerebro hace una mala asociación de ideas, hasta el sexo seguro puede ser una razón. Este caso requiere un cambio de hábito profundo por parte del hombre y, para eso, la motivación será clave. Que él entienda lo conveniente de reeducarse es el primer paso. El segundo, algunos ejercicios como masturbarse con el condón puesto para que, poco a poco, ya ni note su presencia. De tu parte, podés ponerle onda para integrar la colocación del preservativo al juego sexual y que no sea un momento “cortamambo”.

  • “Me aprieta”

    Esto es únicamente cierto cuando se está equivocando de talle. Los preservativos deben quedar pegados, sí, pero no apretados. Algunas marcas (como Durex o Mysize) traen varios talles. Estos últimos ofrecen 7 medidas de ancho (desde 47 hasta 69 mm). El sitio web de la marca ofrece una regla imprimible para que él sepa exacto cuál es su circunferencia.

  • “Soy alérgico al látex”

    Esto puede ser cierto, pero, de ser así, la manifestación no se reducirá solo a lo sexual. El látex está presente en muchas cosas con las que estamos en contacto en la vida cotidiana: guantes, globos, antiparras, juguetes de niños, chupetes e, incluso, en ropa. En caso de que alguien sea realmente alérgico al látex, de todas formas, puede usar preservativos de poliisopreno. Prime, por ejemplo, los ofrece en su línea Skyn.

  • “Quiero sentirte más”

    Muchos amantes flashean con el piel a piel, con compartir fluidos y con sentirse más cerca teniendo sexo, como se dice vulgarmente, “a pelo”. Como cualquier fantasía, esta también es válida si es compartida y ambos están dispuestos a asumir los riesgos. De ser así, es recomendable que te hagas un chequeo al poco tiempo de haberte expuesto. Muchas enfermedades de transmisión sexual son silenciosas pero no por eso menos complejas y siempre es mejor atajarlas a tiempo. Recordá, además, que el método de “acabar afuera” es el más inseguro para prevenir embarazos.

  • “Soy súper selectivo de las personas con las que me acuesto”

    Nadie, por más selectivo que sea, tiene garantías de mantenerse limpio de enfermedades venéreas, porque no existen, “a ojo”, señales que nos puedan hacer sospechar de la historia clínica del otro. Tampoco hay un tipo de persona cuyo estilo de vida dé señales de estar más limpio que otro. Los prejuicios como método de prevención fallan totalmente.

  • “Solo no uso forro con vos” o “No me acuesto con nadie más”

    Incomprobable. Simplemente incomprobable. Seguramente te consterne saber que la mayoría de las mujeres heterosexuales que padecen VIH se contagian a través de sus compañeros sexuales estables y se enteran en momentos como el embarazo. La monogamia es una expresión de deseo muy linda, pero si querés tener control de tu salud, por más amor y confianza que haya, la única herramienta imbatible es el forro.

¿Por qué lo necesitamos?

  • El VIH sigue siendo una enfermedad grave. Según datos del Ministerio de Salud, el 30% de las personas que tienen el virus se enteran en un estadio avanzado de la enfermedad, un momento en el que es más difícil controlarla. Se trata de personas con vida sexual activa.
  • Existen más de 200 tipos de VPH. Muchos son completamente inofensivos y desaparecen solos. Pero 13 tipos de VPH pueden causar cáncer cervical, y 1 de estos tipos también puede provocar cáncer de garganta, de ano, de vulva, de vagina y de pene.
  • Hay enfermedades asintomáticas. La gonorrea y la clamidia son dos afecciones que pueden no presentar síntomas y aún así ser causa de subfertilidad (fertilidad reducida) e infertilidad.
  • Prevenir sífilis. Es una enfermedad que, en casos graves, puede ser causa de daño de órganos internos, ceguera e, incluso, demencia.
  • Evitar el contagio de herpes. ¿Hace falta recordarte lo desagradable que es tener uno?

¿Y si es ella la que no quiere?

Los que saben científicamente sobre el tema aseguran que el placer del “revolcón descapuchado” es más psicológico que real. En las mujeres, el preservativo tampoco reduce el placer. Lo que el preservativo reduce, en todo caso, es otra cosa: el morbo del riesgo, la sensación de caminar por la cornisa haciendo algo que “está mal”, que puede traernos consecuencias inesperadas y cambiarnos la vida. Una ruleta. Inconscientemente, muchas buscamos eso en el sexo: adrenalina, aventura, riesgo. Quizá puedas indagar si este es tu caso y ver cómo podrías sumarle ese condimento al sexo sin poner en riesgo tu salud.

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