
La casa
Justo en el límite entre Palermo y Colegiales y a solo unas cuadras del Mercado de las Pulgas, vive la artista plástica Maica González Venzano con su marido y sus dos hijos, León y Milo. Se mudó hace dos años con la intención de reunir en un mismo lugar sus dos pasiones: su familia y sus pinturas. Así, abandonó el taller que tenía junto con algunas amigas y armó en su nuevo hogar un taller donde crea, juega con sus chicos y, además, da clases. Maica dice que lo que más le gusta de la casa es que "es un nido de paz en medio de la ciudad" y cuenta que para decorarla compró mucho usado en MercadoLibre y restauró junto con su marido.

La cocina es pura luz gracias a su puerta ventana que la comunica con el patio. Muebles de madera, lámpara símil ratán (de Mesopotamia) cuadritos y un vajillero espectacular lo hacen el espacio más vivido de la casa. El living está armado en torno a una mesa de madera baja que compraron en sus escapadas al Mercado de las Pulgas, al igual que los tres sillones.
Cuartos

Al fondo del primer piso, luego de atravesar el living y la cocina, te encontrás con el cuarto principal. Tiene un respaldo de madera oscura bien alto y un acolchado al crochet que combina perfecto con los almohadones bordados. A los lados de la cama obvió las mesitas de luz (amuró veladores individuales en cada dintel de la cama) y armó un miniespacio-escritorio justo al lado de la ventana tipo bowindow.
En el segundo piso hay dos ambientes: un cuarto más chico con solo dos camitas para sus hijos y, por otro lado, un playroom bien amplio para que jueguen. Ahí dispuso una mesa baja a la que sumó, por debajo, unos cajones de madera pintados de verde para guardar juguetes. También, un sillón cubierto por una manta hipercolorida (¡y protectora!) que trajo del Norte. En las paredes, muchísimos cuadros de pequeño formato.
El taller

En el entrepiso (justo desde la espera de la escalera que separa el living comedor del playroom del segundo piso), Maica instaló su taller. Es amplio y súper luminoso. En el centro, la protagonista es la mesa de madera maciza que compraron por MercadoLibre y que es comodísima para dar clases. Rodeando la habitación, todo es espacio de guardado. Una biblioteca irregular con libros de arte para inspirarse y una cómoda con cajones, tipo fichero, para tener a mano todos los materiales de trabajo.

En un rinconcito, se armó su escritorio. Un tablón amurado a la pared y una silla con rueditas para la que confeccionó una funda en cuero floreado (¡queda divino!). ¿El detalle? Una ramita de enredadera que viene desde el patio y usa a modo de piolín para colgar, con ganchitos, dibujos de sus hijos.
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