En un rincón mágico de Canadá, donde el bosque se encuentra con el mar, Pamela Anderson ha creado su propio paraíso. Lejos del ruido de Hollywood, la actriz vive una nueva etapa dorada desde su casa en Ladysmith, en la isla de Vancouver, Canadá. Allí, en una finca familiar que perteneció a su abuela por más de 30 años, la actriz encontró el equilibrio perfecto entre naturaleza, recuerdos, recetas caseras y diseño consciente.
Ahora bien, de acuerdo a las imágenes que ella comparte en su cuenta de instagram podemos ver cómo es la casa por dentro y qué características tiene. La propiedad, bautizada como Arcadia (en honor al mito griego que celebra la vida simple y armoniosa) se extiende por casi tres hectáreas de bosque con acceso directo a una playa de piedras. Tres viviendas originales conviven en este oasis: The Roadhouse, la cabaña y The Boathouse, todas restauradas con una sensibilidad estética encantadora por la diseñadora Francesca Albertazzi, de Studio Albertazzi.
Si ponemos en boca de su dueña cómo es el estilo de este lugar podemos decir que ella misma la definió como funky grandma’s, una mezcla adorable de vintage, ternura y personalidad. Cada rincón evoca su infancia en la tienda familiar, pero también revela su mirada actual sobre el hogar como refugio emocional.



La casa principal, de 600 m², es un homenaje a la memoria y al diseño con alma. El salón, que alguna vez fue una tienda, conserva una barra de madera artesanal que recuerda el mostrador de golosinas. El papel pintado de colibríes, los zócalos de madera reciclada y las sillas vintage crean una atmósfera de casa de campo francesa, cálida y acogedora. La cocina es amplia y luminosa, y combina madera y piedra blanca con una estufa Wolfe como protagonista. La gran mesa de comedor antigua, con su madera envejecida, invita a largas sobremesas y charlas sinceras. También tenemos que hablar de uno de los espacios más íntimos como lo es el sótano que fue transformado en una sala de estar nostálgica con maletas antiguas, tocadiscos vintage y muebles que cuentan historias. Según Francesla hacedora de esta finca se trata de un rincón donde Pamela se relaja planchando, escuchando vinilos y disfrutando una copa de vino rosado.




Sin embargo, si hay un lugar que resume el espíritu de Arcadia, es el jardín. Con comedor exterior, rosaleda y huerta, este es el verdadero el corazón verde de la finca. Allí, Pamela cultiva sus propias flores y conecta con sus raíces, en un gesto de amor por lo simple y lo auténtico.
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